Conseguir que una marca de belleza se convierta en un éxito de ventas es una meta ambiciosa, pero lograrlo en menos de cinco años se vuelve una misión casi imposible. La empresaria neozelandesa Jaimee Lupton forma parte de ese exclusivo grupo, ya que en este lapso ha superado los 300 millones de dólares en ventas minoristas tan solo con su marca de cuidado capilar Monday, la cual salió al mercado en 2020 y hoy tiene presencia en 47 países.
Pero ese no es todo su mérito. La emprendedora se mantiene enfocada en democratizar la belleza, pues está convencida de que un buen producto no tiene por qué costar una fortuna.
De igual manera, siente un interés especial por las próximas generaciones, quienes ven la belleza como una ventana de autoexpresión. De estos y otros temas conversó en exclusiva para De Última.
¿Qué significa la belleza para ti?
Para mí, es una forma de expresión individual. No se trata de tener cierto aspecto, sino de sentirte tú misma, o quien quieras sentirte en el día. De hecho, ésa es la filosofía detrás de Daise: queremos que las jóvenes vean la belleza como un espacio divertido y sin presiones, donde puedan jugar y descubrir quiénes son, y no como algo serio o intimidante.
¿Qué te fascina de cómo las nuevas generaciones entienden el cuidado personal?
Lo que más me llama la atención es lo mucho que saben del tema. Las generaciones Alfa y Z crecieron viendo listas de ingredientes y rutinas en sus redes sociales, por lo que a los 12 años saben más que muchos adultos. A la vez, no han perdido la alegría que esto conlleva; para ellos no es algo clínico, sino un juego.
Ven la belleza como una vía de expresión creativa, casi como coleccionar cosas o crear un moodboard de uno mismo. Esa combinación de estar bien informados y querer que sea algo divertido es la base sobre la que se construyó Daise.
¿Qué hace que un producto trascienda las modas y se vuelva un básico?
Debe ganarse un lugar en la rutina real de las personas, no solo en la carpeta de fotos. Las tendencias logran que alguien pruebe un producto por primera vez, pero lo que hace que permanezca en el estante es su calidad, su capacidad de integrarse en la vida diaria y la sensación de bienestar que ofrece al usarlo al día cincuenta, no solo el primero.
Siempre apostamos por el largo plazo en vez de ir tras lo que está de moda. El hype se desvanece rápido, pero un producto al que se recurre todos los días... eso es verdadera relevancia.
¿Por qué es importante hacer accesible la ‘belleza de lujo’ y hablar de inclusión?
Porque la industria ha pasado décadas diciéndole a la gente que la calidad es algo que deben merecer o por lo que hay que pagar mucho dinero, y eso ya no es cierto. La belleza siempre ha utilizado la exclusividad como herramienta de marketing, dejando que las barreras de acceso y los precios hablen por sí solos.
La nueva generación ve más allá. Quieren buenos productos y sentir que pertenecen a ese mundo, no que les vendan una aspiración inalcanzable.
¿Qué te motivó a crear Monday y emprender?
Gastaba una cantidad de dinero absurda en shampoo y acondicionador cada mes. Un día me detuve a pensar: “Esto es ridículo. ¿Por qué tener un buen cabello debe costar tanto?”. Esa pregunta no dejaba de rondar mi cabeza. Quería crear algo que se sintiera lujoso y ofreciera calidad de salón, pero que cualquier persona pudiera encontrar en el supermercado. La brecha entre lo ‘aspiracional’ y lo accesible ha impulsado prácticamente todo lo que he construido.
¿Cuáles consideras que son los factores clave del éxito de esta marca?
Monday funcionó porque encontramos un verdadero hueco en el mercado y no le dimos tantas vueltas cuando lo hallamos. Observamos el pasillo de productos para el cabello y nos dimos cuenta de que nadie había abordado realmente el segmento intermedio: o bien existían marcas de salón de prestigio o bien productos de consumo masivo que parecían una idea de última hora, pero no había nada en medio que resultara emocionante. Así que desarrollamos una propuesta para cubrir ese vacío sin sacrificar la calidad solo por ajustarnos a un precio.
¿Cómo percibes al consumidor mexicano?
Nos motiva mucho ver cómo nuestras marcas han logrado conectar en el país. Lo que más me gusta del consumidor mexicano es su fuerte vínculo emocional con el mundo de la belleza: no se limitan a comprar un producto, sino que adquieren toda una experiencia y conectan con la personalidad de la marca. Asimismo, hay un interés genuino tanto por la calidad como por la autoexpresión, lo cual encaja de manera perfecta con nuestra propuesta de belleza.
Si tuvieras que elegir una tendencia que definirá el futuro de la belleza, ¿cuál sería y por qué?
Sin duda, la belleza coleccionable. Creo que nos estamos alejando de la belleza como algo puramente funcional y nos acercamos a ella como algo que seleccionamos y a través de la cual expresamos nuestra personalidad, casi como si creáramos una colección personal. Ya no se trata tanto de “¿para qué sirve este producto?", sino más bien de "¿qué dice de mí tenerlo y cómo me hace sentir?". Esa mentalidad conecta en especial con la nueva generación.
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