¿En qué momento una escena puede llamarse como tal? La discusión puede resultar bizantina, pero ciertamente el interés y la presencia de buenos proyectos asoman como puntos fundamentales. El acierto del regreso del Festival Neutral esta temporada, tras ocho largos años, se sostiene en reunir un grupo de artistas que parecen estar en un momento bullente, otros que parecen dar el salto (según el fallecido biógrafo de Kurt Cobain, Charles Cross, ese es el mejor momento de una banda) y otros tantos que consolidan una propuesta a punta de la capacidad artística.

A pesar de tratarse de un día sábado a la hora de almuerzo, ya habían algunos que buscaban asegurarse de un lugar para entrar a la sala Bunster de M100. Las salas más pequeñas cuentan con una capacidad limitada y una vez completas se cerraba. Y eso que aún restaba una hora para el arranque de las primeras presentaciones. Cerca de ahí, pasadas las 15:00 horas, en el rincón de La Huerta, la música comenzó a sonar con Alfilera. El proyecto de Alfonsina García con formación extensiva de batería, percusión, bajo, teclado, guitarras y una corista (incluyendo músicos presentes en otros proyectos), presentó su pop de sabor latinoamericano. Básicamente se concentró en su disco Detrás de las palabras, que ofrece otra mirada desde el rock alternativo al interés por la música latina. No solo se trata de un renacer del bolero, como tiende a leerse en una capa más superficial, tiene que ver con que la sociedad y la juventud chilena está generando lazos más profundos con una herencia que durante años se miró con distancia.

Poco después comenzaba la intensa presentación de La Cámara Chilena de la Destrucción. La convocatoria en el acotado espacio de la Sala Bunster fue tal, que mucho público se quedó afuera esperando en la fila. Probablemente, ello incidió en que la sensación del show estuviera cruzada por la urgencia de sus riffs y su música caótica e intensa, que terminó hasta con un chico en silla de ruedas levantado por el respetable. La música “para gente que la elegían última en educación física”, como rezan, sonó con el rodaje de la carretera y muestra que el grupo, si se aplica, tiene público y potencial para crecer.

Fotos @barbarapaz.ph, edición: @nicooco__-6

Un aparte para el espacio de la Sala Bunster. Durante toda la jornada hubo largas filas y por momentos el acceso resultaba caótico, con el consecuente rebote hacia el espacio del Huerto, también con gente que pujaba por entrar. Es cierto que se generaba una especialidad que invitaba a un momento más íntimo, pero lo cierto es que probablemente esos dos espacios pudieron tener una logística mejor.

La tarde avanzó hacia uno de los buenos momentos del Festival. En el Teatro Principal el trío Estoy Bien demostró que está en un gran momento. No decepcionaron al arrancar con un guiño a su notable nuevo disco, A la Distancia, recién publicado. Su sonido crudo y abrasivo creció con el rodaje de la carretera y pueden defender el nuevo material sin muchos problemas. Temas como La Carta, El Vacío, la notable El Desorden sonaron con mucha fidelidad al álbum y crecen en el directo. Más importante aún, es que entre el material de sus dos discos ya pueden sostener un repertorio consistente. El grupo tiene un sonido apretado, compacto, de horas de ensayo y trabajo de sala, lo que les da mucha seguridad para tocar. Es evidente que el Neutral los encontró en un momento de salto adelante.

Casi a la par, en la explanada, Javiera Electra desplegaba su espectáculo. Para quienes la veían por primera vez seguro resultó llamativo porque no es posible comprender bien a la artista sin su puesta en escena. Su interés por la teatralidad y una disposición natural hacia la performance completan la música. Con un show concentrado en el material de su notable disco Helíade, mezcló guitarras, ruidos, taconeos y actitud. Pero el aire libre quizás no permite comprender del todo lo que propone en los shows de teatros, como el que ofreció hace un tiempo en el Centro GAM (en el marco del ciclo Armónica), donde puede emplear recursos como la iluminación para marcar el dramatismo de algunos segmentos y le permite jugar con el público. Quizás ese show podría haber sido programado en el Teatro Principal en un enroque con Estoy Bien, más a consideración de que la música del trío invita a la acción.

Estoy Bien en Neutral

Foto: @barbarapaz.ph, edición: @nicooco__-6

El número que calzó muy bien en el Teatro fue María y los Templos. El grupo presentó buena parte del material de Fiebre, su propósito y desafiante álbum lanzado esta temporada. Es uno de esos discos de varias capas de escucha que en vivo ofrecen una expansión, por ejemplo, Melancólicas -con su aire a Electrodomésticos y Kraftwerk- toma el vuelo como una bandada hacia la costa y la participación de Javiera Electra, para cantar La Audacia, le dio un momento especial. Y desplegaron algunos guiños, como una peculiar versión de Amor por ti, de Los Ángeles Negros, descarnándola hasta el esqueleto para trabajar sobre su médula de canción evocativa. Hacia el final, propusieron una mirada a Fulano con la interpretación, a su aire, de Adolfo, Benito, Augusto y Toribio -previa pasada por el momento viral del presidente Kast hablando un tropezado inglés en la ONU-.

