No se equivocan los morenistas cuando aseguran que no existe una oposición seria en México. Desafortunadamente, tienen razón. Mientras el PAN es, de acuerdo con los números, el principal partido opositor y el que tendría la responsabilidad, en principio, de conducir las voces disidentes, cada día parece alejarse más y más de su objetivo.
Una de las recientes pifias fue viajar a Bruselas, Bélgica, con el objetivo -dijeron- de denunciar ante funcionarios de la Unión Europea el retroceso democrático que se vive en México. Basta con analizar la realidad del país para darse cuenta que lo que informaron los panistas es correcto. El país camina inexorablemente hacia convertirse en un Estado de corte autoritario donde cada día se desdibujan los instrumentos jurídicos para la defensa de los derechos humanos, el respeto de las minorías políticas y desde luego, la división de poderes.
Sin embargo, el hecho de haber acudido a las instalaciones del Parlamento Europeo levantó ampollas, y los propagandistas de la 4T se aprovecharon exitosamente del evento. Sumado a lo anterior, Jorge Romero ha expresado recientemente su apoyo a Flávio Bolsonaro, candidato brasileño, lo que se tradujo, como podía esperarse, reacciones en el oficialismo.
¿Se habrán dado cuenta Romero y los panistas que la 4T pretende pintarles como un partido de “extrema derecha”? ¿Cómo pretende sacudirse estas descalificaciones si públicamente el presidente de Acción Nacional ha optado por apoyar a un hombre cuyas políticas representan un retroceso en distintas materias en su país? ¿Será verdad que los panistas no entienden la coyuntura por la que atraviesa su partido con miras a las elecciones del año que viene? ¿O será que le han apostado a tirarse hacia la derecha con el propósito de emular a personajes como Milei, Kast o el propio Bolsonaro?
El viaje a Bruselas, y últimamente, las declaraciones en torno a la eventual victoria de Bolsonaro en su país han sido, por decir lo menos, torpes y desafortunadas. El PAN, para la mala fortuna de muchos, camina sin liderazgo hacia una nueva debacle electoral.





