La acreditación de la calidad es el proceso obligatorio más importante, intenso y demandante que deben recorrer todas las universidades, institutos profesionales, centros de formación técnica y las academias y escuelas de las tres ramas de las Fuerzas Armadas, la PDI y Carabineros. El resultado que obtengan -en gran parte- define la estrategia de captación de matrícula de estas instituciones, pudiendo conseguir uno de los tres niveles de acreditación existentes: básico, por tres años; avanzado, cuatro o cinco años; y de excelencia, seis o siete años. Aquella organización que no alcanza el nivel básico se le impide optar a financiamiento estatal y a sus estudiantes se les excluye de la gratuidad, del CAE y becas. Y si la calidad no mejora, se decreta su cierre.
Estas importantes evaluaciones recaen en la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), que preside, desde marzo de 2022, el académico Andrés Bernasconi Ramírez, abogado de la Universidad Católica, máster en Políticas Públicas de la U. de Harvard y doctor en Sociología de las Organizaciones de la U. de Boston.
¿Cuál es la importancia social de la acreditación?
La confianza. Cuando hacemos un juicio de acreditación, le estamos diciendo a la sociedad chilena que estas instituciones son confiables. En segundo lugar, estas instituciones educativas en Chile son, según las encuestas, valoradas por la ciudadanía; y ese es un capital muy relevante. No puedo dejar de enfatizar la importancia de que nuestro sistema de educación superior sea valorado por la sociedad chilena. Necesitamos preservar, mantener y cultivar esa valoración positiva, la que en muchos países se ha ido erosionando por factores que tienen que ver con problemas de empleabilidad, por ejemplo, o con críticas más bien políticas sobre el quehacer de las universidades.

La CNA está cumpliendo 20 años este 2026. ¿Las instituciones de educación superior han mejorado en estas dos décadas?
Han sido 20 años bien desafiantes. Hay ciertos hitos en el desarrollo de la educación superior en estas dos décadas que significaron tensionar el sistema de manera muy importante. El principal ha sido el desarrollo de capacidades de autorregulación. Lo que queremos es que las instituciones estén siempre ocupadas en su mejoramiento de manera continua y sistemática, no porque tengan que rendir cuentas a la CNA. Vemos que han ido internalizando la capacidad de mirarse a sí mismas, de evaluarse, de definir dónde están sus fortalezas y debilidades. Este proceso de autoevaluación ha ido creando capacidades al interior de las instituciones que antes no existían.
¿Qué peso tienen las acreditaciones internacionales que algunas instituciones destacan en su oferta educativa?
La competencia para verificar la publicidad de las instituciones es de la Superintendencia de Educación Superior, la que definió que la acreditación es una acción y un resultado que pertenece exclusivamente a la CNA. Dentro del país, ninguna otra entidad puede reclamar el nombre “acreditación” para los procesos que realiza, lo que fue ratificado por la Contraloría General de la República. Hay agencias que no están en Chile, y que llaman acreditación a sus procesos. Nadie en Chile tiene competencia jurisdiccional extraterritorial para prohibirle a los alemanes, a los españoles o a los estadounidenses que no le llamen así. Por eso, es importante que las propias instituciones tengan una cierta disciplina: no es lo mismo una acreditación internacional que la acreditación de la CNA en Chile. Aquella puede ser muy útil para propósitos de mejora continua, pero la acreditación que vale en nuestro país es la de la CNA y las otras no son relevantes jurídicamente acá.
Se ha instalado el debate sobre el bajo nivel de empleabilidad de las carreras que se imparten. ¿Cómo se enfrenta este problema?
En todo el mundo hay una preocupación muy importante sobre la empleabilidad y la manera en cómo las instituciones de educación superior aseguran -dentro de lo posible- que están dando formación que es pertinente para el mundo del trabajo. Y las agencias de acreditación en el mundo, como la nuestra, necesitan responder también a la sociedad en su conjunto; y, de hecho, en esta lógica, la CNA convocó a su Consejo de la Sociedad Civil, el que está conformado por asociaciones de gremiales de empleadores que son muy relevantes para el mundo del trabajo. Queremos unir las dos cosas: la empleabilidad con una escucha respecto de lo que la sociedad espera del sistema de educación superior.
Los criterios y estándares de acreditación se pueden modificar cada cinco años. ¿Cómo están enfrentando este proceso, teniendo en cuenta que en 2028 se podrían cambiar los actuales?
