Tres de cada cuatro docentes perciben un aumento en la identificación de estudiantes neurodivergentes, pero más de la mitad considera que no está preparado para atender esta situación en las aulas.

Según un estudio realizado por la plataforma Emmi entre 316 docentes, directivos y coordinadores escolares de preescolar y primaria, la mayor identificación de alumnos con distintas necesidades de aprendizaje representa un reto para las comunidades educativas.

Entre los perfiles señalados con mayor frecuencia se encuentran el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el autismo, identificados por seis de cada 10 encuestados.

En particular, casi tres de cada 10 participantes mencionaron al autismo como el perfil que encuentran con mayor frecuencia.

Sin embargo, el reconocimiento de esta diversidad no necesariamente está acompañado por una preparación suficiente para atenderla.

Más de la mitad de los participantes manifestó no considerar alta su preparación para adaptar sus clases a estudiantes neurodivergentes, mientras que 50 por ciento señaló la falta de capacitación o de tiempo para brindar atención personalizada como una de las principales barreras.

Los resultados apuntan a una brecha entre la identificación de estudiantes que requieren apoyo y las condiciones de los docentes para responder a esas necesidades en el aula.

El desafío implica adaptar las actividades y estrategias de enseñanza sin dejar de atender al resto del grupo, particularmente en salones donde conviven estudiantes con diferentes ritmos, niveles de avance y aprendizaje.

La atención de la neurodiversidad requiere identificar las necesidades de los alumnos, así como contar con herramientas, capacitación y tiempo para que los docentes puedan realizar ajustes durante la jornada escolar.

El estudio también plantea que la atención diferenciada puede ser una carga adicional para los maestros cuando deben hacer adecuaciones y seguimiento de cada estudiante.