La verdadera política se construye desde las realidades más profundas de las personas. En momentos de definiciones sobre el futuro de nuestras comunidades, es indispensable recordar el verdadero propósito del servicio público. Tener un hogar es un derecho humano fundamental. La vivienda digna es la base para la seguridad, la salud y el desarrollo de cualquier familia.
Muchas mujeres son quienes sostienen y sacan adelante a sus familias, enfrentando solas el reto de proveer y cuidar. Para ellas, el acceso a una vivienda propia no es solo un patrimonio, es la certeza jurídica y emocional que necesitan. Un techo seguro las protege, empodera y se convierte en un escudo vital que previene que sean víctimas de violencia de género, al darles la independencia necesaria para salir de entornos de riesgo.
De la misma manera, este derecho debe abrazar con fuerza a nuestras personas adultas mayores, quienes merecen vivir esta etapa de su vida en paz y sin preocupaciones. Durante años, con su trabajo y sacrificio, construyeron nuestro país, hoy nos toca a nosotros construirles y garantizarles un lugar seguro donde vivan con absoluta tranquilidad y respeto a su bienestar.
Este derecho no puede ser tratado simplemente como un lujo o un negocio inaccesible. Cuando el mercado se impone sobre la necesidad social, el tejido de la comunidad se fractura. La gestión pública más efectiva es aquella que pone el bienestar humano en el centro, entendiendo que garantizar un lugar propio para cada generación es el primer paso para la paz social.
Juntas y juntos impulsemos comunidades seguras, justas y con vivienda digna para todas y todos.
Jennifer Islas. Política y conferencista.
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