Ese escalador vasco llevaba años escalando en invierno las cascadas de hielo del Circo de Gavarnie y había sido testigo de varios rescates a cargo de los CRS franceses y su helicóptero. Los servicios de socorro en montaña de la diminuta localidad pirenaica no se limitaban a esperar una llamada de auxilio: solían observar las cascadas desde su puesto con potentes prismáticos, atentos a anticipar cualquier emergencia. Aquel día, hace cuatro años, no había más cordadas en el Circo, sumido en un frío silencio. Mientras escalaba, a unos 150 metros del suelo, escuchó un leve zumbido que no supo identificar. Después, se llevó el susto de su vida. “Buenos días”, escuchó en francés “le hablamos desde un dron en prácticas de la policía de montaña. Esperamos que pase un buen día de escalada”. Se escuchó un clic, como si alguien colgase un teléfono y el zumbido se alejó, dejando al escalador confundido. La llegada de los drones a los operativos de rescate en montaña promete optimizar aún más un trabajo sumamente complejo, pero hasta hace apenas unos días, la mayoría de los montañeros desconocían las posibilidades reales de estos aparatos. Un rescate de película en Squamish (Canadá) ha revelado al público su enorme potencial.

Seguir leyendo