Uno de los grandes atracos del obradorismo ha sido la consolidación de una mayoría calificada en la Cámara de Diputados en 2024. Como se recuerda, el oficialismo, es decir, Morena, PT y el Verde, ganaron aproximadamente el 54% de los votos para la cámara baja. Sin embargo, tras una interpretación mañosa, sesgada y parcial del artículo 54 constitucional, se les otorgó más del 70% de las curules en el recinto.
Derivado de esta situación fue posible la articulación e implementación de la vergonzosa reforma judicial, misma que no ha hecho otra cosa que profundizar la politización de los jueces y magistrados, el retroceso de la democracia liberal y la pérdida del sistema de pesos y contrapesos esencial para el correcto funcionamiento del Estado.
El año de 2027 no pinta mejor. Muy probablemente se repetirá el escenario. En primer lugar, de acuerdo a los sondeos, el oficialismo cuenta con el apoyo aproximado del mismo número de mexicanos que hace dos años. Por lo tanto, se antoja probable que los resultados para la Cámara de Diputados sean similares a los de los últimos comicios federales
Morena y sus aliados alcanzan curules cercanas a un poco más de la mitad del total, mientras que la oposición se quedaría con un poco más del 40%. Si se viviese en un México justo y democrático, el oficialismo obtendría legítimamente la mayoría absoluta (50% + 1) lo que no es nada desdeñable y les habilitaría para legislar en derecho secundario y para aprobar presupuestos de egresos. Sin embargo, no se contentarán con ello.
En segundo lugar, existe una nueva jurisprudencia del Tribunal Electoral. Ello implica que serán los mismos magistrados, bajo la misma lectura amañanda de la ley, pero con la ventaja de contar con el antecedente de 2024, otorgarán sin titubeos una nueva mayoría que ascendería a alrededor del 70%. Y como colofón, el obradorismo manipulará la ley, como la ha hecho hasta ahora, y hará uso de su presencia territorial para perfeccionar su máquina electoral.
Se repetiría la historia. El oficialismo podría continuar haciendo reformas constitucionales, traicionando el espíritu de la Carta Magna y condenando a casi la mitad de los mexicanos a estar infrarrepresentados en una cámara que ha dejado de ser la auténtica imagen de la diversidad del pueblo de México.





