La intimidad de la escritura y la lectura. Partiendo de la premisa de que “nuestra memoria es al final de cuentas una suma de lo leído y lo vivido”, el escritor mexicano Emiliano Monge (1978) confeccionó En lengua privada”(Random House), título híbrido que define como “un lugar de reposo”, un “remanso para la angustia” y “un diario íntimo”.

Este libro se refiere, más allá de lo que se cuenta en cada relato o ensayo, porque es una mezcla, y de los autores que desfilan en ellos, a cómo concibo la escritura”, comenta en entrevista.

“Es una consciencia de estar escribiendo y al mismo tiempo estar diciendo lo que implica para mí la escritura en el momento en que escribí los textos. Buscaba que el narrador de cada uno fuera el escritor de ese entonces.

Es decir, cómo era mi voz hace cinco o diez años; quise atraparla y narrar con ella y, al mismo tiempo, enunciar lo que es la construcción de la escritura, de un lenguaje propio”, afirma.

El novelista y cuentista dice que encontró “esa lengua privada con la que yo me relaciono con la escritura y la lectura. El yo lector y el yo escritor, esa mezcla forman el lenguaje privado. Tenemos un lenguaje con el que nos reconocemos y nos comunicamos con los demás.

La escritura es un lenguaje distinto, pues se crea mientras escribes, combates con él, luchas con él y tratas de aportar algo, meterte en su territorio”, detalla.

Sobre cómo define su lengua privada, señala que en cada libro cambia mucho la escritura, porque se modifica el narrador. “Siempre parto de un narrador-personaje que sea diferente del autor. A veces hago un fraseo largo, otras uno corto. Y en este varía según los textos. Es una escritura más directa. Hay una suerte de desnudez de la prosa.

Hay algunos escritores que aceptan el reto de tener un lenguaje propio, y hay otros que escriben con el lenguaje de la cotidianidad. Los primeros están construyendo una poética”, indica.

El también editor explica que escribió En lengua privada entre dos novelas, cuando se sentía extraviado. “Era como un lugar de reposo, de un diálogo distinto con la literatura. Era como terminar con temas que se habían quedado pendientes, pero también abrir tópicos que sabía que nunca llegarán a las novelas.

“Algunas formas de la violencia, las relaciones familiares. Darles una despedida a ciertas maneras de escribir, estructuras y a algunos narradores. Era como un espacio de intimidad con la escritura que no había en los demás libros”, agrega.

Politólogo de profesión, Monge añade que este título le funcionó como un diario de escritura y de lectura.

Siempre quise tener diarios y nunca pude, aunque lo intentaba. Me compraba libretas y lo dejaba después de dos días de anotar cosas. Aquí recuerdo qué estaba leyendo en ese momento, qué autores, quiénes me acompañaban”.

Destaca que lo importante de En lengua privada “es cómo nuestra personalidad está construida por las personalidades de los personajes y de los escritores que leemos. Ética y memoria están llenas de estas experiencias. Se trata de encontrar cómo funciona ese vínculo.

“Es una manera de curar el malestar que me genera la no escritura. Son relatos a los que puedo volver. Escribir es un combate cotidiano que genera mucha inseguridad e insatisfacción, porque todo el día estás peleando contra tus límites y tus incapacidades”, dice.

Aclara que es un libro inacabado. “Voy a seguir trabajándolo, esta es la mitad de los relatos. Cuando escribo no pienso en el lector. El único lector que concibo es el lenguaje, porque con él te peleas durante la escritura. Pienso más en cómo se cuenta que en qué se cuenta. Disfruté mucho escribirlo”.

Voy a seguir trabajándolo, esta es la mitad de los relatos. Cuando escribo no pienso en el lector. El único lector que concibo es el lenguaje, porque con él te peleas durante la escritura. Pienso más en cómo se cuenta que en qué se cuenta. Disfruté mucho escribirlo”.

El autor de las novelas Las tierras arrasadas, No contar todo y Los vivos adelanta que está escribiendo una obra que le llevará mucho tiempo.

Tiene que ver con la migración de una planta, una enredadera, de Asia hacia América a finales del siglo XVII; y las guerras que se desataron en torno a esta migración”.