Descarga de aguas residuales al Arroyo Seco, afluente de la presa Las Pintas, que tras ser potabilizada, es distribuida en Guadalajara, el 30 de marzo.

Aunque la crisis por agua sucia se ha agravado en Guadalajara desde 2020, fue en enero de este año cuando las imágenes de agua turbia y maloliente saliendo por los grifos de decenas de casas en la zona metropolitana comenzaron a invadir las redes sociales, los medios de comunicación y la conversación local. Los reportes no hicieron más que aumentar y el problema se agravó. Este fin de semana, Guadalajara vivió una de sus jornadas más angustiantes por la pésima calidad del agua que llegó a los hogares. Los testimonios de vecinos afectados aseguran que el líquido fluía pestilente con coloraciones que la hacían parecerse más al petróleo, al lodo o a cualquier otra sustancia con colores distintos y texturas sospechosas. Ante la advertencia social de una megamarcha el próximo domingo, 11 de octubre, y de algunas protestas que ya generaron tensiones en la ciudad, el gobernador del Estado, Pablo Lemus, ha informado que la solución será disminuir el suministro de un sistema que está contaminado, al menos durante los próximos seis meses, un lapso en el que, paralelamente, se pretende comenzar la construcción de un nuevo acueducto sustituto. Según los especialistas, el desabasto afectará a más de un millón de personas.

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