Con el anuncio del Valencia CF de la contratación de Javier ‘El Vasco’ Aguirre como su nuevo entrenador, el exseleccionador mexicano se sienta en el banquillo más caliente de LaLiga de España, pues desde que el magnate singapurense Peter Lim asumió el control de la entidad ya son 12 los entrenadores en su era que comenzó en 2014.
Carlos Corberán es la más reciente víctima de Lim por los malos resultado del equipo Che, una etapa que comenzó con el portugués Nuno Espírito Santo y que ha tenido a ese ramillete de entrenadores sin contar los interinatos de Óscar Sánchez y Salvador González.
Esta es la pasarela de entrenadores del conjunto valenciano antes de la contratación del Vasco Aguirre: Nuno Espírito Santo, Gary Neville, Pako Ayestarán, Cesare Prandelli, Marcelino García Toral, Albert Celades, Javi Gracia, José Bordalás, Gennaro Gattuso, Rubén Baraja y Corberán.
Una década devorando proyectos deportivos en Mestalla
La llegada de Aguirre a la capital del Turia revalida la reputación del club como una auténtica trituradora de directores técnicos bajo la gestión de Meriton Holdings. Durante poco más de una década de mandato asiático, la inestabilidad institucional ha dinamitado prácticamente cualquier intento de continuidad deportiva. Los datos del declive estructural y la volatilidad del banquillo blanquinegro se reflejan en los siguientes puntos clave:
- Efectividad desplomada: Desde la llegada de Peter Lim a la propiedad, el promedio histórico de victorias oficiales del Valencia CF cayó drásticamente de un 47.72% a un alarmante 39.75%.
- La volatilidad en números: Con 12 directores técnicos titulares en la misma cantidad de años, el banquillo de Mestalla registra una esperanza de permanencia media de apenas 11 meses por proyecto.
- La única excepción: De toda la lista de estrategas cesados por el modelo de negocio de Meriton, solo Marcelino García Toral logró consolidar un proceso a mediano plazo superando los 100 partidos oficiales y conquistando la Copa del Rey de 2019.
La elección del "Vasco" responde a una necesidad de supervivencia ante el fantasma de la Segunda División. El entrenador mexicano deberá inyectar orden y liderazgo en un vestuario descapitalizado y sumido en la zona baja de la clasificación general.




