Una de las mejores formas que existen para conectar con una cultura que no es la propia cuando se viaja no sólo es poder ver lugares históricos y visitar museos; la comida local es una de las principales cartas de presentación de cualquier lugar en el mundo.

Sobra decir que hay algunas como la comida mexicana, francesa, italiana o japonesa que se han colocado como las más atractivas por su expansión en el mundo, pero Jesse Burgess, conductor de Al filo: en busca de Estrellas Michelin, sabe que cada país, ciudad o pueblito tiene una joya culinaria por descubrir.

Repetimos territorios como Gran Bretaña e Irlanda. También volvemos a California, porque es enorme y pasan muchísimas cosas allí. Repetimos en los países nórdicos, aunque esta vez nos centramos en Suecia. Pero también hay territorios nuevos: vamos a Alemania, que es muy interesante porque, aunque está muy cerca del Reino Unido, en realidad no sé mucho sobre el país; además, la cocina alemana no es algo que la gente conozca demasiado.

"Fue muy divertido hacerlo, y también vamos a Brasil. Brasil fue muy diferente. Fue emocionante porque una de las historias que seguimos trata sobre el intento de convertirse en el primer restaurante con tres estrellas Michelin de toda América Latina. Así que esa fue una trama realmente apasionante", compartió el conductor con Excélsior sobre la segunda temporada de la serie que estrena mañana.

A diferencia de la primera entrega, en esta ocasión Jesse no sólo fue un observador que jugaba sólo como el vínculo entre aquellos que crean el arte culinario y el público que va siguiendo la trama. No, Burgess fue más allá y se convirtió en un actor que tuvo como reto transmitir cómo sabe o cómo se percibe un platillo.

"Creo que un gran reto fue asegurarme de... estilísticamente las temporadas son diferentes. En la primera mantenía cierta distancia con el chef; comía en el restaurante y aparecía en la ceremonia. En cambio, en esta temporada mostramos mis interacciones con los chefs, los propietarios y cualquier otra persona involucrada. Así que creo que el desafío para mí fue asegurarme de retratar lo mejor posible a estos chefs en los episodios.

Y también al describir la comida; en la primera temporada lo hacía, pero no incluimos mucho de eso. Sin embargo, en esta, al comer en restaurantes con menús de degustación —alta cocina, al fin y al cabo—, a veces las cosas son muy difíciles de explicar. Resulta complicado describir la comida de una manera que resulte cercana y comprensible para todo el mundo, no sólo para los verdaderos amantes de la gastronomía. ¿Cómo explico este tipo de comida? ¿Cómo hago que la explicación suene distinta a la de la comida de otro restaurante? Es un desafío, sí, pero también es lo que me encanta hacer", explicó.

Burgess lleva 12 años dedicándose a viajar y a comer, y siempre le resulta un reto encontrar formas nuevas e ingeniosas de describir la comida a la audiencia; sin embargo, es un desafío que disfruta al máximo, a la vez que comparte la explicación de lo que significa que un lugar cuente con estrellas Michelin.

"En la alta cocina —la de estrellas Michelin— se trata, por naturaleza, de lograr un gran equilibrio entre todos los elementos. Normalmente es un equilibrio perfecto entre grasa, acidez, sal, dulce, ácido, amargor, etcétera, y cuanto más experto eres, mejor se te da equilibrar esos aspectos y jugar con los matices del sabor. Por lo general, lo que describo es cómo me hace sentir el plato, o si el chef ha apostado por jugar con las texturas —o no—, porque no muchos lo hacen.

Trato de describir las cosas de una manera que haga que la gente piense: 'Ah, sí, creo que entiendo a qué te refieres. Más o menos puedo imaginarlo...'. Siempre lo me ha funcionado así porque no soy chef, no tengo años de formación culinaria. Así que describo las cosas de esa forma, sabiendo perfectamente que la mayoría de los espectadores no entenderían nada si empezara a hablar de especias complejas, aromas y técnicas sofisticadas; la gente pensaría: '¿Qué? Ya no sé de qué están hablando'. Se trata simplemente de hacer una descripción universal", dijo.

Y en esa universalidad, la cocina callejera es como la música: todo mundo la puede disfrutar y entender por el hecho de que activa algún tipo de emoción al interior de las personas. Al igual que la música, la comida, sus sabores y olores, también dan forma a los recuerdos de los lugares, las experiencias y las culturas.

"Viajamos para ver paisajes increíbles, monumentos o lugares emblemáticos, pero en gran medida experimentamos un lugar a través de la comida, la bebida y la hospitalidad en general, es algo fundamental. Algo que disfruté mucho al grabar Al filo —y que también disfruto en TopJaw— es ir a esos sitios y probar su comida local, descubrir qué es lo mejor de cada lugar.

"Ya sea cuando voy a Brasil y como ese guiso de frijoles que tanto me encanta. Lo busco aquí en Londres porque extraño el de Brasil, o cuando estoy en Estocolmo y como, incluso cosas sencillas como las albóndigas suecas. Creo que la comida se disfruta más cuando pruebas una gran variedad de platos, si comes de todo y creo que eso es lo que intentamos hacer en la vida y en las introducciones de los videos; me ves comiendo comida callejera o en sitios más locales, restaurantes relajados e informales. Me encantaban esos momentos. Y también lo hacía cuando no estaba grabando", concluyó.