Mucho antes de convertirse en el mexicano más rápido en la historia del maratón, Jorge Luis Cruz era un joven que prefería el basquetbol antes que acumular kilómetros en las piernas.
Correr, lejos de ser pasión, era una actividad que —incluso— evitaba durante su etapa estudiantil. Sin embargo, una invitación para representar al Instituto Tecnológico de Tlalnepantla cambió el rumbo de su vida y lo llevó a descubrir una disciplina que terminaría por definir su identidad.
“Me hubiera gustado iniciar más joven en el atletismo, pero todo llega en el momento indicado. La verdad, no me gustaba correr; practicaba basquetbol. En la universidad, un amigo me convenció de probar el atletismo y el entrenador me invitó a representar al equipo de la escuela. Con el tiempo, me enamoré del deporte; trabajaba, estudiaba y corría”, mencionó el mexiquense.
Con apenas seis años dedicados al alto rendimiento, Jorge conoció de primera mano lo que significa perseguir un sueño sin garantías. Antes de convertirse en una cara del atletismo mexicano, dividía sus días entre jornadas laborales y entrenamientos, llegando a cambiar de empleo para encontrar el tiempo necesario para correr.
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