Ralph Orquín ha tenido la suerte de un peregrino. De esos que tocan puertas, esperan, vuelven a tocar y, si nadie abre, buscan otra entrada. Su historia está hecha de oportunidades que aparecieron cuando menos lo esperaba, de golpes que lo obligaron a detenerse y de una insistencia casi terca por cumplir el sueño de ser futbolista.

Hoy defiende la playera de Cruz Azul, aunque de niño creció con el rival. Sus recuerdos están ligados al América, por eso, cuando habla de aquella etapa aparecen sentimientos encontrados. Pero hay algo que pesa más: su profesionalismo. Ahora que viste de celeste, no hay nostalgia que le gane al compromiso. La camiseta que eligió la piensa defender a capa y espada.

Esa manera de entender el futbol nació desde muy pequeño. Sus ídolos eran Raúl Jiménez y Christian “Chucho” Benítez, pero no solamente por lo que hacían dentro de la cancha. Orquín se fijaba en algo que para un niño podía parecer todavía más grande: la forma en que trataban a quienes soñaban con conocerlos.

“Yo los veía como referentes sobre todo como personas, porque ellos se acercaban mucho con los niños que pedían autógrafos y para mí eso me ayudó bastante, siempre mantener los pies en la tierra porque yo estuve en algún momento del lado del aficionado y yo quería un autógrafo de ellos. Hoy en día, siempre trato de que cuando me piden un autógrafo o una foto, siempre estoy ahí para quien lo pida”, menciona Orquín para Excélsior.

Hay una escena que guarda con especial cariño. Cuando apenas tenía nueve años, coincidió con Jiménez durante la grabación de un comercial de chocolates. En aquel momento lo veía casi todos los días en el club, pero jamás imaginó que años después serían futbolistas profesionales compartiendo el mismo mundo.

“Nos tocó grabar un comercial para un chocolate muy famoso y coincidí con él. Yo tenía nueve años y lo veía en el club casi a diario. Ahora como jugador no he tenido la posibilidad de platicárselo”.

El camino, sin embargo, no fue sencillo. Después de un préstamo con Bravos de Juárez, decidió no renovar con el América. Había consecuencias por asumir, incertidumbre y hasta un futuro que imaginaba lejos de México. Europa aparecía en su cabeza, pero el futbol tenía preparada otra historia: Cruz Azul.

“Yo decido no renovar con el club, eso me trajo consecuencias y las asumí. Tomé la decisión de prepararme por fuera para poder agarrar un club. Se meditó la decisión, pero estaba convencido de qué tenía que llegar a Cruz Azul. Entiendo y comprendo la mentalidad de la afición de que somos rivales de toda la vida y que de un momento a otro me cambié, pero está en mi ganarme su confianza partido partido, yo les pediría que se queden tranquilos porque soy un tipo muy disciplinado, muy trabajador y tarde o temprano me voy a ganar su confianza”.

Antes tuvo que aprender que el futbol puede detenerte sin avisar. Durante una gira del América por España recibió una patada, durante el vuelo, una mala despresurización de la cabina complicó la situación hasta provocar una trombosis en su pierna derecha.

El médico Antonio Saleh fue fundamental para que el problema no pasara a mayores. Ralph recuerda aquellos días como uno de los momentos más difíciles de su carrera: estaba jugando bien y tenía posibilidades de hacer la pretemporada con el primer equipo.

“Te imaginas lo peor, pero gracias a Dios fue superficial. Pasó a ser de mediana gravedad, gracias a que se atendió rápidamente. Estuve inactivo cuatro meses y me agarró en un momento en el que yo venía muy bien futbolísticamente y estaba considerado para ser pretemporada. Fue un golpe anímico fuerte. Tenía que tomar anticoagulantes, y aunque no me sentía mal, era frustrante porque estaba en buen nivel”.

Cada vez que entre a la cancha con Cruz Azul, Orquín cargará con todo eso: los ídolos de su infancia, el niño que pedía autógrafos, las puertas que tuvo que tocar y los momentos en los que el futbol le pidió paciencia. Quizá por eso no le asusta empezar de nuevo. Ya sabe que, cuando una puerta se cierra, siempre queda otra por tocar.