La inteligencia artificial ya comenzó a entrar en uno de los procesos más sensibles de las universidades: la evaluación de los profesores.
En la Universidad Iberoamericana, un agente de inteligencia artificial entrevista a estudiantes para obtener una evaluación cualitativa de sus docentes, procesa las respuestas y genera una síntesis que posteriormente es revisada y validada por los propios alumnos.
El sistema forma parte de una nueva modalidad de evaluación docente que busca obtener información más amplia que la que ofrecen los cuestionarios tradicionales.
Luis Medina-Gual, director de Innovación Educativa de la Ibero, explicó que el agente conversa con los estudiantes y les permite ampliar o corregir sus respuestas. Incluso pueden solicitar que se genere nuevamente una pregunta cuando consideran que no les permite expresar adecuadamente su experiencia.
La diferencia frente a una encuesta convencional está en la cantidad y naturaleza de la información que puede obtenerse: en lugar de limitar al alumno a responder una serie de reactivos predeterminados, la herramienta busca generar narrativas cualitativas sobre la experiencia en el aula.
Sin embargo, la universidad estableció un límite para el uso de esta información.
Los resultados generados con apoyo de inteligencia artificial no están diseñados para convertirse automáticamente en una decisión laboral sobre un profesor, como su permanencia o despido.
El propósito es utilizar la información para identificar áreas de mejora, dar seguimiento al trabajo docente y enriquecer la evaluación.
La última palabra sigue siendo humana
El caso abre una discusión que va más allá de la herramienta utilizada: ¿hasta dónde puede intervenir una inteligencia artificial cuando la decisión afecta directamente a una persona?
Para Medina-Gual, una decisión automatizada que tenga consecuencias sobre una persona debe mantener tres garantías: que exista un responsable humano, que pueda reconstruirse cómo se llegó al resultado y que la persona afectada tenga posibilidad de apelar.
Es decir, la IA puede recopilar, organizar y sintetizar información sobre el desempeño de un profesor, pero no debería convertirse por sí misma en quien determina su futuro laboral.
La frontera cobra relevancia conforme las universidades incorporan inteligencia artificial a procesos que antes dependían exclusivamente de cuestionarios, comités y evaluaciones realizadas por personas.
En el caso de la Ibero, el uso de IA también permite experimentar con una evaluación más cualitativa: el estudiante no sólo califica a su profesor, sino que puede explicar qué ocurrió, desarrollar su respuesta y posteriormente revisar si la síntesis elaborada por la herramienta representa adecuadamente lo que quiso decir.