La evaluación que nosotros tenemos es que los criterios y estándares de acreditación, sean institucionales, pregrado o posgrado, han funcionado bien. Por lo tanto, no vamos a hacer nuevos criterios y estándares, sino que vamos a hacer pequeños ajustes en algunos puntos en que creemos que podrían ser más explícitos o en los que generan ambigüedades o inconsistencias entre pregrado, posgrado e institucional. Esto no va a ser un partir desde cero. Tomaremos lo que está y haremos ajustes de manera que funcionen mejor. Quiero señalarles a las instituciones del sistema que no vamos a abrir la puerta a nuevas ideas sobre qué se debe evaluar, en parte porque los criterios, en general, están funcionando bien. Y, en segundo lugar, porque la instalación de los actuales criterios ha significado para las instituciones un ajuste muy importante y todavía todos estamos aprendiendo a aplicarlos. Vamos a hacer una propuesta que será puesta en consulta al sistema todo 2027. La idea es poder tener estos ajustes aprobados para que empiecen a regir hacia fines de 2028.
¿Estos ajustes van a tomar en cuenta las recomendaciones que realizó la Fiscalía Nacional Económica, que acusó falta de transparencia y que el retorno de la inversión de los estudiantes era negativo?
Esa es una de las ideas que está circulando. Nosotros creemos que, en el caso de las universidades, se podría hacer más explícita la preocupación por la empleabilidad. En el caso de la formación técnico-profesional hay un criterio específico, completo, sobre empleabilidad. Por lo tanto, sería útil para todo el sistema que nosotros señalemos, en ese punto particular, que se va a abordar en el ámbito de la docencia y los resultados del aprendizaje. Y, por lo tanto, en materia de resultados del aprendizaje, quizás la CNA podría ser más explícita en señalar que nos interesa que las universidades apoyen con más énfasis la empleabilidad de sus graduados, cosa que, en general, las universidades hacen, pero probablemente se podría poner un mayor énfasis en asegurar la pertinencia entre lo que se está formando en la universidad y, luego, cuáles son las perspectivas de trabajo.
“El problema es que las carreras están sobrecargadas de asignaturas”
En el ámbito universitario se plantea que las carreras son muy rígidas, excesivamente especializadas, y que se requiere más flexibilidad. ¿Cuál es su mirada?
Hay una rigidez, es cierto, pero no hay que olvidar que en Chile, a diferencia de lo que ocurre en Europa o en Estados Unidos, las personas que terminan una formación universitaria obtienen un título profesional, no solamente una credencial académica, por lo que están habilitadas desde el día uno para ejercer una profesión incondicional y perpetuamente. Dicho eso, en nuestra formación enseñamos muchas materias por si acaso. Y luego de la graduación viene una trayectoria personal de cuarenta años en que las personas van a seguir aprendiendo y siendo capaces de realizar funciones más avanzadas. Por lo mismo, no es razonable que la universidad piense que esas capacidades de desarrollo profesional más avanzadas tienen que darse en el pregrado, que es lo que pasa con nuestra formación. Entonces, para mí, el problema no es tanto si las carreras duran cuatro o cinco años, el problema es que están sobrecargadas de asignaturas. Y cuando tienes una formación en que un estudiante tiene que tomar seis asignaturas por semestre, es bien razonable que elija a cuáles ramos le va a poner esfuerzo y a cuáles no. Me gustaría que las instituciones racionalizaran el currículum, no en cuanto a la duración, sino en cuanto a lo que está dentro de cada año de formación.
¿Cómo están viendo en la CNA el fenómeno creciente de la educación online?
Actualmente, hay instituciones en el sector técnico-profesional, no universitario, por ahora, que son completamente online y que están acreditadas. Por lo tanto, la CNA ha evaluado como satisfactorio lo que hacen en términos de calidad. Lo que estamos viendo desde la pandemia es que las instituciones presenciales, especialmente las universidades, están empezando a hacer programas híbridos, mixtos, semipresenciales. Eso está muy bien, pero es necesario que se vaya más allá de simplemente poner al profesor y al estudiante delante de una cámara en una clase presencial, pero a distancia, en que el 80% de las cámaras están apagadas.
¿Es confiable la educación online que se está impartiendo en estos momentos?
Lo que ocurre acá es que los criterios y estándares de acreditación actuales no distinguen entre formación presencial y formación no presencial. Sin embargo, la formación no presencial tiene ciertos atributos de calidad que la CNA pensó que era necesario explicitar y, por lo tanto, está en fase final de elaboración, y se van a publicar prontamente, orientaciones para las instituciones que ofrecen formación online, de manera que su proceso de autoevaluación ponga en foco en aquello que a la comisión particularmente le interesa. Con el paso del tiempo, vamos a ir afinando la manera en cómo eso se evalúa a través de los puntos que en estas orientaciones se señalan.





