Hace unas semanas, el subsecretario de la Segegob, José Francisco Lagos, decidió hablar con el Presidente José Antonio Kast. Ahí le transmitió su incomodidad con el modelo comunicacional del gobierno.

El episodio añadió un ingrediente adicional a los problemas internos que acumula La Moneda para hacer cuajar su modelo comunicacional, el que ha estado bajo el escrutinio público y del propio sector que ha ido endureciendo el tono.

Sin ir más lejos, la semana pasada la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), elevó las críticas por el modelo comunicacional y político de Palacio.

“Yo no quiero que (Alvarado) siga de Segegob, yo creo que nosotros tenemos un espacio que hay que llenar. Y que lo he dicho con todas sus letras y somos varios los que lo hemos manifestado así. Es decir, creo que al gobierno le falta un vocero o una vocera, da lo mismo, pero le falta alguien que esté todo el día planificando qué comunicar, cómo comunicar”, dijo a Canal 13.

Y añadió: “Al final, acá se requiere de una cirugía mayor (...). Se nota el déficit político, qué duda cabe que se nota en el gabinete”.

Los cuestionamientos a la estrategia del Ejecutivo, en todo caso, vienen de antes. Partieron rápidamente con el complejo aterrizaje de Mara Sedini como ministra de la Segegob, quien dejó el cargo el 19 de mayo, tras el temprano primer ajuste de gabinete. Luego de eso, los reparos continuaron, aunque inicialmente la llegada de Claudio Alvarado (UDI) como biministro del Interior y de la Segegob no generó mayores resistencias. Su experiencia política y su trayectoria en el Congreso hacían pensar que era una autoridad que no requería mayor rodaje para enfrentar a los medios, fijar una posición y transmitirla con claridad.

Sin embargo, con el paso de los meses esa misma fórmula comenzó a mostrar sus costos: la concentración de dos carteras estratégicas en una sola autoridad empezó a tensionar la coordinación y, particularmente, la conducción comunicacional del gobierno. La duplicidad de funciones, insisten, le ha pasado la cuenta.

Lagos fue uno de los más damnificados con el ajuste. El subsecretario tenía con Sedini una relación de confianza y podía incidir en las decisiones. Con Alvarado y su equipo de confianza, por otro lado, la relación ha sido tirante, lo que gatilló su diálogo con el jefe de Estado.

En Palacio son varios los que están al tanto de esa situación. Es más, hay al menos dos versiones que dicen que, en su diálogo con Kast, Lagos le presentó su renuncia y que el presidente le pidió esperar hasta tener un reemplazo.

En paralelo, el biministro Alvarado ha estado moviendo sus piezas. No solo ha tenido que soportar los embates del propio oficialismo, sino que también las tensiones internas.

Hasta ahora, le ha dedicado más tiempo a su rol de jefe de gabinete, mientras que las vocerías han estado en el ojo del huracán. La falta de un modelo, de una autoridad dedicada exclusivamente a las vocerías y el desorden a la hora de comunicar de los ministros del gabinete han sido motivo de críticas.

Consciente de eso, Alvarado se puso manos a la obra y está trabajando junto a Cristián Valenzuela, jefe de Contenidos y Comunicaciones, en ajustes al diseño. Esto, pese a que públicamente en Palacio han dicho que el modelo se mantiene tal cual.

“El Presidente José Antonio Kast le planteó al país un diseño, y mientras él mantenga esa posición, el diseño no va a cambiar”, dijo esta semana, en entrevista con CNN Chile, el subsecretario del Interior, Máximo Pavez.

Y añadió: “La forma en que se ha coordinado la comunicación a través del biministro Claudio Alvarado, en la cual algunos también estamos colaborando, nos ha permitido llegar a la opinión pública con una opinión institucional y sobria”.

Más allá de eso, lo cierto es que Alvarado sí ha avanzado en ajustar su diseño comunicacional. Según quienes saben de las conversaciones de él, con Valenzuela y el presidente, la idea es sistematizar las vocerías. “Darles estructura”, dicen.

Así, se está pensando en tres principales elementos: una vocería de carácter general, que se realice todos los lunes. Actualmente, se hace de forma ocasional a inicios de semana. El objetivo es que sea predecible, con un horario establecido. Esas intervenciones estarán a cargo de Alvarado o Pavez.

En segundo lugar, quieren establecer un sistema más estructurado de vocerías sectoriales. Que tengan su propio lugar físico, día y horario, para que cada secretario de Estado aterrice su agenda. “Una puesta en escena formalizada”, recalcan.

