Podría ser el apartamento de un estudiante universitario o la prisión domiciliaria de un hombre septuagenario. Mide unos 35 metros cuadrados. Tiene una cama matrimonial, dos sillones que dan a una TV, un escritorio, una cocineta, un baño. Hay que caminar bordeándolo todo, entre figuras de acción coleccionables —sobre todo de Star Wars—, retratos de su familia, pósters —de Batman, de los Beatles—, revistas, un juego de dardos, las mil cositas que se acumulan a lo largo de una vida. Ernesto Ruffo, de 74 años, vive desde 2012 en este piso que le construyeron sus padres en la parte trasera de la casa familiar tras concluir la universidad, hace ya unas décadas. “No se necesita más para vivir”, justifica el exgobernador de Baja California (1989-1995).









