El sexenio cerró su segundo año registrando el mayor número de personas sustraídas desde que se lleva la cuenta: prácticamente 20 mil, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. Por establecer una comparación, en el primer tercio del periodo presidencial de Andrés Manuel López Obrador se acumularon 15 mil 916 desaparecidos, mientras que en lo que va de éste van (hasta ayer) 19 mil 831, un aumento de 25 por ciento.
Este lapso se ha caracterizado por una indiferencia oficial ante el malestar de quienes buscan a sus seres queridos y por la negación de que la crisis siquiera exista. La semana pasada, en un reporte suscrito por la relatora especial sobre la situación de personas defensoras de los derechos humanos —entre otros expertos de la Organización de las Naciones Unidas—, se advirtió que las mujeres que buscan a personas desaparecidas en México “están expuestas a desapariciones, asesinatos y ataques, en un contexto de impunidad casi total”.
Ante esta afirmación, que fácilmente se puede corroborar, el gobierno mexicano respondió con el desenfado e insensibilidad de siempre, negando que exista “un patrón estatal ni recurrente de desaparición forzada de personas buscadoras”.
Pero quizá más grave que la negación de un cuadro de agresiones que afecta a las mujeres buscadoras —quienes frecuentemente deben adentrarse en terrenos peligrosos para tratar de encontrar a sus seres queridos— es la indiferencia de las autoridades ante el crecimiento en el número de casos. Por cierto, durante el tiempo que usted lleva leyendo esta nota, probablemente desapareció una persona en alguna parte del país. Pocas ausencias ilustran tan bien el desinterés oficial ante esta crisis como la de Carlos Emilio Galván Valenzuela. Ayer se cumplió un año de la sustracción del joven duranguense, cuyo rastro se perdió cuando se levantó de una mesa del restaurante bar Terraza Valentino, de Mazatlán, Sinaloa, donde convivía con dos primas.
Ayer, en entrevista para Imagen Radio, su madre, Brenda Valenzuela, me dijo que pese a que el caso fue atraído por la Fiscalía General de la República en enero pasado, los investigadores aún no han podido integrar una línea de tiempo ni han entrevistado a la mayoría de las personas que estuvieron en el lugar de los hechos aquella noche.
Si eso sucede con una desaparición que ha sido tan mediática —por lo asombrosas que resultan las circunstancias en que ocurrió y porque el negocio en cuestión es propiedad de quien en ese momento era miembro del gabinete del entonces gobernador Rubén Rocha Moya—, ¿qué se puede esperar de las de los otros 23 hombres jóvenes, de la edad de Carlos Emilio, que se esfumaron en Mazatlán de entonces a la fecha, prácticamente uno cada 15 días?
Sin embargo, esta crisis no está constreñida a Sinaloa. Sí, ese estado lleva mil 711 desapariciones en lo que va del sexenio, pero hay otras ocho entidades que rebasan el millar de casos: Estado de México (2 mil 99), Michoacán (mil 714), Baja California (mil 352), Ciudad de México (mil 289), Guanajuato (mil 165), Sonora (mil 81), Nuevo León (mil 81) y Jalisco (mil 50).
Entre los casi 20 mil ausentes que se han acumulado del 1 de octubre de 2024 para acá, hay 3 mil 145 menores de edad, de los cuales la mayoría son mujeres (mil 588). También hay 543 extranjeros, entre ellos 130 estadunidenses y 102 colombianos. Ayer, durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, la nueva secretaria de las Mujeres, Laura Itzel Castillo, pasó revista a la mejoría que han experimentado las personas de ese género durante la actual administración. Se habló de la reducción de los feminicidios, pero no hubo una sola palabra sobre la búsqueda de las 4 mil 243 mujeres desaparecidas en los últimos 24 meses. Como si ellas no existieran.
Las cuatro entidades con el mayor número de mujeres sustraídas en lo que va del actual gobierno son el Estado de México, con 617; la Ciudad de México, con 613; Baja California, con 200, y Sinaloa, con 136. No se puede dejar de observar que esos cuatro estados son gobernados por mujeres.
Por más que se busque callar, la ausencia de esas casi 20 mil personas resuena de forma estridente.




