La morera y su fruto, la mora, se han consumido como alimento y utilizado en la medicina tradicional durante siglos.
Ahora, una revisión de investigadores de la Universidad Médica de Breslavia analizó si sus compuestos podrían modificar la microbiota intestinal y, a partir de ello, influir en el metabolismo.
El interés está principalmente en los compuestos bioactivos presentes en la planta, entre ellos polifenoles y polisacáridos.

“La microbiota intestinal no solo contribuye al funcionamiento del tracto gastrointestinal, sino que también puede influir en el metabolismo de todo el cuerpo”, explica Anna Prescha, profesora del Departamento de Dietética y Bromatología de la Universidad Médica de Breslavia.
“La mora es particularmente interesante en este sentido, ya que contiene numerosos compuestos bioactivos, incluidos polifenoles y polisacáridos, que pueden interactuar con los microorganismos intestinales”, añade.
Los efectos dependen de la parte de la planta
La revisión señala que no todas las moras ni todos los preparados de morera tienen la misma composición.
Las investigaciones se han concentrado principalmente en la morera blanca (Morus alba), aunque también existen resultados relevantes con la morera negra (Morus nigra), especialmente con su fruto.
Las hojas contienen sustancias como la 1-deoxinojirimicina (DNJ), asociada al metabolismo de los carbohidratos, además de polifenoles y polisacáridos. En tanto, el fruto de la morera negra es rico en antocianinas y otros compuestos fenólicos.
El procesamiento también puede modificar sus propiedades. El secado, la fermentación y los distintos métodos de extracción pueden cambiar tanto la cantidad como la proporción de los compuestos presentes.
¿Qué ocurre con la microbiota?
Los estudios revisados encontraron que algunos preparados elaborados con hojas y frutos de morera pueden modificar la composición y actividad de la microbiota intestinal.
En ciertos experimentos, esto se relacionó con cambios en bacterias beneficiosas y con una mayor producción de ácidos grasos de cadena corta, como acetato, propionato y butirato.
Estos compuestos son producidos por los microorganismos intestinales durante la fermentación de los alimentos y cumplen funciones importantes para el intestino.
En otros experimentos, los cambios también se asociaron con mejoras en parámetros relacionados con el metabolismo de la glucosa y los lípidos.
Sin embargo, los resultados no fueron iguales en todas las preparaciones. De hecho, las características de los compuestos y la manera en que fueron procesados parecieron influir en los resultados.
Entre las distintas técnicas de extracción estudiadas, las fracciones obtenidas mediante extracción con agua y con pectato liasa mostraron el mayor potencial prebiótico.

Resultados prometedores, pero todavía en animales
Uno de los resultados más llamativos se obtuvo en ratones alimentados con una dieta rica en grasas.
Una preparación que combinaba polifenoles y polisacáridos de morera blanca produjo cambios más favorables en la microbiota que cada componente por separado.
Además, cuando los investigadores transfirieron la microbiota de estos ratones a otros animales, los receptores también presentaron mejoras en algunos trastornos metabólicos.
Estos resultados sugieren que la microbiota podría participar en los efectos observados.
“Lo que importa no es solo la presencia de un compuesto individual, sino también la composición compleja de la preparación, las proporciones de sus componentes y sus interacciones”, señala Prescha.
Pero existe una importante limitación: todavía no hay estudios en humanos que hayan evaluado directamente cómo los preparados de morera afectan la microbiota intestinal.
“Los resultados disponibles son prometedores, pero en esta etapa no nos permiten determinar si las relaciones observadas en los modelos experimentales entre las preparaciones de mora, la microbiota y el metabolismo también se dan en los seres humanos”, advierte la investigadora.
Por ello, los autores plantean que serán necesarios ensayos para determinar si estos efectos pueden traducirse en beneficios concretos para la salud de las personas.




