La actriz surcoreana Jung Ho-yeon (Seúl, 1994) empezó a modelar a los 16 años, pero no fue hasta los 27 que debutó formalmente en la actuación. La espera valió la pena: su rol atrajo atención mundial, cosechando presencia en los principales galardones de la industria y firmando con una de las principales agencias de representación de Estados Unidos.
Todo ese revuelo fue el que causó la primera temporada de El juego de calamar, el fenómeno que remeció Netflix en 2021. Su personaje –Sae-byeok, una estoica jugadora que buscaba conseguir dinero para reunir a su familia tras desertar de Corea del Norte– se transformó en uno de los favoritos del público y la crítica, y Ho-yeon despuntó entre los aspectos más aclamados de la producción.

“Cuando interpreté a Sae-byeok, intenté sinceramente comprenderla, sentir lo que ella sentía y amar de verdad la vida que llevaba”, indica en entrevista con Culto a través de Zoom.
Desde Australia, donde actualmente filma un nuevo proyecto, reflexiona: “Creo que una de las razones por las que el público conectó con Sae-byeok fue porque percibieron esa sinceridad. Por eso, incluso ahora, cada vez que asumo un nuevo personaje, trato de poner todo mi corazón”.
Ese enfoque fue el que adoptó para encarnar a Sung-ae, su personaje en Hope: El primer impacto, la primera película de su breve pero ascendente carrera. Estrenado en la 79° edición del Festival de Cannes (disponible en salas chilenas desde el jueves 8 y parte de la programación de Mubi Fest), es un adrenalínico thriller de ciencia ficción sobre un pueblo afectado por el ataque de un monstruo del que ignoramos su aspecto durante 40 minutos (el metraje total son 156 minutos).

Al igual que la misteriosa criatura, Ho-yeon tarda un poco en aparecer, pero cuando lo hace se asegura de dejar su marca: es la novata pero aguerrida policía que se une a Ko Bum-seok (Hwang Jung-min) en la misión de proteger a la comunidad.
Dirigido y escrito por Na Hong-jin, el largometraje requería que los miembros del elenco incorporaran y pulieran destrezas muy específicas La actriz asumió el desafío sin vacilar demasiado y se sumergió en una preparación de seis meses en que ganó masa muscular y aprendió a manipular armas de fuego y a conducir. No sólo tuvo que aprender a conducir de forma manual, sino que instruirse en el arte de derrapar y otras técnicas de conducción de alta complejidad.
También desarrolló un trabajo mano a mano junto al director, cuya anterior película, The wailing (2016), causó sensación en el circuito internacional. “Algo importante que me transmitió fue que Sung-ae no tiene mucha información; ella desconoce la situación en su totalidad. Gracias a eso, pude creer plenamente en sus buenas intenciones y actuar en consecuencia sin tener ninguna duda”, detalla.

-En la conferencia del Festival de Cannes, el director explicó que buscaba interpretaciones auténticas. ¿Cómo fueron sus conversaciones sobre el tipo de actuación que él buscaba?
Creo que lo que el director Na entiende por autenticidad es algo que es muy crudo. Él quería captar expresiones y reacciones que surgen cuando un actor no está calculando demasiado ni sobreactuando. Así que, en el set, intentamos vivir cada situación de la manera más natural y vívida posible. Eso a veces implicaba hacer muchas tomas o buscar nuevas formas de generar reacciones diferentes. Cuando estábamos construyendo el personaje, creo que tuvimos una o dos lecturas de guión juntos. También me recomendó muchas películas. La que más me ayudó para el papel fue una película japonesa titulada Dr. Akagi, de Shōhei Imamura. Hay un personaje llamado Sonoko que se convirtió en una referencia muy importante para Sung-ae. Aparte de eso, realmente intenté mantenerme lo más presente posible en el set.
-¿Cómo trabajó para que Sung-ae se viera vulnerable y, al mismo tiempo, fuerte y decidida?
Ese equilibrio era importante para todos los actores. Creo que la película comienza desde una perspectiva humana y termina también desde la perspectiva de los alienígenas. La tragedia surge de la diferencia entre ambas perspectivas. El director Na no quería que la película se inclinara demasiado hacia un solo lado. Es más, creo que tal vez quería comprender un poco mejor al alienígena. Las acciones de los humanos condujeron a la tragedia, pero él tampoco quería que simplemente parecieran malas personas. Todo lo que hace Sung-ae de alguna manera contribuye a esta tragedia; sin embargo, irónicamente, todo nace de buenas intenciones. Eso me proporcionó una motivación muy sencilla y clara para el personaje.

-¿Cómo fue filmar la escena en que su personaje es presentado?
Recuerdo que fue técnicamente mucho más difícil de lo que esperaba. Dependiendo del ángulo de la cámara, tenía que hacer ajustes mínimos en la dirección de mi mirada. Hubo muchos desafíos técnicos al trabajar con la cámara. Pero lo que realmente me encantó de trabajar con el director Na y con el director de fotografía Hong Kyung-pyo fue que nunca cedieron ni se rindieron. Ellos seguían adelante hasta conseguir exactamente la imagen que buscaban. Eso podía resultar muy exigente a nivel físico, pero como actriz eso me dio mucha seguridad y confianza en el set. Sabía que podía darlo todo en cada toma porque confiaba en ellos. También percibía cuánto les importaba el resultado; sentía que realmente querían que la escena quedara lo mejor posible y ofrecer algo especial. Durante todo el rodaje, sentí que estos cineastas de la vieja escuela me estaban dando una lección increíble. Era casi como asistir a diario a una academia y aprender de unos profesores extraordinarios. Sentí que ellos compartían conmigo gran parte de su experiencia y conocimientos. Eso fue algo que valoré muchísimo.
-Hoy existe un entusiasmo enorme en torno a las series y películas coreanas, así como también en torno a la música. ¿Qué cree que impulsa esta fascinación mundial?
Para serte sincera, no lo sé. No soy una investigadora; soy simplemente una persona que intenta compartir su trabajo y su arte con la mayor sinceridad posible. Así que creo que otras personas podrían explicar las razones mejor que yo. No sé cómo abordan su trabajo los demás, pero yo realmente lo doy todo en cada proyecto. Sé que la sinceridad puede resultar algo abstracta, pero afronto cada proyecto casi como si fuera el último. Realmente vuelco toda mi energía en ello. De hecho, ayer tuvimos una cena con el equipo del nuevo proyecto en el que me encuentro trabajando y uno de los directores de fotografía me dijo: si en cada ocasión sigues empleando tanta energía, ¿cómo vas a aguantar? Así es como intento dar todo lo que tengo. Aparte de eso, no creo tener ningún secreto o técnica especial. Ojalá los tuviera.





