Con unos contundentes churrascos italianos en pan baguette, el ministro José García Ruminot recibió el jueves, a la hora de almuerzo, en el salón principal de la Segpres, a la plana mayor de su partido. La directiva de Renovación Nacional (RN), encabezada por la senadora Andrea Balladares, junto a los jefes de bancada y la comisión política llegaron hasta La Moneda para entregarle un cerrado respaldo a su único secretario de Estado, luego de los constantes cuestionamientos que ha recibido desde las filas de republicanos.

En el mismo lenguaje político de gestos y mensajes, el experimentado ministro, muy querido entre sus pares, respondió haciendo un llamado a la unidad de su colectividad, a la que ingresó en 1989, y les pidió un apoyo cerrado al gobierno de José Antonio Kast.

Lo mismo hizo horas antes en una reunión con parte de la bancada y la directiva del Partido Republicano.

El acto de desagravio fue acordado esta semana, luego de que varios de los 15 miembros de la comisión política de RN plantearan que no podían seguir tolerando el constante torpedeo del partido fundado por el Presidente contra una de sus figuras históricas y que se le siguieran endosando todos los errores legislativos del gobierno.

En privado, los dirigentes oficialistas -con la excepción de RN- responsabilizan a García por el rechazo, por un solo voto, de la reforma constitucional que permitía ampliar hasta 30 días la detención de extranjeros con orden de expulsión; por el revés en el Senado en la votación del financiamiento de la Sala Cuna Universal, y por algunos puntos que no pudieron incorporarse a la megarreforma.

Aunque esta semana fue redonda para la Segpres, varios dirigentes siguen empujando la salida de “Pepe” García, a quien no ven con la suficiente energía para echarse al hombro una cargada agenda legislativa que avanza contra el tiempo, más aún ante el eventual desafuero de algunos senadores que han respaldado al gobierno y el riesgo de perder esos votos. Su próxima prueba de fuego será la aprobación del presupuesto 2027.

“En RN tenemos una identidad propia y la vamos a expresar con respeto y claridad. Plantear una diferencia a tiempo es cuidar al gobierno”.

Andrea Balladares, presidenta de RN

Desde esta cartera, a cargo de las relaciones de La Moneda con el Congreso, responden que en sus primeros seis meses el gobierno logró convertir 20 proyectos en ley y que 33 iniciativas han sido aprobadas por el Congreso.

“Las reacciones desproporcionadas de parte del oficialismo, en particular del Partido Republicano, nos tiene a varios en RN en estado de alerta y repensando muchas cosas, porque la paciencia no es infinita”, afirma Marcelo Brunet, integrante de la comisión política.

Lo más preocupante para otros dirigentes de esta instancia, es que hace un par de meses Balladares planteó a Kast su preocupación por los cuestionamientos hacia el ministro Segpres. Y, tras ello, se mantuvieron las críticas.

Rodrigo Barco, quien abrió los fuegos en el chat de la comisión política de RN, sostiene que la “reflexión” va mucho más allá de García, y que el tema de fondo es el rol que juega RN en el gobierno de Kast, que recién entra en su séptimo mes de mandato.

“No puede ser que te golpeen públicamente y, en privado, te pidan apoyo cariñosamente”, dice el concejal por Independencia.

Para muchos en el oficialismo, la pugna por “Pepe García” es la punta de un iceberg que revela las ondas desconfianzas históricas al interior de la derecha.

El difícil encaje de los partidos

La pugna entre republicanos y RN no es la única al interior del oficialismo.

Las colectividades que apoyan al gobierno -algunos con más decisión que otros- no han logrado superar las desconfianzas mutuas que arrastran desde la campaña. Además, se han enfrascado en ásperas discusiones por diversas iniciativas que han salido de sus partidos. Ello se ha visto acentuado en temas como el indulto presidencial a exuniformados condenados por hechos del estallido social y la propuesta de republicanos de abrir Codelco a privados, entre otros temas.

