¿Cómo evalúa los primeros seis meses del gobierno en materia económica?
-Se agradece que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, haya llegado con un plan claro y trabajado. El ministro aprobó el proyecto de Reconstrucción en tiempo récord y eso habla de una buena gestión política. Es una reforma importante y sus aspectos procrecimiento van en la dirección correcta. Mis críticas a los temas ‘no crecimiento’ las mantengo: contribuciones, temas de política industrial… Este debe ser un puntapié inicial a una serie de reformas estructurales que apalanquen el crecimiento tendencial de mediano y largo plazo, y que debiera ser el legado del actual gobierno.
Decirle megarreforma a esta ley es un mal nombre, porque da la sensación de que con esto ya estamos (listos). Y no lo estamos. Esta reforma agrega medio punto de crecimiento adicional, en promedio, de aquí al 2040; del 2% mediocre, a un 2,5%. Esto es importante, pero nos falta para saltar al 3% ó 4%. Hay que seguir pedaleando y seguir haciendo reformas estructurales.
De todas formas, lo hecho está muy bien en el largo plazo y celebro que el gobierno tenga un sello procrecimiento. Pero lo que está pasando la cuenta hoy es la situación de corto plazo, que tiene que ver con los shocks externos, con factores internos; seis meses después (de iniciado el gobierno) ya no basta con echarle la culpa al gobierno anterior; tú estás a cargo de la guitarra y hay que tocarla.
Entonces, debiera haber un segundo tiempo de reformas estructurales…
-Necesitamos otras reformas estructurales y que son difíciles. Una de ellas es la reforma al empleo público y ahí trataría de ir más allá del Gobierno Central; este problema también es de los municipios. Este es un problema de gestión, de eficiencia económica. Se pueden cambiar las reglas, pero quienes ejecutan esas reglas son personas, funcionarios; y si no tienen los incentivos adecuados, la pelota igual puede terminar trancada.
Luego, las reformas laborales. El gran elefante en la cristalería es que tenemos reglas laborales que, con suerte, son funcionales al siglo XX. Hoy hay un montón de cambios tecnológicos que están pasando a una velocidad vertiginosa. Un sistema o empresa que no adapta sus reglas a su entorno, muere, y eso se llama desempleo e informalidad. La tasa de desempleo en Chile desde 2010 en adelante, salvo excepciones, ha estado siempre arriba del 7%; la hemos normalizado, cuando lo normal debería ser que tuviéramos una tasa de 4% ó 5%.
También está la reforma a las reglas del sistema político. Sé que no es un tema sexy para el mundo político, pero es estrictamente necesario, porque en un sistema político atomizado, disfuncional y díscolo, es muy difícil lograr acuerdos para estas grandes reformas de mediano y largo plazo. El país hoy tiene un péndulo muy bien anclado donde la palabra crecimiento está de vuelta; eso no era así hace 5 años. Hoy todos reconocemos que el crecimiento es fundamental.
También necesitamos un “Permisos 2.0”; es perfectamente factible, porque es un área donde existe un consenso país. ¿Qué cosas adicionales abordar? Hoy no existe en nuestro ordenamiento una definición clara que oriente a todos los servicios públicos y que diga: en las evaluaciones ambientales o lo que sea, hay que fijarse en costos y beneficios. Hoy nos fijamos solo en los costos. En segundo lugar, debemos volver al espíritu original de las declaraciones de impacto ambiental y que era que fueran permisos simplificados, declaraciones juradas; eso se desvirtuó. Tercero, fortalecer al SEA como responsable central de la evaluación ambiental, limitando el rol disperso de los Oaeca (Organismos de la Administración del Estado con Competencia Ambiental). A su vez, la evaluación temprana de los proyectos tampoco estuvo incluida en las reformas que se hicieron. Por último, la Ley Lafkenche es un freno al desarrollo importante y está completamente desproporcionada respecto al objetivo que se quiere resguardar.
Ciclo recesivo
¿Qué tanto influyeron el “bencinazo”, el relato “catastrofista” sobre la economía con el que entró este gobierno y el repliegue o ajuste del gasto público, en el frenazo económico que vivimos?
-Es una conjunción de factores. Hay una parte importante de la caída de la actividad que se explica por la minería y que obedece a factores que no son tan cíclicos, que son bastante más estructurales y que tienen que ver con caídas de la ley (del mineral). Pero también hemos estado sometidos a varios shocks externos. El primero de ellos fue el alza de aranceles que partió en 2025. Para un país pequeño y abierto hay costos económicos relevantes. La subida de los combustibles es un shock grande no sólo para el bolsillo de los hogares, quienes naturalmente rebalancean sus decisiones de consumo, sino también a nivel productivo.
