Faltan dos meses para el comienzo de la rendición de la PAES Regular, el 30 de noviembre, 1 y 2 de diciembre. Son poco más de nueve semanas: un plazo suficiente para mejorar la preparación, pero lo bastante acotado como para que cada sesión de estudio empiece a contar. A esta altura, más que intentar abarcarlo todo, el desafío es identificar prioridades, reforzar las brechas y llegar a la prueba con una estrategia ya practicada.

El primer paso es establecer prioridades. Desde el 24 de septiembre está disponible la Oferta Definitiva de Carreras, Vacantes y Ponderaciones para la admisión 2027. Revisar cuánto pesan las distintas pruebas en las carreras y universidades de interés permite distribuir el tiempo con un objetivo más claro: no siempre la asignatura que resulta más difícil es la que tendrá mayor incidencia en el puntaje ponderado.

La información también permite comenzar a trabajar con escenarios. Un postulante interesado en varias carreras puede comparar cuáles son las pruebas obligatorias y electivas que considera cada una, qué porcentaje representa cada factor de selección y dónde un aumento en el puntaje podría tener mayor impacto. No se trata de abandonar las áreas más débiles, sino de evitar una preparación indiferenciada durante las semanas que quedan.

A partir de ahí, una posibilidad es dividir las nueve semanas restantes en etapas. Las primeras pueden destinarse a revisar los temarios oficiales, realizar un diagnóstico e identificar los contenidos que requieren mayor refuerzo. Las semanas intermedias, a trabajar esos vacíos mediante ejercicios y preguntas; y las últimas, a practicar con ensayos, ajustar los tiempos y repasar los errores que todavía se repiten.

Ese diagnóstico tampoco tiene que limitarse a clasificar materias entre “buenas” y “malas”. Puede ser más útil identificar contenidos específicos: operaciones que todavía generan errores en Matemática, tipos de textos que toman demasiado tiempo en Competencia Lectora o unidades de Ciencias e Historia que cuesta aplicar a una pregunta. Mientras más preciso sea el diagnóstico, más fácil resulta decidir qué estudiar durante una sesión.

Más que releer

Sentarse muchas horas frente a los apuntes no garantiza que se esté aprendiendo. La investigación en ciencias del aprendizaje ha mostrado que algunas de las técnicas más utilizadas por los estudiantes producen una fuerte sensación de familiaridad con los contenidos, aunque esa impresión no siempre se traduce en la capacidad de recuperarlos y utilizarlos después.

Una revisión realizada por un equipo de psicólogos cognitivos y educacionales de las universidades de Kent State, Duke, Wisconsin–Madison y Virginia, publicada en Psychological Science in the Public Interest, analizó diez estrategias habituales de estudio. Entre las que encontraron mayor respaldo estaban realizar pruebas de práctica y distribuir el aprendizaje en el tiempo. En cambio, técnicas como releer o subrayar mostraban una utilidad bastante más limitada cuando se utilizaban por sí solas.

Esto no significa que releer sea inútil, sino que conviene combinarlo con estrategias activas. Una de ellas es la práctica de recuperación: cerrar el cuaderno e intentar explicar un contenido con palabras propias, responder preguntas sin mirar las respuestas o resolver un ejercicio sin seguir un ejemplo. El esfuerzo por recordar es precisamente parte del aprendizaje.

Preguntarse “por qué” también ayuda a vincular la información nueva con conocimientos previos. Si el estudiante no logra explicar un concepto o recuperar una idea sin consultar sus apuntes, esa dificultad es una señal más confiable de lo que aún debe reforzar que la impresión de que el contenido “le suena conocido”.

También importa cómo se distribuyen las sesiones. Un metaanálisis publicado en Psychological Bulletin, que reunió 317 experimentos sobre aprendizaje y memoria, encontró ventajas consistentes de distribuir el estudio en el tiempo en lugar de concentrarlo en una sola sesión. Para quienes todavía tienen más de dos meses por delante, esto abre una posibilidad: un contenido estudiado esta semana puede retomarse mediante ejercicios algunos días después y volver a aparecer en un ensayo más adelante.

Ensayar para aprender

La misma lógica se aplica a los ensayos. Su utilidad no se reduce a anticipar un puntaje: también permiten comprobar cuánto se puede resolver sin ayuda, reconocer los errores que se repiten y practicar bajo condiciones similares a las de la prueba.

Existe incluso un efecto bien documentado en psicología cognitiva: recuperar información mediante una prueba puede favorecer su retención posterior. En dos experimentos realizados por los psicólogos Henry L. Roediger III y Jeffrey D. Karpicke, de Washington University in St. Louis, y publicados en Psychological Science, los estudiantes que debieron recordar lo aprendido obtuvieron mejores resultados en pruebas realizadas varios días después que quienes dedicaron ese mismo tiempo simplemente a volver a estudiar el material.

En la preparación para la PAES eso significa que un ensayo puede cumplir dos funciones simultáneas. Por una parte, muestra el estado de avance; por otra, obliga a recuperar conocimientos, elegir procedimientos y aplicarlos en una situación concreta. Pero para que cumpla esa segunda función, el trabajo no debería terminar cuando aparece el puntaje.

La revisión posterior es probablemente la etapa que entrega más información. Conviene distinguir, por ejemplo, si una respuesta incorrecta se debió a desconocimiento del contenido, a un problema de procedimiento, a una lectura apresurada, a confundir dos alternativas o simplemente a quedarse sin tiempo. Dos estudiantes que obtienen el mismo número de respuestas incorrectas pueden necesitar estrategias completamente distintas durante la semana siguiente.

También vale la pena registrar los errores que se repiten. Si después de varios ejercicios reaparece la misma dificultad, ya no se trata de una equivocación aislada, sino de un contenido o procedimiento que requiere volver atrás. En cambio, cuando el conocimiento está, pero el problema es el tiempo, la preparación puede concentrarse más en velocidad, selección de preguntas y manejo de la prueba.

El DEMRE mantiene disponibles temarios, pruebas oficiales aplicadas, selecciones de preguntas y clavijeros. Trabajar con ese material permite familiarizarse con el tipo de habilidades y preguntas que serán evaluadas y, sobre todo, con la forma en que los conocimientos aparecen puestos en juego. Un ensayo revisado cuidadosamente puede entregar más información que varios realizados uno tras otro sin analizar los resultados.

Tampoco es necesario esperar hasta las últimas semanas para comenzar a medir el tiempo. Practicar bloques más cortos —por ejemplo, un conjunto de preguntas bajo una restricción temporal— permite detectar si la dificultad está en resolver o en administrar el ritmo. Más cerca de la prueba, los ensayos completos pueden servir para probar una estrategia: qué preguntas abordar primero, cuánto tiempo dejar para revisar y cuándo conviene avanzar, aunque un ejercicio no esté resuelto.