Antes de empezar, partamos por el principio: en México los grupos aeroportuarios son empresas o consorcios encargados de administrar, operar y desarrollar redes de terminales aéreas, y en nuestro país operan 5 diferentes.
Dicho lo anterior, les cuento que a lo largo de la historia, las terminales aeroportuarias han ido mutando, y la mayor parte de las veces, de una manera discreta, casi silenciosa para el pasajero. Para ellos, al principio era un mero edificio de tránsito para tomar un vuelo, con los mostradores de las líneas aéreas, pero sin mayor infraestructura.
Por eso les cuesta trabajo creer que hoy por hoy los aeropuertos son verdaderas ciudades en miniatura, diseñadas para proporcionar a los pasajeros todo tipo de experiencias y servicios.
En los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado, los edificios terminales de los aeropuertos se planeaban para la atención a los viajeros, para ello no se requería más que dividir en tres partes a la terminal aérea: la zona de mostradores, sala de última espera y la plataforma de embarque y desembarque de los aviones, que hacían por medio de escalerillas mecánicas móviles.
En los años ochenta del siglo XX, derivado de los cambios en los protocolos de seguridad aérea, se fueron modificando las áreas de los aeropuertos; sin embargo la visión siguió siendo atender a los pasajeros solo en su tránsito momentáneo; tal vez uno que otro local comercial, y párenle de contar.
En la actualidad las terminales aeroportuarias, además de servir para tomar un vuelo, son espacios que se adecuan a la vida de los pasajeros, y por eso es importantísimo hacerlo con perspectiva de género.
A veces, cuando abordo estos temas de género, los lectores no saben a qué me refiero exactamente; por eso preciso explicar que es vital la mirada femenina sobre el funcionamiento de una terminal aérea; y sin que sea reclamo, ni mucho menos ganas de polemizar, debo decir que muchas veces los hombres dan por sentado un montón de cosas, y pierden de vista que las mujeres -en diferentes etapas de nuestra vida- requerimos de una atención especial.

Por ejemplo, el caso de las madres que están lactando. No es común (y ojo, nunca dije que fuera imposible) que un hombre, a la hora de planear, diseñar, presupuestar y ejecutar un proyecto, piense en reservar un lugar especial donde una mamá que viaja con su bebé pueda lactar y no tenga que andar buscando e improvisando para “no incomodar” a los demás pasajeros.
Por esta razón hoy quiero hablarles de los logros que ya existen en dicha materia por parte de Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP). Porque para ellos es importante que los pasajeros tengan la mejor experiencia dentro de sus instalaciones, que los viajes sean más incluyentes y que permitan a los usuarios una mayor comodidad durante la espera de sus vuelos.
Entre sus cuatro aeropuertos principales, como son Guadalajara, Puerto Vallarta, Tijuana y Los Cabos, GAP tiene distribuidas ocho cabinas de lactancia, a razón de dos cabinas por terminal aérea.
Están acondicionadas para que las madres que estén en la etapa de lactancia puedan alimentar a sus bebés de la forma más cómoda posible; también para aquellas que viajan y requieren extraerse la leche materna, lo hagan en un lugar higiénico, cómodo, pero sobre todo privado.
De verdad, yo hubiera agradecido como no tienen una idea que en 2009 existieran este tipo de salas en el aeropuerto chilango. Ese año, como representante sindical de los sobrecargos, me la pasé en “el bunker” de Aeroméxico en infinitas juntas particulares de mi sindicato, y como no podía ingresar con mi bebé, tenía que sacarme la leche, de pie en el baño, con un lavabo como mesa de apoyo; la experiencia fue horrible.
Así que estos “detalles”, que pueden parecer nimios, en realidad son la diferencia de estar del infierno y pasar al cielo. Hoy, en los aeropuertos administrados por GAP el acceso a estos módulos de lactancia son gratuitos, se le asigna un código a la usuaria, y el espacio cuenta con un seguro que impide el acceso mientras está siendo ocupado. Las cabinas están especialmente diseñadas para tener ese espacio de privacidad.
Además, el compromiso de GAP no solamente se queda ahí, sino que se extiende a otros seis aeropuertos que cuentan con una red de baños familiares, equipados para diferentes situaciones: desde cambiar el pañal de un bebé, llevarlo al baño sin tener que incomodar a nadie, o para aquellos que están en el proceso de control de esfínteres y dejando el pañal (potty training).
Y es que, quien ha tenido niños pequeños no me dejará mentir, ¡todo puede suceder! Yo, además de criar a mis hijas, también fui guía scout, y en su momento me tocó hacer uso de los baños con las niñas chiquitas a mi cuidado, y sé el caos que los críos pueden hacer en cualquier lugar.
El Aeropuerto de Manzanillo (ZLO) cuenta con un “Baby Room”, diseñado con mucho cuidado; de verdad se ve precioso, pero más allá de lo estético, es de destacarse su funcionalidad, pues cuenta con lugar para sentarse, cambiador e incluso con un microondas, por aquello de que se requiera esterilizar la mamila o el sacaleche.
La existencia de estos espacios es gracias a una visión de género que piensa en las necesidades con las que cuentan las pasajeras (principalmente) que están al cuidado de menores de edad, así como de sus familias. Porque al final, mientras se espera un vuelo, nada mejor que tener instalaciones que te arropen en una de las etapas más bonitas y complicadas, como lo es la lactancia materna.
Y hay que decirlo, si de esa forma se ayuda a que nuestro país eleve los números que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda para una lactancia exitosa, y se logra que además sea respetuosa, con espacios en los que se tenga la privacidad para ejercerla, es un ganar-ganar. Por eso los aeropuertos tienen un potencial enorme y son un lugar clave para que no se interrumpa la lactancia materna, siempre en espacios cómodos, privados e higiénicos.
Por eso GAP se preocupa en brindar a los pasajeros esta nueva experiencia con cabinas de lactancia, baños familiares y el “Baby Room”, viendo a la terminal aérea como un todo integral e incluyente.
Y no es un mero discurso; las cifras lo confirman; de los que administra GAP, 1 de cada 3 aeropuertos es gestionado por una mujer: Guanajuato, Los Mochis, La Paz y Manzanillo tienen como directora a una mujer. Todas ellas cuentan con una amplia trayectoria dentro de la industria aeronáutica y de servicio aeroportuario en nuestro país.

Así que mis más sinceras felicitaciones a Jessica Paola Olivo, del Aeropuerto del Bajío en Guanajuato (BJX); Acela Barboza Rivera, del Aeropuerto de los Mochis en Sinaloa (LMM); Blanca Sarahí Castro Araiza, del Aeropuerto de La Paz en Baja California Sur (LAP); y Cristina Calvo Ugalde, del Aeropuerto de Manzanillo en Colima (ZLO).
Felicitamos enormemente a GAP porque busca la mejora en la experiencia del viajero, y van más allá cuidando “detalles”, como que las familias durante su estancia aeroportuaria tengan accesibilidad, comodidad y privacidad. GAP deja muy en claro que coloca al pasajero en el centro, y que busca su satisfacción garantizando la inclusión con visión de género. Así como cumple con darle a las mujeres cargos de dirección, porque queda claro que saben hacer las cosas bien, más que bien y a las pruebas, me remito.





