Hay un instante cotidiano, casi imperceptible pero profundamente revelador, en las mañanas de nuestras ciudades. Ocurre cuando el primer camión dobla la esquina, rompiendo el descanso con el rugido metálico del diésel y esa nube gris que por décadas hemos aceptado como el costo inevitable del progreso. Sin embargo, en ese mismo aire que respiramos y en el bullicio de nuestras calles, late hoy una promesa distinta. La electromovilidad ha dejado de ser una proyección técnica o un titular de futuro para convertirse en el pálpito de una transformación profunda, necesaria y esperanzadora.

Hablar de electromovilidad no es hablar únicamente de voltios, baterías de litio o infraestructura de carga. Es hablar de la calidad del aire que entra por la ventana de nuestros hijos, del descanso de un trabajador al finalizar su jornada y de la dignidad con la que construimos el espacio común. Justamente en la Asamblea General de la ONU, y la Cumbre de Líderes de Pacto Global, se desarrolla un panel sobre cuidado de la calidad del aire, donde represento a Chile. Porque en nuestro país hemos dado pasos que nos llenan de orgullo. Además de los avances en regulación, planes de descontaminación, monitoreo y transición energética, contamos con una de las flotas de buses eléctricos urbanos más grandes del mundo fuera de China, superando las 4 mil unidades en Santiago, y la venta de vehículos de cero emisiones mantiene un crecimiento sostenido. Pero la gran deuda, el motor que aún clama por redención, está en la logística de carga: en las venas que distribuyen los alimentos, las medicinas y el sustento de todo un país.

Avanzar hacia una logística sostenible es una urgencia moral y estratégica. Recientemente, en un encuentro celebrado en la Residencia de Suecia, cerca de cincuenta líderes del sector público, empresas emblemáticas, gremios y la academia nos reunimos para movilizar, junto a Pacto Global Chile y el Centro Avanzado de Transporte, Logística y Competitividad Económica (CATLEC), las bases de una Estrategia de Negocios para una Logística Sostenible. En ese diálogo donde confluyeron ministerios, la Agencia de Sostenibilidad Energética, empresas como Copec, Enel, Codelco, Scania y tantas otras, comprendimos que el verdadero reto no es sólo tecnológico, sino cultural y afectivo. No basta con desplegar electrolineras o ajustar la regulación; debemos lograr que la logística limpia sea valorada en el alma de cada empresa y en la decisión cotidiana de cada ciudadano.

Chile tiene todas las condiciones para ser un faro global. Poseemos las reservas de litio y cobre que el mundo necesita para descarbonizarse, pero nuestro mayor activo es la voluntad de colaborar. Los desafíos que vienen para los próximos años desde la estandarización de la infraestructura pesada hasta esquemas de transporte multimodal más competitivos, no los resolverá un actor aislado. Requieren una alianza eficaz entre el Estado, la industria y la academia, tal como Suecia nos lo ha enseñado con su historia de compromiso público-privado. La Agenda 2030 y el ODS 11 sobre Ciudades y Comunidades Sostenibles nos recuerdan que la competitividad no puede sostenerse sobre el deterioro del planeta. Debemos hacerlo convencidos de que cada camión silencioso y cada ruta descarbonizada no sólo mueven mercancías, mueven el sueño de un Chile que respirará mejor, un país líder que demuestra que es posible crecer, moviéndonos limpiamente y donde las futuras generaciones lo agradecerán.

Por Margarita Ducci, Directora Ejecutiva Pacto Global Chile, ONU