Respecto al traspaso de los combustibles, quiero situarme en el medio de la discusión. El ministro tiene razón en que esto al final se traspasa igual, porque Chile es un importador de petróleo y no hay caja que aguante para mantener subsidiados los combustibles. La pregunta era si se hacía de una vez o “en tres cuotas precio contado”. Siempre he pensado que hacerlo de una manera algo más gradual hubiera sido bienvenido, ya que un “pencazo” de este tipo para una familia, asusta. Eso afectó las expectativas negativamente, aunque con espejo retrovisor siempre es fácil.
Si a esto se suma un discurso catastrofista en campaña y al inicio del gobierno, del cual siempre he sido crítico… Esa es la receta para la profecía autocumplida. Los gobiernos tienen que tener una épica, tienen que tener una mirada realista, pero esperanzadora. Todos estos factores contribuyeron a un clima más pesimista.

¿Cómo se sale, entonces, de este fango recesivo de corto plazo y del alto desempleo?
-Lo primero es decir que la hoja de ruta de mediano y largo plazo para un mayor crecimiento apunta a las reformas estructurales que se necesitan. Pero también el corto plazo es fundamental. Priorizar la emergencia laboral de corto plazo es condición para avanzar en las reformas económicas de largo plazo que aumenten la velocidad de crecimiento.
Puede suceder que el próximo año la economía crezca 3%, pero con un desempleo que esté arriba del 9%. En ese escenario la gente puede decir: ‘¿De qué crecimiento me hablan si a mí no me está llegando?’ Entonces, este buen “momentum” en que la palabra crecimiento está de vuelta, podría arriesgar a irse. Si no hay alineamiento social ese péndulo se podría mover rápidamente y se podría perder la oportunidad de hacer esas reformas estructurales.
Si no se aborda y no se entrega una señal maciza, creíble, de que el compromiso del gobierno está puesto en la emergencia de corto plazo, esas reformas que necesitamos se hacen más difíciles.
¿Y la vía inmediata es más activismo fiscal?
-En lo inmediato no hay otra que más activismo fiscal. Acá hay dos palancas: una es la inversión pública y la otra son los subsidios directos a la contratación, como lo que hicimos en pandemia. Ambos instrumentos tienen que estar considerados.
En el próximo Presupuesto hay que dar una señal muy clara de que esta es la primerísima prioridad del gobierno en lo inmediato. El Presupuesto 2027 tiene que ser el del trabajo. Es cierto que ni las obras públicas ni los subsidios son capaces de eliminar completamente el problema de desempleo, pero lo morigeran, y muestran una actitud de que el gobierno está comprometido. Es decir, pones la plata donde está tu boca.
Es cierto que no hay plata, pero nunca nos olvidemos que gobernar es priorizar. Si esta es la principal prioridad social hoy, se va a tener que desvestir otras prioridades y reasignar de forma tal, de concentrar los recursos acá. De todas formas, para que no nos pasemos películas, hay que aterrizar los números: U$$ 1.000 millones de inversión extra en obras públicas son más o menos 15 mil puestos de trabajo. No son tantos. US$ 1.000 millones en vivienda, a su vez, son del orden de 30 mil puestos de trabajo. En suma, estamos hablando de 45 mil puestos de trabajo y eso es la mitad de un punto de desempleo. Un fondo de US$500 millones para un subsidio de medio salario mínimo podría generar una creación neta de empleo para unas 40 mil personas.
Entonces, a modo ilustrativo, estoy hablando de un paquete de US$2.500 millones. Eso es un cerro de plata. Esto te activa, en el mejor de los casos, una reducción de menos de un punto de desempleo. Por eso el ministro Quiroz tiene razón. Al final, el único antídoto para esto es crecer.
¿Pero este mayor activismo fiscal es contradictorio, doctrinariamente, con la idea del gobierno de replegar el Estado y de hacer ajustes fiscales de gran magnitud?
-El ministro Quiroz ha dicho que él es extremadamente pragmático. De hecho, ya ha anunciado que viene un plan de obras públicas, lo que refleja ese pragmatismo. Pero el gobierno también se ha salido de la doctrina en varias cosas, por ejemplo, en materia de contribuciones; tiró a la basura el principio de focalización que en la derecha siempre hemos defendido. Ha hecho política industrial en la ley de Reconstrucción. Yo pensaba que la política industrial era de la izquierda.
Entonces, en el corto plazo la política fiscal ayuda, hay que verla como un puente. No puede ser algo permanente. El empleo lo da el crecimiento económico y la actividad privada. Pero hay que verlo como un puente que te permite conectar las reformas estructurales, que ya tuvieron un puntapié inicial, con otras reformas estructurales, las que son fundamentales para que este auto que se llama Chile deje de andar a 50 kilómetros (km) por hora y pase a andar, de manera sostenida, a 100 km por hora. Si tú no haces ese puente, ese auto no puede avanzar. Ese es el puente que hay que pensarlo en términos tácticos, amén del problema social que significa tener un millón de personas sin trabajo.
¿Con estos anuncios está viendo a un ministro Quiroz más pragmático?
