Para el senador Manuel Velasco, del Partido Verde, hay un solo personaje a considerar en lo que resta del actual sexenio: Omar García Harfuch, a quien acaba de llamar “el Pedro Infante de la política”, en lo que prácticamente fue un destape a la priista.
Para el periodista Jorge Zepeda Patterson solo hay dos figuras este sexenio, y ninguna otra: el mencionado García Harfuch y Marcelo Ebrard.
Dice Zepeda este jueves 8 de octubre que “la delantera de los dos punteros es enorme” y que cualquier otro integrante del gabinete está “a años luz” de su visibilidad.
Años luz es una distancia prácticamente imposible de acortar en una carrera política. ¿Nadie hará sombra a García Harfuch y Ebrard? No estoy tan seguro. Faltan cuatro años y todo puede pasar.
Al leer en Milenio a Zepeda Patterson pensé en el ciclista español Enric Mas. Antes de la Vuelta a España de 2026 no solo estaba “a años luz” de los favoritos —sobre todo del aparentemente invencible Tadej Pogačar—. Había algo todavía más frustrante para él: desde hacía años muchos aficionados y especialistas prácticamente habían dejado de esperar que Enric consiguiera el gran triunfo que había prometido desde su debut.
Este ciclista había sido una enorme esperanza del ciclismo español. Segundo en la Vuelta de 2018 con apenas 23 años de edad, parecía destinado a ganar una gran vuelta. Volvió a ser segundo en 2021 y 2022, pero los años pasaron y el gran triunfo nunca llegó. Ni en la Vuelta a España ni en el Tour de Francia; tampoco en el Giro de Italia. Para quienes habían esperado tanto de él, era una gran decepción.
Llegó la Vuelta a España de 2026 y Enric Mas no figuraba entre los cinco grandes favoritos de las crónicas especializadas. El favorito absoluto era el esloveno Tadej Pogačar. Detrás aparecían otros cuatro: su compatriota Primož Roglič, cuatro veces ganador de la Vuelta; el ecuatoriano Richard Carapaz; el austríaco Felix Gall, y el danés Mattias Skjelmose.
Enric Mas estaba “a años luz” de los favoritos…
Empezó la Vuelta y ocurrió exactamente lo que se esperaba: Pogačar tomó el liderato desde la etapa inicial y comenzó a construir una ventaja enorme. En la primera semana se puso, ahora sí, a una distancia que parecía imposible de remontar para el resto de los competidores. “A años luz” del resto de competidores, pues.
Todo indicaba que la carrera tenía dueño. Pero…
En la octava de 21 etapas, Pogačar se cayó, sufrió fracturas y no solo abandonó la Vuelta, sino que puso fin a toda su temporada. Se quedó sin Mundial y sin las demás competencias que todavía tenía programadas para 2026.
No deseo, evidentemente, ninguna caída a García Harfuch ni a Ebrard. Pero las caídas políticas ocurren todo el tiempo: una crisis mal manejada, un colaborador que comete una barbaridad, una investigación inesperada, una ruptura dentro del movimiento, una derrota que modifica percepciones, una decisión presidencial que cambia los equilibrios, una crisis internacional o simplemente el desgaste de permanecer durante años bajo los reflectores.
La enseñanza de la Vuelta a España de 2026 no está solamente en la caída de Pogačar. Está en el resurgimiento de Enric Mas, a quien muchos especialistas y aficionados consideraban prácticamente acabado.
Cuando cayó el favorito, apareció un hombre al que casi nadie otorgaba posibilidades de victoria.
El ciclista que había decepcionado durante años aprovechó su oportunidad y terminó ganando la Vuelta a España.
Por eso, cuando Jorge Zepeda Patterson dice que García Harfuch y Ebrard llevan una ventaja enorme sobre todos los demás rumbo a 2030, me pregunto: ¿habrá un Enric Mas de Morena?
Puede ser alguien —hombre o mujer— que hoy aparece muy abajo en las encuestas. Un gobernador o una gobernadora sin suficiente conocimiento nacional. Alguien del gabinete al que la comentocracia considera “a años luz”. Inclusive una figura conocida, probada y actualmente descartada porque alguna vez prometió mucho y no terminó de cuajar.
No sabemos quién es. Ese es el punto. Pero por ahí podría andar el Enric Mas que surgirá si los favoritos enfrentan problemas sin solución. Y problemas enfrentarán, ni duda cabe. La política es mucho más compleja y peligrosa que una vuelta ciclista de tres semanas.
Las encuestas de 2026 son una fotografía, no la película que se filmará en 2030. Cuatro años en política son muchísimos kilómetros. Habrá montaña, contrarreloj, escapadas, pinchazos, accidentes y acontecimientos que hoy nadie puede imaginar.
García Harfuch puede ser ahora mismo —y así lo presentan quienes lo consideran el principal favorito— el Pogačar de la carrera sucesoria, y Ebrard el perseguidor más visible. Pero Morena es demasiado grande para afirmar que no existe un Enric Mas, hombre o mujer, en algún lugar del pelotón.
Quizá hasta sea alguien a quien todos conocemos y a quien, precisamente porque ha decepcionado antes, ya nadie voltea a ver.
En política, como en el ciclismo, hasta que se cruza la meta, el líder solamente es el líder, no el ganador.
Triunfa quien llega en primer lugar, haya estado o no entre los favoritos.





