El mercado inmobiliario de edificios destinados exclusivamente al arriendo, conocidos como multifamily, se mantiene consolidado como uno de los negocios de mayor expansión en la capital, registrando un total de 216 proyectos en operación y 50.933 departamentos en la Región Metropolitana.

Según datos de la consultora CBRE, la ocupación de estas propiedades alcanzó un 94,6%, sumando además 7.429 unidades en etapa de construcción y un crecimiento del 7,5% en la absorción neta de departamentos durante el primer semestre del año.

El dinamismo del negocio del arriendo contrasta con las crecientes dificultades de las familias para acceder a la casa propia.

De acuerdo con proyecciones del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC UDP) con base en la Encuesta Suplementaria de Ingresos 2025, el 70,7% de los ocupados en Chile gana menos de $1 millón de pesos mensuales.

En contraposición, las exigencias bancarias imponen un piso de ingresos cercanos a los $1,06 millones para financiar una propiedad económica de UF 1.600, cifra que escala a $1,35 millones para un departamento promedio de UF 2.900 y supera los $2,64 millones para inmuebles de UF 4.000.

A ello se suma el ahorro inicial requerido para el pie, el cual oscila entre los $12,7 millones y más de $31,7 millones.

Cambio de hábito y administración profesional

Ante las elevadas tasas de interés y los precios de venta, el arriendo ha dejado de verse como una solución transitoria para transformarse en una opción de vida basada en la flexibilidad y la ubicación estratégica cerca de los centros de trabajo.

“Arrendar pasó a ser una decisión racional para muchos. Hoy existen diferentes alternativas de inversión que antes no estaban disponibles para los inversionistas y que tienen mayor liquidez. Muchas personas están prefiriendo vivir cerca de su trabajo sin inmovilizar años de ahorro en un pie”, afirmó Jaime Pérez, CEO de la plataforma Pop Estate.

En esa línea, especialistas del sector coinciden en que el foco de la industria se ha desplazado desde la velocidad de edificación hacia la calidad de la gestión inmobiliaria, donde la transparencia, la velocidad de respuesta y el soporte tecnológico en la administración centralizada marcan la diferencia competitiva.