-Sí, absolutamente. Ojalá sea bien pragmático, porque necesitamos también varias otras reformas estructurales para que al auto llegue a los 100 km por hora de manera sostenible. Y esas reformas son difíciles. Si no hay pragmatismo para hacerse cargo de la emergencia laboral de hoy, la agenda de reformas largo plazo se complica. Entonces, la táctica por supuesto que importa. Y si eso implica un pragmatismo que se salga de la ortodoxia transitoriamente… el ministro tiene claro que al definirse como pragmático está dispuesto a hacerlo. La guitarra hay que tocarla distinta, dependiendo del contexto.
¿Le ha sorprendido ese pragmatismo de Quiroz?
-Es que ese pragmatismo hasta ahora lo ha anunciado, ahora hay que ver cómo se manifiesta en lo que sigue. El Presupuesto 2027 va a ser un buen test de pragmatismo para Quiroz. Esta emergencia (laboral) es de lejos de las más importantes. Hay que hacerse cargo con pragmatismo y me parece que puede verse reflejado en un Presupuesto que crezca algo más que el 0% a 1% que se ha dicho.

El clima externo a la economía chilena está complejo con la guerra en Medio Oriente. Las tasas del bono del Tesoro de EE.UU. están altas. ¿Son las turbulencias externas la gran amenaza para la recuperación de Chile en el corto plazo?
-Es un factor de riesgo que no se puede soslayar. El escenario base de crecimiento de 2027 es indudablemente mucho mejor que el de este año. Pensar en un rango de 2,5% de crecimiento para 2027 es razonable. Pero sería cuidadoso con el optimismo desbordante más allá, porque tenemos shocks externos que nos están pegando. Estoy muy preocupado por el aumento de las tasas largas. Sería optimistamente cauteloso.
Por otro lado, quiero decir que en el largo plazo lo que importa es la velocidad crucero del auto, de la economía. Ese es el crecimiento tendencial. ¿Por qué digo esto? Porque al final del gobierno, por el boom de inversión minera y de energía, se pueda tener un crecimiento spot de 4% y, por supuesto, el mundo político va a decir: ‘Vieron como yo hice crecer a la economía al 4%’. Pero lo que importa es lo que dice el ministro Quiroz y que se relaciona con la importancia de ser capaz, o no, de generar crecimiento tendencial, la velocidad de crucero sostenible. Esa es la métrica con la cual hay que evaluar.
Los riesgos del MK4
¿Cómo evalúa el proyecto de reforma al mercado de capitales (MK4)? Hay analistas que destacan el pragmatismo de Quiroz al crear un fondo con garantía estatal para viviendas (Fonavi), una medida que también podría haber lanzado un gobierno de centroizquierda…
-Es interesante eso último. Recuerdo cuando se creó el FAPP (Fondo Autónomo de Protección Previsional). Hubo críticas del mundo que se opuso esa reforma y que eran que esta era una forma de esconder deuda pública, con garantía estatal, de sacarla del balance. Bueno, acá con la guitarra en mano, se crea un vehículo que sigue esa misma lógica. No sé qué irán a decir los críticos en su momento, cuando les toque discutir este proyecto en el Congreso.
En relación al MK4, todo lo que sea profundizar nuestro mercado, limar asperezas, es bienvenido. Esta reforma va en la dirección correcta. Como ha dicho el propio gobierno, no es algo que mueva la aguja del crecimiento de forma significativa; me hubiera gustado haber visto medidas más micro, más asociadas al mundo de la nueva economía.
De todas formas, la atención del proyecto se la ha llevado este fondo de garantía, que es un instrumento que le permite dar mayor profundidad a ese mercado (hipotecario).
¿Visualiza riesgos en este fondo de garantía estatal?
-Crear un fondo tiene muchas virtudes para profundizar el crédito hipotecario, pero también un riesgo de selección adversa que hay que calibrar bien en el diseño: que los bancos tomen riesgo excesivo al cursar un crédito, le traspasen la cartera riesgosa al Fonavi, y que el costo lo paguemos todos los chilenos. No olvidemos que el Fonavi puede llegar a apalancar créditos por hasta US$20.000 millones.
Se dice que el objetivo es asemejar la tasa hipotecaria al costo de endeudamiento del Fisco -la tasa libre de riesgo-, pero eso es extraño: un crédito hipotecario tiene riesgo, y ese riesgo tiene precio. Si se prestase a la tasa soberana, el riesgo se lo “come” el Fisco que garantiza la deuda del fondo. No hay almuerzo gratis.
Se ha planteado una primera pérdida de 3,5% por cada crédito de cargo del banco. Pero aplicado crédito a crédito, ese porcentaje es bajo y no resuelve la selección adversa. Más adecuado sería un deducible sobre la cartera completa traspasada al Fonavi, no por cada crédito. Así lo hicimos en el Fogape, en la pandemia, para proteger a los contribuyentes, y el programa logró ser masivo. Seguramente faltan detalles, pero es clave que esta discusión esté en el trámite legislativo.





