El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abás Araqchi, anunció el viernes que su país presentó a Estados Unidos un plan para reabrir el estrecho de Ormuz a la navegación marítima en un plazo de siete días.

"Irán ha transmitido a Estados Unidos, a través de Catar, un plan concreto a siete días. Si se cumplen las condiciones necesarias, el estrecho puede abrirse nuevamente, y el tránsito marítimo usual restablecido en siete días", declaró en la sede de la ONU en Nueva York.

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, dijo a la prensa que ahora depende de Estados Unidos poner fin al bloqueo en Ormuz.

"La decisión está ahora en manos de Estados Unidos", afirmó.

"Las medidas que Estados Unidos debería adoptar no son nuevas. Todas ellas figuran ya en el memorando de entendimiento", señaló, refiriéndose al memorando de entendimiento que Irán y Estados Unidos acordaron en junio.

La guerra que buscó un colapso relámpago y encontró resistencia

Los bombardeos de Estados Unidos e Israel que desataron el conflicto se lanzaron el 28 de febrero, mientras las negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán aún seguían en curso.

Tuvieron como blanco inicial al propio líder supremo Alí Jamenei, en un intento de "ataque de decapitación" pensado para paralizar al Gobierno iraní y detonar un levantamiento interno que obligara al régimen a capitular.

La estrategia no era nueva para la Casa Blanca: el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había propuesto una ofensiva similar contra Irán a los presidentes George W. Bush, Barack Obama y Joe Biden, quienes la rechazaron en cada ocasión, hasta que Trump se convirtió en el primero en aceptarla.

El objetivo declarado —impedir que Irán obtenga armas nucleares— se combinó desde el inicio con un propósito más amplio de cambio de régimen, según documentan analistas y registros del propio conflicto.

Seis meses después de los primeros ataques, ese levantamiento que Washington y Tel Aviv daban por descontado nunca llegó a producirse. Un informe del centro de análisis The Soufan Center describe en cambio una fractura entre la comunidad de inteligencia estadunidense y el equipo de Trump.

Mientras este último confiaba en que la eliminación de Jamenei y la presión económica doblegarían a Teherán, los servicios de inteligencia constatan que Irán se mantiene cohesionado, sin protestas masivas.

El régimen, según ese informe, ha logrado sostener el golpe económico apoyándose en su aparato de seguridad interno y en la llamada "defensa en mosaico", que delega en unidades locales la decisión de atacar objetivos según su propio criterio.

Mientras Teherán resistía mejor de lo previsto, el desgaste se sentía con la misma fuerza del lado estadunidense. La aprobación de Trump en política exterior cayó en septiembre a 29 por ciento, la cifra más baja de sus dos mandatos según CNN.

El 71 por ciento de los encuestados consideró que la guerra ha perjudicado los intereses de EU, y el 76 por ciento la calificó de no haber valido la pena; su respaldo general se ubicaba en 32 por ciento según Reuters/Ipsos.

Ese costo político corrió paralelo a uno humano y material que golpeó también a los aliados regionales de Washington: el Pentágono reporta 18 militares estadunidenses muertos y 759 heridos, y más de 200 instalaciones dañadas o destruidas en unos veinte emplazamientos en Baréin, Kuwait, Catar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Omán, entre ellas un radar valuado en mil 100 millones de dólares destruido en territorio catarí.

A eso se suma una retirada total de tropas de Irak prevista para el 30 de septiembre tras 23 años de presencia continua, mientras un ataque contra la refinería saudita de Ras Tanura, la mayor del país, disparaba los precios del petróleo y obligaba a suspender temporalmente sus operaciones.