Con una combinación de creatividad, precisión y años de trabajo constante, México ha logrado consolidarse como una de las grandes potencias de la natación artística en la región. Sus rutinas, caracterizadas por un elevado grado de dificultad, sincronización y un sello distintivo dentro de la alberca, han convertido al representativo nacional en el rival a vencer en cada competencia internacional.
Esa posición de privilegio no ha llegado por casualidad. Detrás de los resultados existe una escuela que ha sido construida por distintas generaciones de nadadoras y entrenadoras, cuyo trabajo ha permitido que el nombre de México sea visto con respeto dentro del circuito internacional.
“Lo vimos en la reciente edición de los Juegos Centroamericanos: Las miradas de todos los demás equipos estaban puestas en nuestro trabajo, en las cosas nuevas que presentamos y en la forma en la que logramos esa comunión dentro del agua”, compartió Glenda Inzunza, integrante de la Selección Nacional. “Buscamos siempre estar a la altura de las expectativas. Tenemos un equipo fuerte, tanto de atletas como de entrenadoras, y debemos hacerlo valer”.
Inzunza, quien suele convertirse en una voz de apoyo y experiencia cuando atletas de otros países se acercan a intercambiar opiniones, añadió que la rivalidad queda de lado, para dar paso a la convivencia.
“Más allá de la competencia y de que cada una de nosotras busca dar lo mejor de sí para colocar a su país en lo más alto, se respira un ambiente de amistad con los demás equipos”, presumió.
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