Radicado en Matanzas hace más de 25 años, Felipe Wedeles (49), cofundador de WMR Arquitectos, ha estado involucrado en la construcción de cientos de casas en la Región de O’Higgins, como también en el desarrollo de infraestructura, escuelas y proyectos como el Hotel Surazo.
En su experiencia como residente de la costa de O’Higgins, según dice, la zona enfrenta problemas de acceso a servicios básicos. De todos modos, ve un gran potencial en el turismo regional. Esta es una industria que, a su juicio, potenciaría el desarrollo inmobiliario y las economías familiares.
En el estudio de Esto es Chile -el proyecto de Cadem, La Tercera e Inacap para dar a conocer qué piensan y sienten las regiones del país-, aparecen percepciones que Wedeles conoce de primera fuente: falta de liderazgos regionales y una industria turística poco desarrollada.

La mayor parte de los proyectos de WMR se encuentran en la Región de O’Higgins. ¿Qué fue lo que le llamó la atención de esta región?
De chico visitaba Colchagua con mi familia. Después, más grande, yo soy muy deportista y hago windsurf, y por esa razón conocí Matanzas, Pichilemu e incluso, fuera de la región, Llico. Lugares increíbles. Y el año 2000, 26 años atrás, decidí irme a vivir a Matanzas por el windsurf. También, en mi profesión como arquitecto quería estar tranquilo. Yo soy de Santiago, pero estaba muy inquieto por estar tan lejos de este lugar. El mar entrega demasiado. Toda la costa que tiene O’Higgins es espectacular. La calidad de olas y vientos que tiene es única en el mundo. Así se dieron las cosas. Me fui a vivir a Matanzas y ahí desarrollé mi vida entera, familiar y profesionalmente.
En su opinión, ¿cuáles son los principales desafíos de O’Higgins?
Los principales desafíos que presenta es la transición de todo este mundo de la microagricultura y del campo hacia el desarrollo del turismo, que es una muy buena bandera porque, con el desarrollo tanto de infraestructura como de servicios, trae un desarrollo que valora lo que es el lugar. Es un turismo que se está impulsando desde hace muchos años. Falta mucho para consolidarlo, pero están todos alineados en eso. Y no es un turismo que viene a cambiar la imagen de la región. No es un turismo de canchas de golf, de poner palmeras y playas blancas, sino que es un turismo que valora lo que tiene la región y sus personas. Entonces, creo que eso es un buen desafío, alinearlo con las diferentes áreas del turismo ligado al vino, al deporte, y que también atrae mucho desarrollo inmobiliario. Ese desarrollo inmobiliario tiene que dialogar con este turismo y se tienen que potenciar mutuamente. El desarrollo inmobiliario si viene y está mal pensado, mal planteado, le juega en contra a esa industria del turismo que valoriza y tira todo para arriba.
¿Al momento de llevar a cabo proyectos inmobiliarios han encontrado desafíos en cuanto a planificación territorial?
Siempre hay problemas. Hay zonas que no tienen una buena planificación entonces no se pueden hacer las cosas aunque lo pidan. Hay muchas comunas que están muy rezagadas a nivel de recursos. Como la comuna de Navidad en donde vivo y donde tenemos nuestro estudio de arquitectura. Impulsamos el turismo también con desarrollo, donde formamos parte de la Conatur, que es la Corporación de Turismo de Navidad. Es una comuna que atrae mucha gente, pero donde habita un número que no es muy gravitante para que vengan con fuerza a desarrollarse. Recién estamos llegando a tener agua potable en una parte importante de la comuna. La comuna tiene agua potable, pero de a poco. Después, los caminos muy malos. La parte eléctrica, al debe. Estamos con unas líneas muy viejas. Cuando vienen todos los visitantes en un fin de semana largo, desde la red celular hasta la energía no da el ancho. Y alcantarillado no tenemos. Y así, la comuna de al lado, y la otra, todos tienen ese problema.
¿Cree que hace falta más liderazgo regional?
Sí, yo creo que falta más coordinación de los líderes que hay en la región y que tengan mayor manejo con nuestras autoridades. Esa relación se ha ido construyendo, yo lo he evidenciado, por lo menos en los últimos años, y genera grandes avances. Yo creo que falta una mayor coordinación, un mayor approach con esas autoridades, tener más roces, actuar. Creo que la estructura del gobierno en la región es buena, pero falta conectar más los cabos.
¿Cómo imagina la región de O’Higgins en 20 años? ¿Cuáles son sus sueños para ella?
Me gustaría que la Región de O’Higgins tuviera una costa con olas protegidas, con diversos parques costeros, en la cordillera, de acceso permanente durante todo el año. Mejores carreteras, pero conservando el paisaje. Que haya una planificación regional de estos puntos y que se mantenga sin grandes industrias y sin grandes intervenciones lo que es la costa, que es algo que hoy día es único en el mundo. La visitan gente muy particular, amantes del mar y de la cordillera, y eso es lo que valoran. Yo creo que eso hay que cuidarlo y meter grandes recursos en planificación, actualizarlo constantemente para que sea una región tranquila, con buenos servicios, con un turismo balanceado. No llegar al punto de que el turismo sea un turismo que termine generando fobia al turista, como sucede en Pucón en el verano, o como sucede en otros lados del mundo.






