Acusado y juzgado sin pruebas contundentes, Galileo dejó la prisión no sin porfiar en su tesis central de que la tierra gira alrededor del sol y sobre su propio eje. Por ello, les espetó a sus críticos: …y, sin embargo, se mueve. En su tiempo, una verdadera blasfemia.

Hasta hace algunos años, en México parecía perjurio elevar el salario mínimo, invertir en derechos sociales o apostar por el sector público y el papel de un Estado activo garante de derechos colectivos, compensador de los grupos vulnerados y no solo protector de derechos e intereses individuales. Y sin embargo, se ha hecho en años recientes.

En efecto, es notorio que de cara a condiciones internacionales e internas más adversas que las prevalecientes antes de la pandemia de 2020-2022, cuyas secuelas aún se resienten, el salario ha aumentado 154%, la inflación sigue en menos de 3%, ha crecido la recaudación y se ha maximizado el rendimiento del combate a la corrupción, aun cuando persisten malas prácticas en diversos casos condenables., a la vez que el tipo de cambio ha venido a la baja, la inversión debe aumentar y la deuda ha crecido aunque sigue siendo manejable.

La esquizofrenia de las cifras podría curarse si se examinara el crecimiento y desarrollo en términos locales, pues desde hace tiempo se ha demostrado que hay ciudades-estado y regiones enteras en el territorio nacional y en su conexión global que registran importantes tasas, muy por encima del promedio nacional.

A ello coadyuvan legados de políticas exitosas, impactos de los tratados de libre comercio, las megaobras y el Plan México que va resembrando las semillas y plantando los árboles de la sostenibilidad, ello sin dejar de asumir la contribución de la economía informal y sus complejas vinculaciones con dinámicas formales y hasta ilícitas

Y otro tanto puede afirmarse del tema de la seguridad, cuyos datos se aprecian mejor si se consideran cambios dinámicos sectoriales en la demografía, economías, rutas y mercados del crimen, costras caídas de heridas añejas, incidencias por tipo de delito y otras variables. Y, sin embargo, los positivos comparados se mueven.

La democracia electoral en tanto rito trienal o sexenal continúa en sus niveles históricos de libertad, autenticidad y participación, esta última en torno al 50% y el 60% de la votación promedio nacional, rubro en lo que hay mucho más por hacer.

No obstante, otra vez, hay que considerar que el sistema representativo, aun con un sistema de partidos contrahecho, sigue renovándose y continúa operando, a la vez que poco a poco se activan mecanismos de participación social y política que requieren más práctica para su normalización, de nueva cuenta, en ámbitos locales, como en la Ciudad de México, Oaxaca o Nuevo León.

Ahora bien, está claro que la Constitución democrática que asegura la legitimidad de entrada al sistema de gobierno por la vía electoral es insuficiente para asegurar la eficacia del ejercicio estatal.

Desde hace tiempo carecemos de un esquema efectivo de desempeño y rendición de cuentas cuyas limitaciones comprometen cualquier proyecto de largo plazo. Ahí tenemos una enorme brecha heredada y prohijada que urge reducir y cerrar.

Con todo y todo, el país sigue y sigue.

Como me dijo Juan García Rodríguez, joven politólogo y gestor público tamaulipeco durante una charla casual hace pocos días: la complejidad de los problemas de sustentabilidad nos ahoga y ni siquiera podemos lograr la urgente y decisiva coordinación en las zonas metropolitanas que se han multiplicado en el país. Pero no podemos renunciar a la esperanza, por el bien de todos.

Celebro la conciencia social y decisión de jóvenes con ese grado de compromiso y orientados a la acción bien pensada.

Refuerzo mi convicción estilo Galileo: y, sin embargo, se mueve.