Con un respaldo mayoritario, la Cámara de Diputados votó esta tarde el último punto pendiente de la reforma para promover “la gobernabilidad y la representatividad del sistema político”.
Si bien el texto base de esta reforma política ya había sido aprobado por ambas ramas del Congreso, aún faltaba visar una discrepancia en torno a una nueva obligación que tendrán los partidos, que deberán incorporar en sus declaraciones de principios.
“Del mismo modo, (el partido) deberá expresar su condena al establecimiento de un sistema totalitario; al uso de la violencia, propugnarla o incitarla como método de acción política. Asimismo, deberá afirmar su compromiso con la probidad y transparencia de la actividad política”, dice el texto que fue aprobado por el Senado la semana pasada y que fue votado esta tarde por la Cámara, con lo cual la iniciativa quedaría despachada a ley.
Si bien en la comisión mixta, integrada por diputados y senadores, se pulió la redacción, la idea de incluir a los sistemas totalitarios surgió del anterior gobierno. De hecho, fue una indicación firmada por el expresidente Gabriel Boric y los exministros Álvaro Elizalde y Macarena Lobos, que buscaba conciliar diversas propuestas para profundizar las declaraciones de principios.
Por ejemplo, en su paso por el Senado, Matías Walker y Ximena Rincón fueron quienes plantearon la idea de condenar el uso de la violencia. En la Cámara, el diputado Jaime Araya (indep. PPD) propuso incluir el rechazo a la corrupción. Pero la mención a los regímenes totalitarios fue iniciativa de La Moneda.
El objetivo era simplemente tratar de replicar lo que ya dice la Constitución, que ya declara como “inconstitucionales” los partidos que “no respeten los principios básicos del régimen democrático y constitucional, procuren el establecimiento de un sistema totalitario, como asimismo aquellos que hagan uso de la violencia, la propugnen o inciten a ella como método de acción política”.
El problema, según advertían algunos parlamentarios, es que incluir esta obligación en los principios amplía las alternativas de denuncia contra colectividades o militantes que no se ciñan a lo que mandata la ley, de una forma mucho más proactiva, no solo pasiva. Incluso, en el Senado hubo dudas de que ello obligara también a los partidos a tomar distancia de ciertas dictaduras o gobiernos autoritarios extranjeros, desde Cuba hasta la administración salvadoreña de Nayib Bukele.
La definición de totalitario ya es compleja. Según la ciencia política, se trata de una categoría más extrema de una dictadura.
Por ejemplo, la Enciclopedia Británica señala que es una “forma de gobierno que teóricamente no permite ninguna libertad individual” y señala que hoy Corea del Norte es un caso moderno de un sistema totalitario, tal como lo fueron la Alemania nazi de Hitler, la URSS de Stalin o la Italia de Mussolini, a quien le atribuye el origen del término.
Sin embargo, hay ejemplos de dictaduras más actuales que no son consideradas estrictamente totalitarias, pues tienen una categoría menos restrictiva de libertades individuales. Esos sistemas tradicionalmente eran definidos por la academia como regímenes autoritarios. Augusto Pinochet, por ejemplo, autodefinía su gobierno como una “dictablanda”.
Definir la categoría actual de China también es materia de discusión. Aunque el gobierno chino rechaza las calificaciones occidentales, algunos autores plantean que bajo Xi Jinping, con el apoyo de nuevas tecnologías que le han dado mayor control social, ha avanzado hacia un neototalitarismo.
La exministra y politóloga Marcela Ríos, quien ha trabajado durante años como investigadora de sistemas políticos, en particular como oficial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), comentó que en la ciencia política hoy ya no se usa tanto el concepto de totalitarismo.
A modo de ejemplo, mencionó que la ONG Freedom House usa la distinción entre países libres, parcialmente libres y no libres. Agregó que el Instituto V-Dem usa otras cuatro categorías: autocracia cerrada, autocracia electoral, democracia electoral y democracia liberal.
Por lo tanto, advirtió que el concepto de totalitarismo (que ya está en la Constitución y ahora como obligación en la ley) puede generar un tema de interpretación. “El punto es cómo diferenciar. Una cosa es un análisis académico con indicadores verificables y otra es que actores políticos quieran definir a partir de sus preferencias ideológicas qué régimen es totalitario. ¿Quién lo interpreta? ¿Quién define lo que es totalitario? ¿Estamos hablando de un régimen que no tiene elecciones multipartidistas como Corea del Norte o también autoritarismos donde existen elecciones sin competencia real o posibilidad de alternancia como Rusia, El Salvador?”.