La explanada pareció concentrar los shows más viscerales de la tarde. Cuando el sol comenzaba a bajar, apareció en escena TeOdioTeOdio, una de las novedades del año. Un proyecto de estudiantes universitarios (varios de ellos, alternan la música con el código romano en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile) que ofrecen una propuesta muy peculiar de un rock arrojado, sin demasiada estructura y con segmentos de recitado llenos de guiños literarios. Como la improvisación es parte de su lenguaje se permiten reinterpretar algunos de los temas publicados en su disco debut Echaremos el cielo abajo a patadas. Qué tempestad, qué corazón, como dice una de sus letras, el grupo pasa como un remolino entre la arena, sin echar mano a demasiados recursos. El sonido ya es suficientemente elocuente. Es un show claramente en crecimiento, pero tiene un eje muy definido.

Ya en el horario estelar pasó Hesse Kassel. La banda llega como uno de los nombres consolidados del Nuevo Rock Chileno, con una notable productividad de un par de discos en dos años y fue una buena chance para verlos interpretar el material de Morir Saltando, con la ventaja de que varios de los temas ya estaban en sus sets de directo antes de siguiera entrar a grabarlo; cortes como Pornomiseria (“¡Actualícense!¡actualícense!”, bramó el público), No me puedo relajar o Sancho Plagio, han crecido con el rodaje de la carretera y los jóvenes se apilaron con el mosh en las primeras filas, como si estuvieran en Rojas Magallanes. El grupo ya ha desarrollado una narrativa para sus shows y de alguna forma la lograron plasmar de forma convincente en su nuevo trabajo. Ademas resultó una oportunidad para apreciar el universo en expansión del grupo; sus proyectos satélites Cóclea (de Mauricio Rosas y Luca Cosignani) y Cicuta (de Renatto Olivares y Matthew “chuca” Hopper) también se presentaron en el espacio de la sala Bunster.

Renatto Olivares, de Hesse Kassel

Fotos @barbarapaz.ph, edición: @nicooco__-6

Los shows de la jornada mostraron el habitual interés de Neutral por presentar una curatoría propositiva; allí estuvo Nando García, presentando el universo de Lover Man, el álbum que ofrece una mirada muy particular sobre el rock alternativo y el amor como expresión de deseo. Es notable como el público ya conoce muy bien una canción como Sábado Gigante. La presentación además contó con dos invitados, Chini.png (quien también estuvo en la presentación de Inundaremos y era un nombre para considerar como show propio) con quien interpretó Perros y Matías Ávila, de Candelabro, para hacer en conjunto Material particulado en suspensión, poniendo en evidencia la complicidad artística que se ha generado entre ellos, la que se expandió con su DJ set en conjunto posterior a los shows (y la participación de Nando en Los Sentidos, uno de los temas solistas de Matías). También en el Teatro Principal, se presentó Déjenme Dormir, con un sentido de mutación muy marcado; las capas negras, al estilo Quilapayún, trazan el nuevo material del grupo, cruzando intensidad eléctrica y mirada crítica, en un guiño a una tradición muy presente en la música chilena. Un momento que el grupo vive como una transición, además con la presencia como invitados de Nando Garcia y Nahuel Alavia de Candelabro.

El cierre lo marcó Candelabro. El grupo que logró el impacto masivo que necesitaba el Nuevo Rock Chileno con el repertorio de Deseo, Carne y Voluntad, ha logrado una conexión ciudadana muy particular. De alguna forma ocupan el nicho de la canción que comprime el espíritu de los tiempos, a lo que le suman sus guiños a la historia del país y su notable capacidad como intérpretes. Este show -con chico en silla de ruedas nuevamente alzado por el público- es una pausa entre la grabación de su tercer disco, por ello, la exigencia del trabajo de estudio les hace tocar con mucho filo y precisión, aprovechando de mostrar parte de su nuevo material. Ahí pasó Corazón, un tema de médula latinoamericana que el grupo transforma con un aire a Congreso, de alguna forma, también saludando a la otra gran corriente que está cruzando la música chilena. El tramo final, con Fracaso, probablemente la canción política más importante de los últimos años funcionó como un cierre emotivo y discursivo para Neutral, un evento que durante años ha celebrado el panorama alternativo local y que volvió en un minuto de discusión del lugar de la cultura. Más importante, es que presentó un punto de encuentro para público y agentes culturales que se hace necesario en un momento bullente de la música chilena y que lo ratifica como un importante punto a nivel del cono sur.