Iñaki Ortega propone que el debate sobre el envejecimiento incorpore, junto con las necesidades de protección social, el aporte económico de las personas mayores. Este economista español plantea que prolongar voluntariamente la vida laboral, integrar a distintas generaciones en las empresas y desarrollar bienes y servicios para una población más longeva son aspectos de una misma transformación.
Ortega es coautor, junto con Antonio Huertas, de La revolución de las canas, un libro sobre las oportunidades económicas asociadas al envejecimiento. El próximo 6 de octubre participará como expositor principal en el seminario “Chile 100: Construyendo juntos la Nueva Longevidad”, organizado por ILC. Antes de su visita, dice que Chile tiene la oportunidad de anticiparse al cambio demográfico y cuestiona que las decisiones públicas y empresariales sigan asociando la vejez principalmente con debilidad y dependencia.
Su propuesta de facilitar la continuidad laboral requiere una distinción para el caso chileno: como regla general, pensionarse por vejez no obliga a dejar de trabajar, aunque existen excepciones y normas especiales. En ese contexto, el debate también involucra las condiciones efectivas de acceso y permanencia en el empleo.
¿Cuál considera que es el principal error de las empresas y los gobiernos al abordar el envejecimiento demográfico?
El principal error es seguir pensando que una persona mayor es, ante todo, alguien a quien hay que proteger. Es un sesgo que viene de nuestra cultura y de lo que ocurrió durante miles de generaciones: cumplir años significaba perder fuerza física y, con ella, la posibilidad de obtener ingresos. Llegaba un momento en que se dependía de la ayuda de la familia. Esa historia ha asociado la vejez con la debilidad. Por eso, incluso con buena intención, seguimos tomando decisiones paternalistas y edadistas: retirar a las personas, cuidarlas o darles subsidios, sin considerar todo lo que pueden aportar a un país.
Hoy, una persona de más de 55 años puede tener salud, bienestar, capacidad y un capital social acumulado que le permiten afrontar el futuro en buenas condiciones. Y sí, por supuesto que hay diferencias. No es lo mismo tener 55, 60 o 65 años que 90, como tampoco es lo mismo una persona de 30 años con salud que otra sin ella. Esa diversidad la reconocemos en otras edades, pero tendemos a considerar que todos los mayores son débiles o que representan un problema para el país. Yo defiendo que son una oportunidad.

¿Cómo se puede compatibilizar la protección social con una mayor autonomía económica de las personas mayores?
Los Estados tienen que garantizar que no se produzcan injusticias. Es injusto que alguien que ha trabajado toda su vida se quede sin ingresos. Para eso nacieron los sistemas de previsión social, como el que instauró Bismarck en Alemania hace más de 100 años. También es injusto que una persona muera porque no recibe atención médica; por eso tenemos sistemas de salud. Pero que existan esos servicios no significa que sean gratuitos. Tienen un costo que la sociedad debe financiar y durante mucho tiempo, la pirámide poblacional nos permitió hacerlo. El problema es que, si mantenemos el mismo esquema, no habrá suficientes personas para financiar todo el gasto en pensiones y salud.
Eso nos deja ante dos alternativas: reducir las prestaciones o aumentar los impuestos, y ambas tienen consecuencias negativas. No queremos pensiones más bajas ni una salud que nos cubra menos, pero tampoco parece justo que cada vez menos trabajadores soporten una carga tributaria mayor. La economía plateada puede cambiar esa dinámica. Si las personas mayores pueden prolongar su vida laboral o compatibilizar el trabajo con su pensión, seguirán recibiendo ingresos y pagando impuestos. Al mismo tiempo, los servicios dirigidos a este grupo, que crece de forma constante, generan empresas y empleo para los más jóvenes.
Así se crea un círculo virtuoso: las personas mayores consumen, las empresas ofrecen bienes y servicios, contratan trabajadores y pagan impuestos. Esa actividad puede ayudar a sostener las prestaciones sociales. A eso me refiero con “la revolución de las canas”. Tenemos que cambiar la dinámica para preservar un logro histórico: que nadie se quede atrás. Pero no podemos hacerlo sin tomar decisiones difíciles.