Tampoco han podido ensamblar sus diferentes formas de proyectar el futuro de la coalición gobernante.

Los sectores más moderados han empujado la idea de institucionalizar una alianza, al estilo de lo que fue la Concertación, desde republicanos a Demócratas, con el objetivo de mejorar la relación entre ellos y con el gobierno y solucionar diferencias antes que exploten en la prensa.

El partido de Kast, sin embargo, ha descartado -en público y en privado- esta posibilidad, lo que alimenta la idea de que en las próximas elecciones otra vez irán separados de sus ahora socios.

Para el presidente de Evópoli, Luciano Cruz-Coke, el tema es bien simple: “Hay dos mundos políticos y humanos muy distintos: Chile Vamos, que gobernó dos veces con Piñera, y republicanos, cuya forma de hacer política, básicamente, han sido tres campañas consecutivas y nunca habían gobernado”.

Evópoli, en todo caso, en pleno proceso de reagrupamiento, había tratado de no hacer mucho ruido en estos meses. Ello, hasta que el gobierno presentó la reforma constitucional en materia de seguridad, que incluía la creación de un nuevo “estado de excepción” para barrios, polígonos o territorios específicos sin acuerdo del Senado.

Para muchos, la pugna por “Pepe García” es la punta de un iceberg que revela las ondas desconfianzas históricas al interior de la derecha, que se acentuaron en la última campaña presidencial. Heridas que se mantienen abiertas y que sólo la vocación de poder de los partidos las puede encauzar, advierten.

“Tenemos historias y sensibilidades distintas eso es una realidad. En RN tenemos una identidad propia y la vamos a expresar con respeto y claridad. Plantear una diferencia a tiempo es cuidar al gobierno. Lo que debemos evitar son las descalificaciones y la competencia por quién es más leal”, afirma Balladares.

En privado, los partidos de Chile Vamos acusan a republicanos, y en particular al círculo de hierro de Kast, de “mezquindad política”, al no incluir en el gobierno a muchos profesionales con una vasta experiencia política en distintas áreas y que conocieron el tejemaneje del Estado en los dos gobiernos del expresidente Sebastián Piñera.

“Ha habido casos puntuales, es probable que esas personas no se han dado cuenta de la importancia que tiene para el futuro del sector aprender a respetar las diferencias y valorar el potencial que nos da la multiplicidad de miradas”.

Arturo Squella, presidente del Partido Republicano

“La sensación es que ellos ganaron y ponen la música; lamentablemente, un gobierno no funciona así, además que no tienen las mayorías para gobernar si no suman a Chile Vamos”, advierte un jefe de partido. “En el fondo, hay un grupo que le cuesta reconocer que Chile Vamos es parte del mismo gobierno”, agrega.

La paradoja es que los republicanos tampoco están contentos con el arranque del gobierno. Aparte de tener sólo dos ministros -Martín Arrau (Seguridad) y María Jesús Wulf (Desarrollo Social)- sienten que ellos han hecho el principal sacrificio y pagado los costos de medidas impopulares, como el “bencinazo”.

Una parte de la tienda resiente, por ejemplo, que Kast aún no tome una decisión respecto de los indultos. Otros, que hayan dejado fuera la agenda valórica que caracterizó las dos campañas anteriores del Mandatario.

En la megarreforma, por ejemplo, sintieron que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, dio más protagonismo a los diputados del Partido de la Gente y a su líder, Franco Parisi, que a ellos, lo que gatilló un reclamo formal del presidente del partido, Arturo Squella, a Kast.

No es la única vez que el senador republicano ha golpeado la mesa. Lo ha hecho varias veces en el comité político, donde ha advertido que el Segundo Piso no podía tomar decisiones sin consultarles a ellos.

No obstante, Squella les resta dramatismo a las tensiones, señala que son propias de todos los gobiernos y que lo importante es el apoyo en bloque de la gran mayoría de los proyectos de ley presentados por el Ejecutivo.

