Hoy, 9 de octubre, Guillermo del Toro cumple 62 años, siendo no sólo uno de los directores mexicanos más importantes, sino un cineasta reconocido internacionalmente, con una experiencia sin igual, pues a pesar de que su primer largometraje se estrenó en los noventas, desde que era un niño comenzó a hacer sus propios cortos, sólo por el gusto de aventurarse en el mundo del séptimo arte.
Del Toro se enamoró de la estética gótica con "Cumbres borrascosas" (1939), de William Wyler, cinta que vio con su madre cuando era pequeño, en un cine en su natal Guadalajara, aunque como confesó hace años, en una entrevista con un medio español, hubo algunas escenas de las que se perdió, pues lo vencía el sueño.
"Había un cine, un cine que se llamaba cine Park, iba con mi mamá, de pequeñito, (esa vez) me quedé dormido, despertaba, veía la película y me volvía a dormir, ese espíritu gótico de ´Cumbres borrascosas" creo que me marcó para toda la vida, no fue una película de terror, curiosamente", recordó.
Tras el impacto que tuvo en él la experiencia de disfrutar de ir al cine, su familia adquirió un proyector Super 8, con el que podían ver diferentes cintas aunque, todas ellas, en versiones cortas, pues un "Super 8", sólo tiene la capacidad de reproducir películas de una duración reducida.
"Eran versiones comprimidas, muy cortitas, (por ejemplo) la versión de ´El altar escarlata´, con Boris Karloff, empezaba, veías una escena del principio y ya luego estaba la casa en llamas y moría, había incluso (unas) que duraban 10 minutos, que te condensaba la película en 10 minutos", relató en aquel tiempo.
El cine, en la vida del niño Guillermo, dejó de ser, muy pronto, un pasatiempo, cuando comenzó a realizar sus propios cortometrajes, con una cámara que pertenecía a su padre; todos ellos, eran de terror.
"Mi papá tenía una cámara, que creo que era de la misma marca del proyector, creo que era una Canon o una Chinon, tomé la cámara de mi padre, un par de rollos de película que tenía él y empecé a hacer mis propias películas con mis muñecos, me empezó a gustar", prosiguió.
El cineasta recordaba sus primeros cortos como "bastante violentos", en el que hacía uso de catsup, que simulaba ser sangre y a los muñecos que tenía, la mayoría de ellos, personajes de ´El planeta de los simios´y monstruos de películas, producidas por Universal Studios.
"Eran batallas campales entre figuras fantásticas, con muchísma catsup y muy poca producción", relató sonriente.
En la época de los ochentas, cuando la realización de sus cortos iban de la mano de su preparación académica, en el Centro de Investigación y y Estudios Cinematográficos (CIEC), su madre, doña Guadalupe Gómez (QEPD), fue la protagonista de algunos de ellos, los cuales, además llegaron a ser los de argumentos más retorcidos.
"Mi madre fue mi actriz en dos cortometrajes, en ´Geometría´, donde moría brutalmente a manos de un zombie, que le sacaba un ojo y le mordía el cuello y todo eso, pero antes de eso, actuó ella en un corto aún más bizarro, que se llamaba ´Matilde´, que era sobre una mujer que tenía una obsesión psicosexual con una grieta en la pared de su dormitorio y, de la cual, salía un feto gigante ciego, que era ella misma y la estrangulaba, una historia profundamente anormal, pero divertida", detalló entre risas.
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