Irán no abandonará el enriquecimiento de uranio ni entregará el que posee, dijeron el jueves los medios estatales citando al director de la Organización de Energía Atómica del país, Mohammad Eslami, después de que Estados Unidos afirmara que la república islámica debe llevar a cabo reducciones "significativas" en su capacidad de enriquecimiento.

Eslami, que dijo que las renovadas amenazas de Estados Unidos contra las instalaciones nucleares iraníes no son "nada nuevo", afirmó que el enriquecimiento es "una parte inseparable" del proceso nuclear.

Las declaraciones de Eslami se producen después de que Irán y Estados Unidos intercambiaran propuestas en las últimas semanas con el objetivo de poner fin al conflicto y reabrir el estrecho de Ormuz, una ruta vital para el transporte mundial de energía.

El ministro de Asuntos Exteriores Abbas Araqchi declaró el jueves que Irán podría responder en unos días a la réplica de Washington a su propuesta, según la cual el estrecho de Ormuz podría reabrirse en un plazo de siete días si se cumplieran las condiciones necesarias.

El enriquecimiento es una parte integral del proceso nuclear, y no lo abandonaremos bajo ningún concepto. ¿Cómo se puede afirmar que se tiene una industria nuclear si no se cuenta con el punto de partida del proceso? La industria nuclear es el motor de la ciencia y la tecnología", añadió Eslami.

Donald Trump sostuvo más tarde el jueves que Estados Unidos está manteniendo conversaciones productivas con Irán y que no lanzará ningún ataque antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre.

Israel, Estados Unidos y otros países occidentales llevan mucho tiempo acusando a Irán de intentar fabricar armas nucleares, señalando, entre otras cosas, su decisión de enriquecer uranio al 60 por ciento, un porcentaje muy superior al necesario para usos civiles y más cercano al 90 por ciento requerido para fabricar un arma.

Irán niega que esté buscando armas nucleares. Las autoridades iraníes han afirmado que Teherán podría aceptar diluir su uranio más altamente enriquecido.

El uranio que nadie logra rastrear

El Organismo Internacional de Energía Atómica estima que antes de los bombardeos de junio de 2025 Irán almacenaba 440.9 kilogramos de uranio enriquecido al 60 por ciento, suficiente para fabricar varias bombas si se llevara al 90 por ciento. Desde entonces, Teherán no ha permitido el regreso de los inspectores a las instalaciones atacadas, por lo que el organismo no puede verificar cuánto material queda ni dónde está.

El director general, Rafael Grossi, indicó que la mayor parte probablemente permanece en los túneles de Isfahán y en Natanz, aunque admitió que era lógico suponer que Irán movió parte antes de los ataques, y un informe de septiembre calificó esa falta de información como motivo de preocupación en materia de proliferación que debe atenderse con la máxima urgencia.

La postura de Washington sobre el enriquecimiento ha variado durante el conflicto. En las negociaciones previas a la guerra, el enviado especial Steve Witkoff sostuvo que Estados Unidos no podía permitir “ni siquiera 1 por ciento” de capacidad de enriquecimiento, mientras Irán defendía su “derecho inalienable” a enriquecer.

Esta semana el vicepresidente JD Vance matizó en una entrevista con Reuters que Teherán debe hacer algo “significativo” para reducir esa capacidad, sin exigir de forma expresa su abandono total.

Aun así, Vance cuestionó para qué necesita Irán combustible al 60 por ciento si no busca un arma, un argumento que Teherán rechaza al insistir en que el enriquecimiento es parte inseparable de su industria nuclear.

El expediente nuclear llega a la mesa con antecedentes de desconfianza mutua. En septiembre, la junta del OIEA denunció a Irán ante el Consejo de Seguridad de la ONU por primera vez en 20 años por no cooperar en la investigación sobre rastros de uranio hallados en sitios no declarados.

Antes del estallido de la guerra, Omán, como mediador, informó que Irán había aceptado no almacenar uranio enriquecido y reducir sus reservas “al nivel más bajo posible”, un compromiso que no frenó los bombardeos del 28 de febrero y que dejó a Teherán con pocos incentivos para confiar en nuevas concesiones.