“Ha habido casos puntuales, es probable que esas personas no se han dado cuenta de la importancia que tiene para el futuro del sector aprender a respetar las diferencias y valorar el potencial que nos da la multiplicidad de miradas”, comenta Squella.

El partido del Presidente Kast ha descartado la posibilidad de crear una nueva coalición oficialista.

El rugido de libertarios

Las diferencias también se han extendido a la llamada batalla cultural, donde el Partido Nacional Libertario está constantemente soplándole la oreja a republicanos, los que lo deja en una incómoda posición ante su electorado más duro.

Un claro ejemplo del quiebre entre La Moneda y los sectores más conservadores fue el proyecto “Escucha su corazón”, moción parlamentaria que busca modificar el procedimiento previo al aborto permitido bajo las tres causales vigentes en nuestro país. La iniciativa, presentada en junio por diputados libertarios, algunos republicanos y algunos RN, generó diferencias incluso dentro del Ejecutivo, y la ministra de Salud, May Chomalí, cuestionó públicamente su fundamento, mientras la Segpres se mostró disponible a conversarlo.

Kaiser: “El egoísmo no puede ir tan lejos como para que se rechacen cosas que son buenas para Chile en razón de que provienen del Partido Nacional Libertario”.

Esta semana, su líder, Johannes Kaiser, volvió a subrayar que no se sienten parte del gobierno y anunció que no irán más a instancias de conversación con el Ejecutivo en las que estén las fuerzas oficialistas. ¿La razón? No dar la señal de que son uno de ellos.

“El egoísmo político no puede ir tan lejos como para que se rechacen cosas que son buenas para Chile en razón de que provienen solamente del Partido Nacional Libertario”, sentenció Kaiser, poniendo en duda el respaldo a La Moneda de sus ocho diputados, votos que han sido claves hasta ahora para La Moneda.

“El gobierno está en oposición a todo lo que podamos avanzar los nacional libertarios”, agregó la senadora Vanessa Kaiser.

Reacomodo de fuerzas y un esquema en entredicho

Lejos de ir acercando sus puntos de vista, las fuerzas se han ido reacomodando en dos bloques: un eje republicano-UDI y otro RN-Evópoli y sectores de Demócratas.

“Con el tiempo se van identificando dos ejes, pero que conviven bien, el primero más hacia el centro y el otro más hacia la derecha; en este último estamos nosotros, libertarios y la UDI”, dice Squella,quien valora el potencial que le da la “multiplicidad de miradas”.

Esta división ha ido echando por tierra, paulatinamente, el objetivo de Kast de representar el arco que se había articulado en torno al 62% que obtuvo el Rechazo en el plebiscito constitucional del 4 de septiembre de 2022, como lo planteó en su campaña de segunda vuelta.

“Hay dos mundos políticos y humanos muy distintos: Chile Vamos, que gobernó dos veces con Piñera, y republicanos, cuya forma de hacer política, básicamente, han sido tres campañas consecutivas y nunca habían gobernado”.

Luciano Cruz-Coke, presidente de Evópoli

El senador Matías Walker (Demócratas), por ejemplo, ha sido muy crítico con la conducción del gobierno en materia económica, de seguridad y su relación con el Parlamento. “Muchos estábamos desconcertados, porque pensábamos que con el nuevo gobierno iba a haber un auge de inversiones mucho mayor, pero acá no tenemos que sacarnos cuentas unos a otros, tenemos que trabajar todos juntos”, dijo esta semana.

En paralelo, cada vez son más los detractores del diseño político con el que Kast entró a La Moneda y que no incluye un rol relevante de los partidos. Este se lo adjudican al jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval -uno de los asesores más influyentes del Gobernante-, quien ha comentado varias veces a su entorno que no le gusta la política, porque la considera transaccional. En el oficialismo lo ven, incluso, con más poder e influencia que el biministro del Interior y la Segegob, Claudio Alvarado (UDI).

