Emmanuel Carrère (París, 1957) llegó a nuestro país para comenzar un viaje que abarcará la Ciudad de México y Monterrey. Su primera parada fue un encuentro con la prensa. Relajado, habló de su libro más reciente y uno de los más personales que ha escrito hasta la fecha. Se trata de Koljós (Anagrama, 2026), donde en apenas 400 páginas trazó la genealogía de su familia —a partir de la revisión de archivos, cartas y fotografías—, una historia personal que se entrelaza con la historia de Europa.
Este libro lo empezó Carrère tras el fallecimiento de su madre, en 2023, Hélène Carrère d’Encausse, quien fue una de las máximas especialistas en Francia en el campo de la historia rusa, miembro del parlamento, galardonada con la Gran Cruz de la Legión de Honor y quien fue despedida en un funeral de Estado al que asistió el presidente Emmanuel Macron.
“Para mí, este libro marca un cambio”, dice el autor, que reconoce que en general su literatura es muy personal. Pese a la crudeza que caracterizan sus obras —entre ellas Una novela rusa, De vidas ajenas y El adversario— y pese a que parte de una pérdida fuerte, considera que escribir Koljós lo llevó a un lugar de serenidad e incluso alegría.
Ante la pregunta de este diario sobre por qué escribir este libro lo llevó a ese estado, aclara que no se trató que estuviera nadando de felicidad, pero le hizo ver la belleza de una idea que planteó Sigmund Freud:
“El psicoanálisis no existe para hacerlo feliz a usted, sino para transformar la infelicidad neurótica en infelicidad ordinaria. La infelicidad ordinaria es que vamos a tener que morir, que a veces nos enfermamos, que a veces nos separamos de las personas que amamos. La vida es así, no hay nada que hacer. Ninguna vida se puede proteger de eso. Y esa infelicidad ordinaria ni siquiera hay que huir de ella, hay que aceptarlo y asumirla, pero la infelicidad neurótica es una capa adicional, una infelicidad fabricada por nosotros mismos. Creo que uno de los progresos en la vida es reducir un poco la infelicidad neurótica.
Es por ese motivo que Carrère considera que no necesariamente haya sanado algo con la creación de Koljós, sino que apaciguó algo en él.
“Estoy entrando en la vejez con una gran tranquilidad”, afirmó.
Sin embargo, esta serenidad que ha alcanzado el ganador de importantes premios internacionales, como el FIL de Literatura en Lenguas Romances y el Princesa de Asturias de las Letras, no se traduce en una sensación de optimismo por el mundo actual.
Por ejemplo, no puede evitar señalar la rapidez con la que la Inteligencia Artificial no sólo ha evolucionado, sino con la que también ha ido abarcando más espacio en las mentes de las personas. “No tengo idea de qué va a suceder, pero si medimos las ventajas e inconvenientes (de la IA), creo que los inconvenientes son mucho más pesados”, comentó.
Con respecto a la polarización, evidente en temas bélicos como la invasión rusa en Ucrania y el genocidio palestino cometido por Israel, Carrère reflexiona en que los boicots pueden llegar a ser eficaces a nivel económico, pero no en lo cultural, pues él no es partidario de tratar como enemigo a una persona sólo por ser, por ejemplo, de nacionalidad rusa, pero sí “estoy de acuerdo con el boicot contra las personas que en Israel o Rusia son aliadas del gobierno”, sentenció.
A propósito de la actualidad, el escritor se propuso conocer la obra de Anne Carson, reciente ganadora del Nobel de Literatura, pues confesó casi no leer poesía.
Finalmente, Carrère se reconoció como un privilegiado por haber encontrado su vocación en la escritura y dedicarse a ella.
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