SEÑOR DIRECTOR:
Hace una semana Carlos Alcaraz se coronó con contundencia bicampeón del ATP 500 de Tokio. Venía de una semifinal muy irregular, en la que los errores no forzados y una lesión de la que recién se recuperaba casi le cuestan el pase a la final. Aun así, supo sobreponerse y terminó levantando el triunfo, porque nunca perdió el mando de su juego.
El partido de la Ley de Presupuestos 2027, en cambio, comienza un set abajo, producto de errores no forzados, varios de ellos derechamente evitables, que podrían costarle caro al gobierno.
Y es que, si no se logra una conducción clara, con un mando central fortalecido, mañana el error no forzado no serán computadores que eventualmente no se entreguen, sino un problema de liderazgo que comprometa las metas que el propio gobierno se ha fijado. Entonces no se podrá culpar al rival: si el gobierno no logra ordenar, estabilizar e imponer su juego, la derrota no se medirá en puntos en las encuestas, sino que la sentirán millones de chilenos.
Gael Fernández Salgado





