MONTERREY, N.L.— “Mientras haya artistas reales, artistas verdaderos habrá un futuro para la libertad, porque la función del artista es espiritual y liberadora”, aseguró a Excélsior el artista cubano Flavio Garciandía (Cuba, 1954), quien hoy inaugurará su primera exposición retrospectiva en México: Autorretrato no autorizado, en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO).

Garciandía es uno de los pintores cubanos contemporáneos más relevantes de la escena latinoamericana, quien ha hecho de la crítica, el humor y la ironía el sustrato de su pintura en el último medio siglo.

En esta muestra —que reúne 90 obras que abarcan desde mediados de la década de 1970 hasta el año 2020– explora temas como el Síndrome de Marco Polo, que alude la fascinación o el enamoramiento patológico y acrítico hacia un lugar, país o cultura extranjera.

Así como la idealización del mundo tropical, la represión, la autorrepresión y la representación del cisne para elaborar una crítica social con una obra que va desde el pop art y el arte figurativo hasta la abstracción, exhibiendo sus vínculos con Monterrey, ciudad en la que vivió entre 1995 y 2005, para luego trasladarse a la Ciudad de México, donde actualmente reside.

Debo decir que todo lo que un artista hace con su vida y con su espacio es un retrato del artista y, en ese sentido es un autorretrato, pero de una manera muy abstracta. Así que la noción de que al artista no le fue autorizado su autorretrato —como ironiza el título de la muestra— señala que el hecho de tener que pedir permiso refiere el clima de represión y de autorrepresión que existía y existe en Cuba”, expuso el artista.

Y añadió: “Porque cuando el artista se expresa con total libertad, ésta es transmitida al espectador y entonces a mí me parece que, en el fondo, esa es la importancia crucial que tiene el arte: el artista produce su obra y transmitiendo su libertad al espectador, como una especie de alivio que transmite el artista y su libertad”.

Para Garciandía, quien padece Párkinson, si uno mira la historia del arte, cada artista tuvo un momento de libertad máxima, como cuando Velázquez pintó Las meninas, con Las pinturas negras, de Frank Stella y toda la obra de Francis Bacon.

Durante el recorrido previo, el curador de la exposición, Tobias Ostrander, destacó que la muestra incluye material de archivo y fotografías que dan cuenta de sus primeros trabajos en los años 70, cuando se inició como artista realista.

Luego vino una segunda fase, en los años 80, con la instalación El lago de los cisnes que hizo para la primera Bienal de La Habana, donde utilizó el elemento del cisne como una expresión popular y un símbolo de la belleza.

La muestra también incluye un cartel con el manifiesto artístico de Garciandía, definido como un mensaje subversivo con 21 ideas sobre el artista y su práctica.

Por ejemplo, en éste asegura que el artista tiene derecho al localismo, al cosmopolitismo, a lo particular y a lo cerrado, a lo universal y a lo cósmico.

Aunado a que tiene derecho a lanzar líneas por todos los rincones y a hacer el arte por el arte, a hacer una obra aburrida (o muy divertida); a insistir sobre lo mismo, el derecho a la inocencia, a la sofisticación, a la fantasía pueril, a lo perverso, a abandonar cualquier estilo y a no ser objeto de injerencias arbitrarias en su obra, su carreta o su mercado.

Pero luego vinieron otros cambios en sus formas y estilos, explicó el curador, como ese viaje que hizo del pop art a lo kitch, que hace referencia a Jackson Pollock y que cuestiona el machismo, la violencia y el contexto comunista, el juego que planteó con la tradición del monocromo, donde utilizó el concepto de los frijoles, elemento básico de la comida en la Cuba de los años 90.

La exhibición Autorretrato no autorizado, que permanecerá abierta al público hasta el 18 de abril de 2027, pertenece a la construcción de un discurso local-global que el MARCO ha desarrollado en los últimos siete años de recuperar los discursos de artistas internacionales cuyo paso por la escena artística de Monterrey dejó un legado.