SEÑOR DIRECTOR:

La reciente columna de Pablo Allard plantea un nuevo localismo con municipios de mayores capacidades. Fortalecer la gestión local parece un camino necesario, aunque la discusión actual sobre algunos cambios a la OGUC lleva a preguntarse por sus límites. Las decisiones comunales sobre vivienda y crecimiento tienen efectos que alcanzan al resto de la ciudad.

La posición de algunas autoridades locales y metropolitanas frente a estos cambios refleja el problema. Restringir más viviendas puede favorecer a algunos de quienes ya viven en una comuna, pero perjudica a muchos otros. Familias que ya no pueden pagar por permanecer allí deben irse y las más jóvenes encuentran cada vez más difícil acceder a barrios bien equipados y conectados. Muchas terminan obligadas a buscar vivienda cada vez más lejos. La suma de planes restrictivos puede producir una ciudad más extendida, cara y segregada.

Los municipios deben poder planificar y cuidar sus barrios, dentro de reglas metropolitanas bien fundadas para decisiones que afectan al conjunto. Vivienda, movilidad y acceso a oportunidades difícilmente pueden resolverse comuna por comuna. La ciudad hace tiempo dejó de caber dentro de esos límites.

Fernando Marín Cruchaga

Presidente

Asociación de Oficinas de Arquitectos AOA