Hace un año, una cifra dominaba el debate público: seis mil millones de dólares.

Ese número era la pieza angular de la exitosa campaña del candidato José Antonio Kast. En medio de virulentas críticas a los “parásitos” del aparato público, Kast y su ministro de Hacienda in pectore, Jorge Quiroz, prometían que, de llegar a la presidencia, cortarían seis mil millones de dólares en despilfarro fiscal.

Lo harían en un plazo estricto: 18 meses. Y presumían tener un diagnóstico tan acabado, y un bisturí tan preciso para ejecutarlo, que lo lograrían sin tocar ningún beneficio social.

De derecha a izquierda, los economistas se agarraban la cabeza. Decían que era imposible hacer un recorte tal sin pasarle una motosierra a beneficios sociales, y exigían lo mínimo: un plan detallado sobre dónde estaban esos monstruosos despilfarros que se cortarían de un solo golpe.

Kast nunca respondió. Contestó con descalificaciones (había que echar a los “parásitos”), con generalidades (“de esos 6.000 millones, 3.000 irán por una vía administrativa y 3.000 vía ley”), y con ataques virulentos: “vamos a recortar 6.000 millones de dólares en gasto político sin afectar beneficios sociales. Y vamos a partir por todos los funcionarios corruptos que usted (Boric) llevó al gobierno y que en estos cuatro años se han robado la plata de los chilenos más pobres”.

“¿Cómo? ¿Con qué diagnóstico, con qué números, con qué plan?”, le preguntaban. “Con carácter, decisión y con un concepto clave: terminar con los abusos”, decía. Y tiraba cifras al aire, inventándolas sobre la marcha: “Si usted ve el tema de los abusos va a encontrar cerca de mil millones, en la eficiencia mínimo otros mil y si ve el tema de la austeridad va a encontrar otros mil, y así vamos a seguir”, era otra de sus “respuestas”.

La tensión dramática del cuento de los seis mil millones llegó a su punto cúlmine hace un año, el 24 de septiembre de 2025, en un foro que era moderado por Soledad Onetto. Después que Kast reiterara su promesa, la periodista le preguntó:

—¿No es una mentira decir que esto es posible hacerlo en 18 meses?

Kast contestó:

—No. Y usted me podrá juzgar a los 18 meses. En 18 meses más, si yo soy presidente, júzgueme. Y pídame el cargo.

Su respuesta fue interrumpida por eufóricos aplausos de la audiencia.

“Me va a juzgar la ciudadanía”, cerró, satisfecho, el candidato.

Y con esa promesa ganó, por paliza, las elecciones. Nunca presentó su plan, pero igual siete millones de chilenos creyeron en él para aplicar de inmediato un plan de seguridad, expulsar ipso facto a todos los migrantes irregulares, impulsar el crecimiento y el empleo, y cortar esos seis mil millones de dólares que, en palabras de Kast, eran “robados” en “abusos” y “gasto político” por una manga de “parásitos”.

Ya sabemos qué ha pasado con las expulsiones (metáfora), con el plan de seguridad (aún en elaboración), con el crecimiento (recesión técnica) y el desempleo (un millón de cesantes).

¿Y los seis mil millones de dólares?

Como su “plan” no existía, Quiroz debutó ordenando un corte inmediato de 3% para todos los ministerios, y, en una escena insólita, las autoridades de Seguridad del “gobierno de emergencia” defendieron ante el Congreso que era una buena idea quitarle plata a Carabineros para patrullajes y otras funciones.

Hubo un escándalo, y recogieron cañuela. Al final, quitaron fondos para hospitales y consultorios, paralizaron obras públicas en medio de la crisis de empleo, y, con especial saña, dieron un gran machetazo a los fondos de cultura.

El momento decisivo llegaría con el Presupuesto 2027, donde debían detallarse los seis mil millones de dólares de cortes para el plazo autoimpuesto de septiembre de 2027.

Quiroz intentó cumplir la mitad de la promesa (cortar seis mil millones), saltándose olímpicamente la otra mitad (no tocar beneficios sociales). En abril, de cara al Presupuesto 2027, instruyó a los ministerios cortes en 260 programas que sumaban esa cifra, incluyendo un interminable rosario de barbaridades como cortar la alimentación escolar, recortes en la PGU, el transporte público o los jardines infantiles.

Ante el escándalo, el gobierno retrocedió.

Y esta semana anunció el Presupuesto 2027. El gasto público, en vez de caer, aumenta levemente (1,5% o 2,7%, dependiendo de cómo se mida). E incluso así, hay cortes de programas sociales que recién comienzan a conocerse a cuentagotas (computadores para niños, liceos Bicentenario, fondos culturales…).

De los seis mil millones de ahorro en “gasto político”, ni señales.

Ya es un hecho inocultable. El gobierno no hará, ni de cerca, el corte de seis mil millones de dólares. Y no lo hará por lo que todos siempre supieron y advirtieron. Porque ese plan para eliminar seis mil millones de dólares “robados” en “abusos” y “gasto político” por los “parásitos”, nunca existió.

Ahora el candidato Kast queda frente a frente con el presidente Kast. El candidato dijo, textualmente: “si yo soy presidente, júzgueme. Y pídame el cargo”.

¿Cómo cumplirá el presidente Kast el desafío del candidato Kast?

Hasta ahora no hay explicación alguna. El gobierno confía en que su promesa fue olvidada y que nadie se la cobrará. Asume que la ciudadanía es desmemoriada, la prensa es pusilánime, las minutas permitirán cantinflear, y que ni siquiera será necesario ponerse colorados y dar la cara para reconocer a los chilenos que se los engañó con una burda chiva de campaña.

Tal desprecio es inaceptable.

Personalmente, difiero del candidato Kast. No creo que un presidente deba ser “juzgado” por incumplir una promesa de campaña. A diferencia del candidato Kast, creo que los presidentes, incluido el presidente Kast, deben terminar sus mandatos constitucionales, aun cuando ellos mismos hayan dicho otra cosa en campaña.

Y por eso no estoy de acuerdo con el candidato Kast cuando afirma que al presidente Kast se le debe “juzgar y pedir el cargo”. Al candidato Kast se le pasa la mano en su exigencia (virulenta, implacable, terminante) contra el presidente Kast.

Pero la ciudadanía que creyó en el compromiso del candidato Kast al menos merece una disculpa y un mea culpa del presidente Kast.

Porque votaron por él bajo una promesa terminante, que (ahora ya es imposible seguir cantinfleando) solo fue un tosco chamullo inventado para ganar votos a costa de mentirle a la ciudadanía.