SEÑOR DIRECTOR:
La Corte Penal Internacional (CPI) nació luego de décadas de esfuerzos de la Comunidad Internacional por construir un sistema permanente, destinado a impedir que los crímenes más graves -genocidio, crímenes de lesa humanidad, agresión y crímenes de guerra- quedaran en la impunidad, o solo fueran perseguidos cuando se trataba de las potencias vencidas. El Estatuto de Roma, que la creó (1998), fue una de las grandes realizaciones del multilateralismo de fines del siglo XX.
El Presidente Trump ha llamado a “renunciar” a la CPI, por ser una “institución deshonesta”. Esta es una presión abierta sobre sus estados partes.
El mismo día, Chile ha adherido al Escudo de las Américas. Esta decisión abre una grave interrogante: ¿Está el Ejecutivo comprometido a denunciar el Estatuto de Roma? De ser efectivo, debe existir un debate abierto, al tenor del art. 54 de la Constitución. Valga recordar que su ratificación tardó más de una década.
Nuestra limitada relevancia geopolítica eleva al multilateralismo como una herramienta esencial para consolidar la existencia de reglas comunes. Adherir a instituciones permanentes de justicia internacional, no es renuncia, sino el ejercicio de nuestra soberanía. No resulta aceptable que, por una imposición externa, se considere renunciar a una institución que encarna valores preciados por Chile.
José Ignacio Escobar
Profesor Derecho Penal Internacional, PUC





