La Corte de Apelaciones de Santiago se vio envuelta en una nueva polémica, esta vez por un relator que de forma imprudente dejó pegada una instrucción para la inteligencia artificial (IA) en una resolución de una causa civil.
El bochorno tiene a un protagonista, el relator suplente de la Novena Sala del tribunal de alzada capitalino Felipe Larraín.
El contexto es la sentencia de esa sala -del tipo “vistos se confirma”- despachada este martes 6 de octubre -que preside la ministra Jenny Book- con la que se confirmó el rechazo al incidente de abandono del procedimiento de una causa ventilada en el 11° Juzgado Civil de Santiago.
La sentencia fue firmada por la ministra Book, el ministro (s) Christian Carvajal y la abogada integrante Francisca Amigo.
Sin embargo el problema se produjo en las primeras dos páginas de dicha resolución ya que a Larraín se le quedó pegada por error una instrucción tipo para redactar una sentencia de un recurso de amparo que nada tenía que ver con el asunto civil resuelto por la sala.
El error activó a la ministra Book quien al ser informada del revuelo que estaba causando la resolución revisó la situación. Lo primero que hizo fue aclarar que la instrucción de IA que se coló no es parte de la resolución, tampoco cumple con los requisitos de un fallo y tampoco tiene que ver con la causa o con otras causas que se vieron ayer.
Junto con eso despejó que el documento de trabajo del relator fue subido por él por error y no fue utilizado por la sala ya que ella, por ejemplo, no utiliza plantillas. Además ordenó rectificar la resolución, lo que quedó despachado durante la tarde.
Book además pidió un informe a Larraín, el que deberá ser evacuado en 24 horas por el relator. Luego, con eso en mano, el pleno de la Corte de Santiago podría tomar alguna decisión disciplinaria, como por ejemplo, abrir un sumario. Esto sin embargo quedará pendiente para la próxima semana ya que el pleno sesiona de manera ordinaria los lunes.
Pese al escándalo, que fue comentario obligado entre judiciales y abogados litigantes, el bochorno que protagonizó Larraín dejó al descubierto un tema de fondo.
Esto debido a que varios judiciales comentan que el problema es que el Poder Judicial no tiene un protocolo claro que regule el uso de IA en la redacción de la parte expositiva de resoluciones o sentencias.
En privado los jueces comentan que este tipo de herramientas son útiles para la parte expositiva de las sentencias, que es donde se resume el recurso en cuestión, las alegaciones de las partes involucradas y las disposiciones legales aplicables. Este acápite es lo que sería lo más automático de una resolución ya que nunca cambia y siempre sigue la misma estructura respecto de los considerandos de hecho y derecho.
El problema es que de la instrucción para la IA del caso en cuestión, hay pistas de que se va más allá de solo lo expositivo, dando instrucciones resolutivas sobre cómo decidir un amparo.
Luego de la parte expositiva, viene la parte resolutiva, que es cuando la sala expone sus argumentos para resolver. Esta es la parte que más importa, el corazón del documento, ya que es donde se exponen los argumentos de los jueces, es decir, la labor jurisdiccional humana que no puede ser reemplazada por la automatización digital.
De hecho el Código de Ética Judicial, aprobado hace poco, expone que “la decisión judicial es siempre una tarea humana y su responsabilidad es indelegable. Ningún sistema automatizado puede sustituir el juicio de quien ejerce jurisdicción ni condicionar su independencia e imparcialidad”.
Sin embargo esta situación dejó el descubierto otro asunto. Si bien se cree que son los ministros quienes redactan sus resoluciones, en realidad -según fuentes judiciales- solo la minoría de los magistrados cumple esta función ya que la mayoría se desentiende de esta labor y deja esto en manos de los relatores, que son quienes finalmente se llevan el grueso del trabajo de redacción.
En el caso de algunas jurisdicciones de cortes de apelaciones, sin embargo, se procura que sean los ministros los que redacten y para eso hay turnos de redacción semanales y los acuerdos se designan a ellos.
Además el proceso de firma, que es el momento cuando los ministros debiesen revisar y ver que todo esté bien para evitar este tipo de bochornos, cada vez se hace de forma más automático ya que se ejecuta con el digitador de sala a través de un módulo masivo en donde se estampan las rúbricas de manera digital sin hacer una revisión mayor documento por documento.
Ahora quedará en manos del pleno la posibilidad de abrir un proceso disciplinario en contra de Larraín.
El abogado, según reportó La Tercera en junio de 2025, hace meses que decidió dejar sus 25 años de ejercicio privado de la profesión -como exsocio de Claro y Cía y exasesor de varios directorios de empresas- para partir una incursión en la carrera judicial. Pese a no ser aún relator titular, estaba ejerciendo una suplencia cuando un pequeño error lo expuso al escrutinio público.