¿Cómo propone reabrir en Chile la discusión sobre la edad de jubilación?
Tenemos que volver a lo esencial y entender que cumplir años con salud y con ingresos es una bendición. Es el sueño de la civilización. Chile tiene una esperanza de vida que supera a la de Estados Unidos, y eso es un verdadero logro. Es un país que sigue ganándole a la vida dos o tres meses cada año. Sumado a eso, debemos tener en cuenta que las condiciones físicas de una persona de 60 años hoy pueden corresponder a las de alguien de 50 hace medio siglo. Yo digo que los 60 son los nuevos 40. Yo tengo 54 años y no me siento un anciano, pero mi bisabuelo a esa edad ya lo era.
Por lo tanto, si han cambiado tantas cosas, no tiene sentido mantener la edad de jubilación como si nada hubiera pasado. No podemos privar a la economía chilena del talento de personas que quieren y pueden seguir aportando. Quien quiera seguir trabajando y tenga salud debería poder hacerlo. Voluntariamente, por supuesto, y en trabajos que no impliquen una exigencia física incompatible con sus condiciones.
Existen muchas fórmulas en la experiencia internacional: los minijobs de Alemania, la jubilación parcial o la jubilación activa. Una persona podría trabajar algunos días de la semana, solo por las mañanas o combinar un empleo con su pensión. Además, ¿qué capacidad tendrán las empresas para ofrecer los bienes y servicios que necesita una población mayor si sus trabajadores no entienden a ese público? Sería una contradicción tener un Chile canoso y empresas integradas únicamente por jóvenes. Necesitamos combinar generaciones.
¿Qué les respondería a quienes temen que prolongar la vida laboral beneficie solo a algunos y se convierta en una obligación para quienes tienen menos recursos?
La política pública más progresista ahora es permitir que la gente trabaje por más tiempo. Lo más regresivo es impedir que la gente trabaje. Tener ingresos genera autonomía; quedarse sin ellos puede significar depender de otros. Creo que uno de los grandes cambios que veremos es que el trabajo será sinónimo de salud, porque permite socializar y obtener ingresos para una vida cada vez más larga. El sistema de pensiones se diseñó para que las personas vivieran unos cinco años después de jubilarse. Hoy viven 20 o 25 años más, y esa tendencia no se va a detener. Si no hacemos cambios, no habrá sistema que lo soporte. Quienes puedan seguir obteniendo ingresos estarán mejor preparados para esa vida más larga. Eso no significa eliminar las pensiones, sino que una persona pueda recibir su pensión y, al mismo tiempo, tener ingresos por su trabajo.
Los fundadores del sistema de bienestar chileno no podían prever que habría cuatro millones y medio de personas de más de 55 años, ni que los mayores representarían más de una quinta parte de la población. Por lo tanto, tenemos que reinventar ese sistema sobre la base de la justicia social y sin discriminación. Si una persona tiene salud y quiere seguir trabajando, ¿por qué impedírselo?
¿Existe una asociación errónea entre innovación y juventud?
Es una percepción que lleva décadas instalada. Tiene mucho que ver con las empresas puntocom, Silicon Valley y las startups, que consolidaron una imagen de juventud, diversión y disrupción. Sin embargo, el Monitor Global de Emprendimiento (GEM) muestra que las empresas creadas por mayores de 45 años son las que más sobreviven y las que más empleo generan. Cuando miramos a los fundadores de empresas con gran impacto económico y social, encontramos a personas que superan esa edad, con mucha formación y experiencia acumulada.
La innovación es aportar novedad con valor. Y lo nuevo no tiene que ser quien innova, sino aquello que hace. Ahí está el primer error. El segundo es no mirar cómo cambia la economía. Los invito a revisar los ingresos, la capacidad de ahorro, la aportación fiscal y la participación laboral de cada grupo de edad. Nos encontraremos con situaciones que antes no ocurrían: que las personas mayores son las que más ahorran, que hay más emprendedores senior que jóvenes y que pronto habrá también más trabajadores senior.
