El 7 de octubre marca una fecha especial en el calendario. Este mes, se cumple uno de los mayores hitos en la historia del deporte nacional: es el vigésimo aniversario del título planetario obtenido por las Marcianitas, en el Mundial de Hockey Patín que se desarrolló en Chile durante el 2006.
En aquella cita, Chile integraba el Grupo A, junto a Argentina, Reino Unido y Suiza. Al término de la primera fase, la escuadra nacional avanzó en la segunda posición, detrás de las transandinas, que les propinaron a las locales su única derrota en el torneo.
Por esta razón, el siguiente rival fue Colombia, que ganó su serie tras la descalificación de Brasil, al que superaron por un estrecho 3-2, ganándose el derecho de enfrentar en semifinales a Portugal, potencia europea. El partido con las lusas fue dramático, pero el marcador favoreció a las criollas, por 4-3. En la final, eso sí, el desenlace fue aún más agónico: con un gol de oro de Fernanda Urrea, derrotaron por 2-1 a España y se hicieron legendarias.
A dos décadas de aquel registro que está en los libros dorados (se trató del primer deporte colectivo en el que el país obtuvo un título del mundo), uno de sus protagonistas conversa con El Deportivo y evoca sus recuerdos del torneo. El entrenador Rodrigo Quintanilla (54 años), que a día de hoy se desempeña como profesor de educación física e impulsa diversos talleres de la disciplina en municipios, rememora la conquista de un equipo que contó con grandes mujeres deportistas.
¿Cuáles son sus recuerdos de la coronación en el Mundial?
Vivimos una semana mágica. Nosotros éramos un equipo que venía de ser décimo en el Mundial anterior, en Alemania, y nos asignaron la organización porque miraban que nuestra selección tenía algo interesante. Ahí empieza un sueño, de trabajar más que el resto. Buscamos esa cuota de trabajo y suerte, a nivel de cuerpo técnico, jugadoras y dirigentes. Para este grupo, que eran las Marcianitas, vivimos algo que era imposible de vivir en ese momento. Recuerdo que la prensa se acercó y eso era algo que no pasaba en el hockey femenino. Casi siempre la cobertura fue masculina, por la generación de los ‘80. El 7 de octubre se corona con el título del mundo, pero esa semana se generó un ambiente mágico en todos los niveles. Fue un sueño dorado competir por un título del mundo.
La atmósfera era especial...
Era una sinergia absoluta. Cuando Chile gana, el público se presenta en los estadios. En la semifinal y la final teníamos lleno absoluto, donde no cabía más gente. Tuvo que intervenir la policía porque la gente intentaba entrar y no podía. Nos tocó vivir algo especial, cerrando con un gol de oro como si fuera una película. Imagina que iban las dos hermanas en un contragolpe, lanza una y le queda el rebote a la otra. Fernanda Urrea le pega en el aire y hace el gol de oro, ahí hay un silencio y se viene abajo el gimnasio olímpico de San Miguel con la ovación. Fue como el último Grand Slam cuando ganó Zverev, que no se había dado cuenta que había salido campeón. Las chicas no se habían dado cuenta, porque tenían tal disciplina y concentración, que hacen el gol y se posicionan para defender. Se dieron cuenta cuando estalla la gente y se meten las compañeras y el cuerpo técnico a la cancha.
Fue algo histórico...
Fue el primer título mundial para el país en un deporte colectivo. En esa época se veían los deportes colectivos como un gasto, porque trae una sola medalla. Nosotros decíamos que era un inversión, basta con ver en la actualidad el rugby, el básquetbol, el vóleibol y el hockey césped. Nosotros hicimos que los deportes colectivos sean bien mirados. Esa generación hizo historia, porque pasaron de ser deportistas casi amateur a la élite del mundo.
¿Hay algún momento que recuerde con especial cariño?
Contra Portugal, sin lugar a dudas. Es como si Chile hubiese jugado contra Brasil en fútbol y fuese perdiendo 5-0. No habían chances de remontar. Nosotros íbamos perdiendo 3-1 y ellas eran una potencia. Nos hizo los tres goles una jugadora que se llamaba Neusa Pebre y los periodistas bromeaban con que nos iba a hacer pebre. Lo dimos vuelta con un 4-3 y sentíamos que las chicas podían ser campeonas. Estas señoritas creyeron que podían ser campeonas. Solo se perdió con Argentina en fase de grupos y a Colombia también le ganamos con gol de oro. Fue emocionante.
Desde lo emocional, ¿qué siente por la magnitud de lo alcanzado?
Con el pasar de los años, uno se emociona cada vez más. Te empiezas a dar cuenta de lo enorme que logramos, de alinear todo con cuerpo técnico, jugadoras, psicólogos deportivos, kinesiólogos, etc. La emoción que tengo solo se compara con el nacimiento de un hijo o lograr un título universitario. Uno lo ve tan lejano. Ahí surge el lema de “Nada es imposible”, porque las medallas de Nicolás Massú y Fernando González eran nuestra inspiración. Eso está en el corazón de las niñas.
Tras ese hito, ¿cómo ve el panorama actual de Chile en hockey patín?
En la actualidad estoy un poco frustrado con nuestra Federación de Patinaje. Creo que no están a la altura. En nuestra disciplina, cuando las cosas inician mal, siempre terminan mal. No hay procesos. Antes teníamos procesos de Sub 13 en el que llegaban formados a competir. A día de hoy, se celebra ir a un torneo, mientras que nosotros íbamos a competir.
¿Cree que es un logro difícil de repetir?
Que se vuelva a lograr algo como eso es factible en la medida que haya gente que sepa desarrollar y trabajar. Como se está trabajando hoy, es imposible.
Se avecina un nuevo Mundial. ¿Cuáles son sus proyecciones?
Les deseo lo mejor. Uno espera que siempre sea lo mejor para Chile, aunque veo con tristeza que no sigan los procesos con los que hubo resultados. Espero que esto no los salpique y puedan rendir al máximo, porque hay jugadores de talla mundial que se ven perjudicados dentro de la cancha por malas decisiones dirigenciales y administrativas.





