“Haber estudiado, viniendo del pueblo del que vengo, sí fue un privilegio en este país”
“Soy actor porque me conmueve la esencia humana, porque me conmueven la vulnerabilidad y la injusticia y porque hay muchas historias que quiero contar desde mi ser”, sostiene José Valentín, cuya pasión por la actuación lo llevó de la comunidad indígena nahua de San Juan Volador a participar en la megaproducción de HBO Max, Colisión.
Pero ese camino, que inició en el municipio veracruzano de Pajapan —cerca de la costa del Golfo de México— y transitó por Cosoleacaque, Coatzacoalcos, Cuernavaca y la Ciudad de México, estuvo empedrado de dificultades y dentro de una clara esfera de racismo y clasismo.
Por eso, José Valentín enfatiza que el alma artística también es un acto de fe, donde no importa lo que se enfrentará, sino tener la convicción de querer hacerlo, más allá de todo lo que hay en el entorno artístico.
Y fue ahí donde se topó con una visión eurocentrista y un marcado estereotipo para los actores morenos y de ciertos rasgos, encasillados en el papel del ladrón, del mesero o del policía.
“Y no está mal contar esas historias, pero sería más interesante si quitamos el estereotipo y pusiéramos el alma para reflejar las vidas de esas personas”.
Ya desde el sexto año de primaria, en un concurso de oratoria en Cosoleacaque, José Valentín se enfrentó a ese clasismo, al ser relegado en la entrega de premios, por provenir de una escuela rural.
“Como niño duele, claro que hay una división, un sesgo, empecé a darme cuenta de que había racismo y clasismo, ahora sé que hay limitantes, pues no es lo mismo nacer en un pueblo que nacer en una ciudad”.
La diferencia para el joven actor, hablante de náhuatl, fue la educación.
“El haber estudiado, viniendo del pueblo del que vengo, sí fue un privilegio, no debería ser así; todos deberíamos tener las mismas oportunidades, el mismo acceso, pero los contextos son así y ese fue el contexto en el que me tocó vivir”.
Lamentablemente no todos tienen la misma oportunidad, y el ver más allá de una simple calificación le abrió el panorama, como dice Luisa Huertas: eso lo hizo volar con los pies en la tierra.
El contexto en el que naces impone limitantes y barreras; yo era un niño de pueblo “muy delgado, moreno y chaparrito” que encontró en el Rincón de Lectura de su escuela primaria Guadalupe Victoria, su vocación artística.
Inicios actorales
José Valentín dejó San Juan Volador para trasladarse a Coatzacoalcos, donde continuó sus estudios de bachillerato y tuvo su primer contacto con la actuación. Un maestro llegado de Xalapa impartía un taller de teatro los sábados y él decidió probar.
Sin saberlo, aquel escenario escolar sería el primer indicio de una profesión que todavía no imaginaba.
Quiso estudiar Licenciatura en Teatro en Xalapa, pero su familia le advirtió: “te vas a morir de hambre”.
Le aconsejaron estudiar una carrera que le permitiera ganarse la vida, siguiendo el canon occidental de lo que es el éxito: “trabajo, casa, carro, dinero, el logro profesional”.
Por ello decidió estudiar Administración de Empresas Turísticas, aunque el teatro siempre estuvo presente.
Paralelamente tomó un taller de teatro amateur y, como recuerda, “ya la actuación no me soltó”.
En 2007, un promotor cultural en Cuernavaca le abrió una nueva posibilidad: participar en un laboratorio experimental para actores en esa ciudad: “Esa fue la gran decisión de mi vida”.
Fue entonces cuando José Valentín dejó de considerar la actuación como un sueño y comenzó a convertirla en su profesión.
Se trasladó a la Ciudad de México, prácticamente sin contactos dentro de la industria y empezó a construir su camino desde el teatro independiente.
Después vendría una formación profesional más sólida: en 2016 se graduó de la Licenciatura en Actuación del Centro Morelense de las Artes y, al año siguiente, cursó el diplomado La sabiduría de la voz y la palabra diciente.
Pero la carrera de un actor rara vez avanza en línea recta. Llegaron los castings sin respuesta, los trabajos alternos para sobrevivir y los meses en los que no había certeza sobre el siguiente proyecto.
La pandemia de 2020 añadió más obstáculos: los teatros cerraron y una gira que tenía prevista quedó cancelada; fue entonces cuando empezó a cuestionarse su quehacer artístico: “¿Qué estoy haciendo? ¿Hacia dónde voy?” y gracias a esa incertidumbre probó suerte en la actuación frente a cámara.
Fue entonces cuando llegó una de las personas que lo ayudaron a entender y reconfigurar su vida: Gabriela Cartol, con quien tomó un taller de actuación frente a cámara.
Allí, la actriz le lanzó al grupo una pregunta que lo hizo reflexionar: ¿qué sientes al decir que eres actor?
“Para mí fue muy contrastante, pues si bien me gusta la actuación, mi respuesta en ese momento fue: siento vergüenza de decir que soy actor. No me siento útil, no siento que venga de la gran escuela, de los grandes contactos”.
Es la inconsciencia de decir: “No soy lo suficientemente bueno”.
Así, José Valentín comenzó a prepararse para actuar frente a cámara.
Mandó fotografías, buscó agencias y siguió tocando puertas.
El cine comenzó entonces a darle un nuevo rostro a aquella carrera construida desde los escenarios.
Participó en Tonantzin Guadalupe: Creación de una nación, donde personificó al intérprete y traductor del personaje Hernán Cortés.
La cinta incluye entre sus lenguas originales el náhuatl, además del español y el mixe, y fue filmada en distintas regiones de México.
Posteriormente llegó Temporada de huracanes, dirigida por Elisa Miller y basada en la novela de la escritora veracruzana Fernanda Melchor, en la que interpretó a El Gatarrata. La película se estrenó en 2023 en el Festival Internacional de Cine de Morelia y después llegó a Netflix.
Posteriormente, José Valentín formó parte del elenco de Colisión —producción de Telemundo Studios y Warner Bros. Discovery—, estrenada el 7 de septiembre de 2026 en HBO Max, la cual busca romper estereotipos arraigados sobre la familia y el poder femenino.
“No busco reflectores, pero hay historias que quiero contar”
El joven veracruzano enfatiza que en este momento no busca reflectores.
“Estoy muy en paz con mi ser actor, estoy muy en paz con lo que quiero contar, estoy muy en paz con estos lugares a donde quiero llegar y, si llegan o no llegan, no estoy frustrado, no es cosa de fama ni de los reflectores”.
En medio de la narrativa actual del streaming y las plataformas digitales, asegura que hay historias “que me atraviesan, que también quiero contar, donde actualmente no estoy representado”.
Señala que, si bien algunas plataformas comienzan a abrirse un poco más, las decisiones siguen tomándose en las altas esferas de la industria, las producciones, las y los productores, así como quienes definen las narrativas en las que: “si eres muy moreno, si no eres aspiracional, estás limitado”.
Sin embargo, comienza a permear una nueva visión, impulsada por las nuevas generaciones de directoras y directores, que buscan desestereotipar y contar historias en las que el color de piel no sea lo importante, sino la humanidad.
Por ello, cuestiona: “¿Queremos ser actores para la alfombra roja o queremos ser actores porque realmente es nuestra convicción humana y nuestra convicción de vida?”.
Y concluye: “Para mí, la actuación me vino a conectar con ese niño de San Juan Volador que veía la televisión y quería estar ahí”.
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