Dejemos de acostumbrarnos y de normalizar lo inaceptable. Vivimos días en los que ver o leer noticias, revisar las redes sociales se ha convertido en un ejercicio de resistencia emocional. Nos topamos con moños negros, fichas de búsqueda y consignas que se repiten con una frecuencia que hiela la sangre. Detrás de cada titular hay un nombre, un proyecto de vida truncado y una familia sumida en el dolor. ¡Justicia para Joselyn Sandoval! Qué coraje y qué tristeza lo que está pasando.
Joselyn, estudiante de sólo 21 años de la región de Teotihuacán, a quien la violencia y la impunidad le arrebataron la vida, no es una cifra en la estadística criminal del Estado de México.
El nombre de Joselyn Sandoval, así como el de muchas jóvenes, debió viralizarse y darse a conocer por su historia de vida, como una joven estudiante que ayudaba a sus papás en el negocio familiar sin abandonar sus estudios, tal vez en el futuro como una gran abogada egresada de la Universidad Autónoma del Estado de México, pero no por un motivo así. Duele y mucho. Su ausencia de apenas unas horas movilizó a una comunidad que se aferraba a la esperanza, el desenlace nos devolvió de golpe a una realidad que desgarra.
Mi solidaridad con su familia, con la Universidad Autónoma del Estado de México, con la comunidad de Santiago Tolman, Otumba.
Visibilizar esta tragedia no es una opción, es un deber urgente. Compartir su nombre, su historia y su rostro es la única herramienta que tenemos para romper el muro de la indiferencia y evitar que su caso quede en el olvido.
Hablar de Joselyn es dignificar su memoria, acompañar respetuosamente el dolor de su familia y presionar con fuerza a las autoridades para que actúen.
Si callamos, permitimos que la violencia gane terreno, si lo hacemos visible, transformamos la impotencia en una exigencia colectiva que no se puede ignorar. La memoria de Joselyn Sandoval Calderón, al igual que la de su novio Juan Carlos Ortiz Bravo, nos obliga a mantener los ojos abiertos, a sostener el reclamo frente a las autoridades y a exigir que se investigue con una perspectiva de género rigurosa, que no quede impune.
No nos callaremos hasta que el eco de sus nombres encuentre justicia y la paz regrese a nuestras calles. Juntas y juntos impulsemos un entorno seguro, libre de cualquier tipo de violencia, donde las y los jóvenes puedan caminar y vivir sin miedo.
Jennifer Islas. Política, feminista y conferencista.
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