Y, por último, quieren establecer una vocería de “cierre de semana”, que se realice todos los días viernes, con el objetivo de hacer un balance de los avances y proyectar lo que viene. Esa también recaerá en Alvarado o Pavez.

Este modelo apunta a subsanar un déficit que se generó al inicio del gobierno: que quien ejerza la vocería participe de los debates internos que se generan principalmente en el comité político.

Pero una de las modificaciones que quiere hacer Alvarado es el cambio al subsecretario Lagos. Hace semanas que está buscando su reemplazo, según afirman varias fuentes de gobierno. El jefe de gabinete quiere que aterrice una persona que pueda ejercer como jefe de servicio, pero que también tenga más peso político. Esto, para que sus vocerías puedan tener mayor impacto comunicacional.

Que sea hombre o mujer, agregan las mismas versiones, es indiferente, mientras tenga las capacidades. El problema, añaden algunas versiones, es que no hay personeros que hayan mostrado disposición para asumir, debido a que consideran que no tendrían real incidencia en las decisiones, ya que todo radica principalmente en Valenzuela.

Valenzuela en la mira

El director de Comunicaciones y Contenidos de La Moneda, Cristián Valenzuela, tampoco ha estado ajeno a las críticas.

Desde el arranque del gobierno, uno de los cuestionamientos que se le han hecho es el excesivo control que ejerce sobre las comunicaciones de Palacio. En la práctica, dicen quienes conocen el funcionamiento interno, su rol se parece más al de un Secom que al de un jefe de equipo: concentra decisiones, interviene en los mensajes y delega menos de lo que algunos esperaban.

Ese esquema, sin embargo, ha ido cambiando. Desde la salida de Sedini del cuadro comunicacional, Valenzuela ha reducido su intervención directa en las vocerías. El cambio no ha significado, eso sí, que haya dejado de tener un papel central en la definición de la línea comunicacional de La Moneda.

De hecho, en las últimas semanas se han hecho conocidas al interior del gobierno las minutas para el resto de las autoridades que circulan con la “postura del gobierno” frente a determinadas contingencias.

Se trata de documentos que buscan fijar previamente la posición de La Moneda sobre los temas que pueden marcar la agenda y entregar una línea común a las distintas autoridades -y parlamentarios oficialistas- antes de que salgan a hablar.

Factor Kast

Otro rasgo de este período ha sido la alta exposición comunicacional del mandatario, quien ha asumido personalmente buena parte de las vocerías y respuestas políticas.

El diseño le acomoda y le permite marcar directamente la agenda, pero dentro del oficialismo también hay quienes advierten que esa presencia constante termina exponiéndolo más de la cuenta y deja menos espacio para que otras autoridades asuman el costo político de las contingencias.

La fórmula se hizo especialmente visible hace unas semanas, cuando Kast instaló un ciclo de entrevistas radiales para comenzar la semana. Los lunes, desde temprano, el presidente aparecía en distintas emisoras abordando la contingencia y fijando posiciones sobre los temas que marcarían la discusión política de los días siguientes.

La misma lógica se trasladó a Nueva York. Durante su debut ante Naciones Unidas, el mandatario tuvo una agenda particularmente expuesta a los medios: puntos de prensa, entrevistas y declaraciones después de sus actividades durante los cuatro días del viaje.

La gira terminó convirtiéndose en una plataforma para que el presidente hablara directamente sobre la agenda internacional, pero también sobre asuntos de política interna. Su equipo, de hecho, evaluó positivamente esa exposición.

En el entorno presidencial existe una convicción bastante instalada: Kast es, en sí mismo, el mejor vocero de su gobierno. Aunque algunos en el oficialismo discrepan, en Palacio defienden que tiene facilidad para responder preguntas, fijar una posición en pocas palabras y transmitir directamente el énfasis político que quiere instalar. En ese formato -evalúan- se desenvuelve con mayor naturalidad y logra imprimirles un sello personal a los mensajes.

Distinto es su desempeño en formatos más estructurados, como discursos preparados o cadenas nacionales, donde tiene menos margen y su estilo puede resultar más plano.

Frente al rediseño comunicacional que se plantea en La Moneda, la discusión no apunta a sacar al presidente del primer plano. Más bien, a equilibrar cuánto de esa exposición presidencial es funcional a esta nueva estructura y en qué momentos conviene que sean otras autoridades las que tomen la palabra.