Ubican 13 depósitos con cerca de 180 piezas arqueológicas en Cintalapa, Chiapas, los cuales fueron colocados por peregrinos zoques, entre los años 600 y 900 d.C., como parte de una serie de rituales dedicados a la petición de lluvia.
“Se trata de una cueva con ofrendas que fueron colocadas por los antiguos zoques y que dan cuenta de un momento complicado a nivel mesoamericano, porque en esa época hubo un cambio climático muy fuerte, entre el año 680 y 720 d.C.”, detalló a Excélsior el arqueólogo Josuhé Lozada Toledo.
“Se trata de una cueva con ofrendas que fueron colocadas por los antiguos zoques y que dan cuenta de un momento complicado a nivel mesoamericano, porque en esa época hubo un cambio climático muy fuerte, entre el año 680 y 720 d.C.”, detalló a Excélsior el arqueólogo Josuhé Lozada Toledo.
El hallazgo, abundó el especialista, “fue realizado en la cueva Mundo Zoque, que está en el municipio de Cintalapa, en el ejido General Lázaro Cárdenas, que es un espacio particular, el cual ha sido resguardado y protegido por la propia comunidad”, hasta que en meses recientes el guía Jairo Díaz, notificó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la ubicación de material prehispánico en dicha gruta.
Esto llevó a los arqueólogos a verificar y corroborar el hallazgo.
Una vez realizada la exploración, me percaté de la riqueza arqueológica de la misma y, sobre todo, del buen estado de conservación de las piezas”, apuntó.
A partir del hallazgo, los especialistas iniciaron el levantamiento topográfico de la caverna, con apoyo del espeleólogo Gabriel Merino y de la arqueóloga Arcelia García, con quienes realizaron el registro de cada una de las ofrendas halladas.
¿Qué relevancia tiene este contexto? “Es un hallazgo excepcional. Digamos que dicha cavidad fue visitada por los peregrinos entre el año 600 y 900 d. C.
Entre el año 680 y 720 d.C. se registraron una serie de sequías prolongadas en la región, “las cuales fueron corroboradas gracias a los estudios edafológicos (estudios de los sedimentos), que hemos hecho en los lagos, que nos indican una época de lluvias escasas”.
El objetivo de aquellas peregrinaciones, destacó, era solicitar lluvias a las deidades y a los guardianes de la montaña.
En la cerámica vemos representadas imágenes de felinos, como jaguares –considerados los señores del inframundo y los guardianes de la lluvia–, así como de serpientes, murciélagos y tecolotes, vinculados al mundo de los muertos, al tema del agua y de la vida”.
¿Cómo fue posible conservar estos depósitos durante un lapso tan prolongado? “El estado de conservación es muy bueno al interior de la cueva, debido al difícil acceso, ya que para entrar es necesario hacer un rapel de 10 metros de manera vertical.
Esto hace que la exploración sea una actividad compleja, por lo que requirió de equipo técnico especializado”, sin dejar de lado el trabajo de protección implementado por la comunidad, aseguró.
Otro aspecto para la conservación de este material fue el microclima de la gruta: “Es un espacio cerrado, se genera un microclima con una temperatura estable y eso ha ayudado a que las piezas se conserven. Las ofrendas se localizan en lugares donde no llega el agua, no quedan inundadas porque están sobre una especie de altares de roca, formados de manera natural”.
Reveló que sí ubicaron algunas vasijas colocadas intencionalmente debajo de las estalactitas “con la intención de captar el agua de lluvia que gotea, porque la veían como el agua sagrada de la montaña, el agua primigenia y de la creación”.
¿Qué información aportan las piezas halladas?
Nos hablan sobre las deidades más importantes de los zoques, cómo estaban asociadas al mundo de los muertos.
“Tenemos cajetes en los que quemaban copal, que se ha preservado. Se utilizaba el humo del copal para comunicarse con los seres de la alteridad, las deidades o los ancestros.
“También es posible ver urnas funerarias, aunque debemos hacer los estudios químicos para saber qué depositaron ahí, pero muy probablemente tengan restos de cenizas, algún tipo de alimento o alguna huella química que podríamos identificar, como sangre, grasa o restos humanos”.
Por último, destacó que la comunidad de General Lázaro Cárdenas se está dando de alta como grupo coadyuvante dentro del INAH para convertirse en custodios del patrimonio arqueológico.



