Una olorosa experiencia relató la instructora de yoga Isabel Boza en una visita al ginecólogo. El video tiene miles de reproducciones en Instagram.

La buena de Isabel, como toda persona de bien, fue a chequear su salud, pero nunca pensó el escenario que iba a enfrentar.

“Puta, me levanto en la mañana temprano para venir al doctor, ¿cachái? Vengo al doctor y no me puedo atender, ¿cachái? Porque entro y había un olor a culo, pero que no se podía aguantar”, dijo sin filtros.

“Yo entro y así como que me pega el charchazo. Y le digo: ‘Doctor, hay mucho olor a poto’. Y me dijo: ‘¿Qué quiere que haya? ¿Olor a flores? Yo soy ginecólogo’. ‘Pero doctor’, le dije, ‘¿no tiene un poquito de spray ambiental que ponga?’. ‘No’, me dijo. ‘Tendría que esperar a que se pase el olor’”, expuso.

Esto hizo que la dama, procurando salvar sus vías nasales de los olores de otra poco higiénica mujer, tomara una drástica decisión.

“Entonces le dije: ‘No, gracias. Chao’. Me fui. Perdí el bono”, cerró.

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¿Cómo se produce el mal olor de puchaina?

El olor vaginal puede variar durante el ciclo menstrual, después de tener relaciones sexuales o por la sudoración. En general, la vagina tiene un olor suave o incluso casi imperceptible, por lo que un cambio puntual no siempre es señal de alarma, consignó Clínica Mayo.

La preocupación aparece cuando el olor es fuerte, inusual o parecido al Jurel San José, especialmente si viene acompañado de picazón, ardor, irritación o secreción. En esos casos, podría estar relacionado con alguna condición que requiere evaluación médica.

Entre las causas más frecuentes están la vaginosis bacteriana, la mala higiene, un tampón olvidado o la tricomoniasis, una infección de transmisión sexual.

Con menor frecuencia, también puede vincularse a problemas más complejos, como una fístula rectovaginal o algunos tipos de cáncer ginecológico.

Si el olor no desaparece o genera preocupación, lo recomendable es consultar con un profesional de salud para tener un diagnóstico preciso.

Como autocuidado, se aconseja lavar solo la zona externa con agua y un jabón suave sin aroma, además de evitar duchas vaginales o desodorantes íntimos, ya que pueden alterar el equilibrio natural de la vagina y empeorar la irritación.