LA POLÍTICA ES DE BRONCE

Guadalajara, la Perla de Occidente y, para mí, la segunda ciudad en importancia del país, vive una crisis de proporciones inimaginables por la contaminación de su agua potable, que llega a más de un millón de habitantes turbia y maloliente. No es solo una crisis en uno de los servicios públicos básicos, ya se convirtió en un problema político por la torpeza del gobernador Pablo Lemus y, lo más grave, puede convertirse en una crisis sanitaria de proporciones inimaginables si no se actúa de manera inmediata y responsable.

Si bien las protestas saltaron a los medios de comunicación y a las redes sociales hace unos días, el problema tiene ya varios meses. Alrededor de un millón de habitantes de Guadalajara y su zona metropolitana reciben en sus hogares agua turbia, contaminada y maloliente, pero las autoridades, tanto del municipio de Guadalajara como del gobierno del estado, han hecho oídos sordos hasta que la insurrección ciudadana salió a las calles a pedir algo elemental, un derecho humano: el acceso al agua potable.

Como si el horno estuviera para bollos, el gobernador Pablo Lemus ha demostrado insensibilidad ante la protesta social e incapacidad para resolver el problema. El fin de semana, una protesta pacífica, infiltrada por provocadores, desató una represión indiscriminada de la policía estatal, lo que colocó sobre la mesa no solo el problema de la contaminación del agua, sino el verdadero talante autoritario del gobernador.

Pablo Lemus fue dos veces presidente municipal de Zapopan y una de Guadalajara. Es quizá uno de los políticos que por más tiempo y con más detalle conoce la problemática del agua potable en Guadalajara y su zona metropolitana. De hecho, una parte importante de su discurso por la gubernatura se basó en prometer agua potable de buena calidad, pero ahora, en el poder, apostó por nadar de muertito, esperando que no pasara nada, pero ya ocurrió.

Lo importante es cómo resolver este problema y contar con los recursos humanos y financieros para enfrentarlo. Lo primero es un buen diagnóstico. Hasta el momento de escribir estas líneas, se ha hablado mucho, se ha especulado más, pero no se conoce el origen de la contaminación ni sus dimensiones. Saber qué contamina el agua, cómo la contamina y en dónde la contamina es lo mínimo que se debería saber a estas alturas.

El suministro de agua potable en Guadalajara, y diría yo que en todas las ciudades importantes del país, es un problema estructural. Sin embargo, la crisis es inmediata; por eso, la acción de los gobiernos estatal y municipal, con el apoyo de la Federación, debe concentrarse en tres niveles.

El primero. Solventar las necesidades de agua potable en las colonias y zonas más afectadas, particularmente para garantizar este servicio a actividades esenciales como hospitales y escuelas; así como, según ya lo anunció el gobierno del estado, establecer tandeos, contratar pipas y habilitar centros de distribución de agua potable. Pero esto es apenas un calmante, no resuelve la enfermedad ni el problema de fondo.

El segundo. La ubicación de la falla y su reparación. El famoso parche que tanto le gusta a la cultura mexicana. Esto tampoco resuelve el problema de fondo, solo sería una solución coyuntural y temporal.

El tercero. La sustitución y el mejoramiento integral del sistema de agua potable en Guadalajara y su zona metropolitana. La actual red de suministro de agua, según datos publicados por diversos medios de comunicación, tiene más de 50 años. Si no se quiere padecer nuevas crisis de este tipo, debe pensarse en un reemplazo integral, pero esto lleva tiempo y dinero, lo cual no es rentable políticamente para ningún gobierno que vive de demostrar mucho y hacer poco.

Cualquiera de estas opciones requiere dinero, recursos humanos, planeación y ejecución eficiente. El problema es que la política, o mejor dicho, la politiquería, impide una política pública de fondo para solucionar este problema.

No sé si Pablo Lemus sobreviva a esta crisis política que él mismo ha provocado, pero lo importante, en todo caso, no es el gobernante, sino la sociedad que reclama simplemente lo que es un derecho: el acceso al agua potable.

Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.