La actual directiva de la UDI, además, no ve a Alvarado como un fiel representante del partido, sino más bien como un secretario de Estado que encaja perfectamente en el esquema de Kast y hace bien su trabajo.

Pese a ello, y la escasa presencia del gremialismo en cargos relevantes del gobierno, el presidente saliente de la UDI, Guillermo Ramírez, ha buscado desde un comienzo que su colectividad aparezca como un socio disciplinado y confiable de Kast, diferenciándose de las críticas públicas de otros sectores de la derecha, pero sin renunciar a plantear reparos al gobierno.

Ello ha generado mucho ruido interno, sin embargo, la tienda de calle Suecia ha decidido esperar que la próxima directiva, que asume en 2027, encauce esta discusión. De ahí, que en Palacio exista preocupación ante la eventual llegada de Pablo Longueira a la secretaria general.

Un alto dirigente oficialista advierte, sin embargo, que el actual esquema de Kast comienza a crujir y que ya son varias las ocasiones en que los partidos han terminado por doblarle la mano al propio mandatario, partiendo, por cuando Kast empujó el nombre de Manuel José Ossandón como presidente del Senado para 2026, lo que no tuvo piso en las filas oficialistas.

Los cuestionamientos al diseño político del gobierno, agrega, se han convertido en un tema recurrente en las reuniones del comité político de los lunes en La Moneda. La sensación que cunde es que hay una fuerte diferencia de diagnóstico entre el círculo más cercano al mandatario y las colectividades que lo respaldan.

“Lo más grave es el diseño político del gobierno, con una doble estructura de poder, una formal y otra en las sombras, que es la que está primando, la que hoy manda, integrado por el presidente, sus asesores Alejandro Irarrázaval y Cristián Valenzuela, y los ministros Jorge Quiroz y Martín Arrau”, señala la excandidata de Chile Vamos Evelyn Matthei en una entrevista que se publica hoy en La Tercera.

Muchos dirigentes apuestan a que pronto se puede repetir un escenario parecido al del arranque del primer gobierno de Piñera. En esa oportunidad, el fallecido jefe de Estado acudió a un grupo de políticos con peso político para encauzar el rumbo de su administración.

Otros, en tanto, recuerdan el comienzo del gobierno de Gabriel Boric, que debutó con un gabinete de marcado sello frenteamplista y que, tras la dura derrota en el plebiscito constitucional, se vio obligado a reconfigurar, recurriendo a figuras históricas de la Concertación, el mismo sector que durante la campaña había cuestionado duramente.

Por ahora, sin embargo, no hay señales claras de un cambio del diseño político por parte de La Moneda, aunque crece la presión por nombrar a un vocero o vocera que ordene el tema comunicacional.

La disputa por protagonismo

Otro de los factores que han tensionado al oficialismo en los primeros meses de gobierno es la disputa por el protagonismo dentro del sector.

Mencionan polémicas declaraciones de los diputados republicanos Agustín Romero y Stephanie Jéldrez, y los RN Diego Schalper, Ximena Ossandón y Paulina Núñez, quien ha advertido que existe un “déficit político” en el gabinete y que se necesita un urgente cambio en ese equipo.

Aunque en la UDI comparten el fondo del llamado de la presidenta del Senado, han criticado la forma. “Cuando estás en el oficialismo, este tipo de declaraciones no es necesario hacerlas”, afirmó la diputada Constanza Hube (UDI), el martes, en el programa de streaming Desde la Redacción, de La Tercera.

En todo caso, la abogada constitucionalista, quien muchos dan como una pieza fija en la próxima directiva de la UDI -que se renueva a fin de año- respaldó el nombramiento de un portavoz de gobierno, señalando que el rol de Alvarado es “incompatible” con su cargo de vocero de La Moneda.

Este movimiento -la designación de un experimentado ministro de la Segegob- es la esperanza de muchos en el oficialismo para encauzar el rumbo y aquietar las aguas.