El mercado es dinámico. Si seguimos tomando decisiones con una fotografía del pasado, nos equivocaremos y dejaremos de ver la oportunidad que representan personas que seguirán trabajando y consumiendo.
¿Qué deberían hacer las organizaciones para fortalecer la relación entre generaciones en los ambientes laborales?
Lo primero es reconocer que existe una amenaza que no estamos asimilando lo suficiente: la ruptura generacional. Chile se ha construido como una cadena cuyos eslabones son las distintas generaciones. Unas han dado a otras trabajo, experiencia, cuidados, una herencia y valores. Esa continuidad ha contribuido a construir el país. El vínculo se rompe cuando los jóvenes empiezan a pensar que los mayores se llevan sus impuestos o sus futuras pensiones, o cuando los mayores descalifican a los jóvenes con el argumento de que no son lo suficientemente trabajadores.
Pero no hay que olvidar que la diversidad genera riqueza. Por eso, una empresa debería preguntarse si su equipo reúne a distintas generaciones. Si mi empresa no es un espejo de la demografía de Chile, no voy a servir bien a Chile. Lo mismo ocurre con la administración pública.
¿Qué experiencias internacionales debería observar Chile?
Lo primero es adoptar una mirada optimista, porque los efectos positivos del envejecimiento pueden superar a los negativos. Vivir más años y con salud es una de las mejores cosas que nos están pasando, y tenemos que convertirlo en una oportunidad. Japón lleva mucho tiempo trabajando en ello. También hay experiencias en Portugal, Grecia y España. Y está el estado de Florida, que desde hace décadas recibe a personas que se retiran y desarrolla bienes y servicios para ellas. Allí también hay personas mayores trabajando para otras personas mayores. Eso es economía plateada.
¿Qué medidas concretas destacaría de esos países?
Grecia y Portugal han impulsado fórmulas como las visas doradas para atraer residentes. Portugal ofreció ventajas tributarias a jubilados extranjeros porque su llegada también generaba actividad: compraban viviendas, consumían y demandaban servicios médicos. En España se está avanzando en la jubilación parcial y en la posibilidad de combinar trabajo y pensión. Grecia también ha desarrollado incentivos fiscales para que resulte atractivo seguir trabajando.
Suecia y Alemania son otras buenas referencias. En Suecia, prácticamente el 90% de los mayores de 55 años trabaja, porque existe un sistema que favorece esa participación. Alemania tiene los llamados minijobs, que permiten combinar trabajo y tiempo libre. Claramente hay experiencias en las que Chile puede inspirarse. No obstante, no se trata de copiar y pegar, sino de que cada país adapte las ideas a su realidad, sus normas y su tradición de políticas públicas.
¿Qué papel debería asumir el sector privado chileno en el desarrollo de la economía plateada?
Las empresas deben entender que tienen por delante un cambio muy profundo. Pueden esperar a que llegue o adelantarse. Si no se preparan, muchas de las bases sobre las que toman sus decisiones quedarán en entredicho. Si se anticipan, tienen una gran oportunidad de ser pioneras. Los negocios de la economía plateada no se limitan a los cuidados. También tienen que ver con una nueva oferta de bienes y servicios para una población distinta. Muchas personas de más de 55 años sienten que no se les ofrece lo que necesitan.
También hay oportunidades en el ocio y el bienestar. En muchos países, las personas mayores son las principales consumidoras de actividades de tiempo libre y de gimnasios. La preocupación por el envejecimiento no empieza a los 80 años; empieza mucho antes, a los 50. Las empresas necesitan hacer ese cambio cultural: dejar de pensar en la vejez únicamente como debilidad y entenderla como un regalo inesperado, como un dividendo que nos ha dado la civilización. Tenemos que aprovecharlo.





