Dos años de cruenta guerra entre carteles en Sinaloa ofrecen una terrible lección. La pax narca no es una alternativa porque, cuando el espejismo se diluye, cobra en sangre la simulación. El único camino para la paz es la justicia, no la intervención unilateral, como reclamó en días recientes la presidenta Claudia Sheinbaum en alusión a Estados Unidos, pero tampoco los abrazos obradoristas.

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