El 5 de septiembre de 1972, en el marco de los Juegos Olímpicos de Múnich, Alemania, un grupo terrorista perpetró un atentado contra la delegación israelí, con un saldo de 17 personas muertas. Sobra decir que el suceso consternó a la comunidad internacional y dio motivo al Estado hebreo para emprender sus operaciones de castigo Primavera de Juventud y Cólera de Dios contra los palestinos. Una espiral de violencia que, por desgracia, se reitera en el tiempo presente.
En este contexto se sitúa la novela Septiembre negro (traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona, Anagrama, 2026), del escritor italiano Sandro Veronesi (Florencia, 1959), quien retoma el nombre de los hechos de Múnich para titular y hacer coincidir un drama real con uno ficticio, vinculados por los medios de comunicación de la época y filtrados por comentarios y acciones inmediatas de los personajes.
En Septiembre negro, Sandro Veronesi exhibe los rasgos característicos de su estilo, como son la exploración psicológica, las crisis familiares donde imperan los sentimientos de amor, culpa, abandono y muerte; todo ello desarrollado con los recursos de la ironía, la reflexión y la recuperación de la memoria como acicate para cicatrizar los vacíos temporales que el transcurso de la vida impone.
Septiembre negro es una novela de aprendizaje (Bildungsroman), donde se cuenta la vida de Luigi "Gigio" Bellandi, un muchacho que en 1972 tenía 12 años y que, desde la edad adulta, recupera su pasado en una especie de dualidad de puntos de vista muy oportuna para generar, en los lectores, una serie de hipótesis y expectativas sobre la progresión de la historia. En este sentido, aparece un narrador protagonista (autodiegético), con una focalización situada en él mismo que opera en dos planos: la madurez y la infancia, en donde la memoria y la elaboración de las perspectivas del mundo se entretejen para mostrar el horizonte vital del personaje.
Los rasgos más representativos de este subgénero literario, y que parecen muy similares a Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, de Johann Wolfgang von Goethe, se pueden observar en el proceso de maduración emocional de "Gigio"; la pérdida de la inocencia; la experiencia iniciática del primer amor con Astel Raimondi; el apoyo de figuras formativas, como Ricciotti "Giotti" Birindelli; la ruptura con el mundo de los adultos, en especial con el padre y la madre, Augusto Bellandi y Elizabeth "Betty" O'Nety; la búsqueda de la propia identidad y el abandono de la infancia.
A lo anterior se suman otros dos subgéneros: la novela de memoria, que se caracteriza por su viaje al pasado para iluminar el tiempo presente, y el relato realista, que incorpora sucesos cotidianos, ambientes de época y acontecimientos históricos, como el atentado del "Septiembre Negro" durante los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, sin faltar las crónicas deportivas, la música, la urbanización impulsada por el turismo, entre otros elementos.
Septiembre negro es una novela muy recomendable para las y los jóvenes lectores, por el manejo de la historia, no exenta de conflictos y suspensos, que mantienen el interés hasta las últimas páginas. También, las y los jóvenes, podrán avivar las experiencias vicarias amorosas, amistosas y de apertura al mundo. Además, esta novela nos recuerda las obras de Hermann Hesse; El lector, de Bernhard Schlink; David Copperfield, de Charles Dickens; Agostino, de Alberto Moravia, y Los muertos, de James Joyce. En fin, todo un conjunto de libros que podrá disfrutar el desocupado lector si se lo propone.





